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CC.OO. Asepeyo

Diez mitos sobre la polémica de la conciliación de la vida laboral


En el debate sobre la conciliaci√≥n de la vida laboral y familiar hay ideas atractivas pero enga√Īosas. Este es el punto de vista del soci√≥logo John MacInnes (1978), profesor en la Universidad de Edimburgo y de la Aut√≥noma de Barcelona, y experto en temas de masculinidad, g√©nero y vida laboral.


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En un art√≠culo, publicado en la revista Cuaderno de Relaciones Laborales (vol. 23, n¬ļ1, 2005), analizaba con ojo cr√≠tico diez de estos ¬ďmitos¬Ē. Nos hemos tomado la libertad de realizar una s√≠ntesis a brocha gorda, para reflexi√≥n de nuestros lectores.

1. El aumento de la jornada laboral penaliza la vida familiar

Ello es cierto para diversos grupos de trabajadores, como los que tienen contratos precarios, los jóvenes y, desde luego, las mujeres. No hay que olvidar sin embargo, que en Europa la jornada laboral media de los hombres se ha reducido desde 1970 en un 17%.

2. El trabajo se ha intensificado

Un 29% de los trabajadores espa√Īoles hombres y un 35% de las mujeres afirman llegar ¬ďdemasiado cansados del trabajo para hacer las tareas de casa¬Ē. La media europea es de 19% y 23% respectivamente.

3. El aumento del empleo femenino origina una baja fecundidad

La fecundidad en Espa√Īa se ha reducido en m√°s de un 50% durante las tres √ļltimas d√©cadas. Trabajar fuera de casa dificulta el cuidado de los hijos y, por tanto, reduce las posibilidades de tenerlos. Parece l√≥gico, pero no siempre es as√≠. En Suecia conviven altas tasas de empleo femenino con una fecundidad igualmente elevada.

4. Cada vez hay m√°s madres que trabajan

Actualmente hay alrededor de 2.400.000 madres trabajadoras en Espa√Īa, 700.000 m√°s que hace veinticinco a√Īos, aunque proporcionalmente el empleo femenino ha crecido m√°s en las mujeres sin hijos que en las madres. En 1977 el 50% de las mujeres trabajadoras eran madres, mientras que en 2002 el porcentaje ha bajado al 39%.

5. Los hombres no suelen hacer tareas domésticas

Esto es indiscutible. En Espa√Īa los hombres se dedican mucho menos que las mujeres a la casa y los hijos. Pero estamos justo en la media europea en cuanto a reparto de tareas, por delante de Francia o Alemania.

6. La gente no puede permitirse tener m√°s hijos

A pesar del aumento del nivel de vida, el coste econ√≥mico, junto con las dificultades profesionales, son las dos razones principales que citan las mujeres para no tener hijos (CIS, 2004). Pero tambi√©n dicen los soci√≥logos que hay una nueva mentalidad sobre el ¬ďcrecimiento personal¬Ē cada vez m√°s alejada de las obligaciones tradicionales, entre ellas, las derivadas de tener hijos.

7. A más gasto en políticas familiares, mayor fecundidad

En Suecia el 17% del gasto social va destinado a pol√≠ticas de apoyo a las familias, en Espa√Īa el 2%. Las tasas de fecundidad ¬ďm√°s bajas entre las bajas¬Ē suelen corresponder a los estados con menos ayudas p√ļblicas a la familia. Sin embargo, EEUU invierte m√°s bien poco en estas pol√≠ticas y su tasa de fecundidad supera a la de cualquier pa√≠s europeo.

8. Los padres y madres son los m√°s interesados en conciliar la vida laboral y familiar

Diversos estudios muestran que el deseo de reducir o reprogramar la vida laboral no tiene mucho que ver con las obligaciones y circunstancias familiares. Seg√ļn el Eurobar√≥metro de 1996, hasta un 11% de los hombres y un 14% de las mujeres estar√≠an dispuestos a trabajar menos horas con una reducci√≥n de sueldo proporcional.

9. A los empresarios les interesa la conciliación de la vida laboral y familiar

Parece excesivo. A cualquier empleador siempre le interesar√° evitar cargar con los costes del cuidado de los hijos. Los trabajadores con obligaciones familiares no pueden competir en igualdad de condiciones con los que no las tienen, especialmente al inicio de su trayectoria profesional o ante exigencias de movilidad geogr√°fica o de disponibilidad horaria.

10. El envejecimiento y la disminución de la población pueden acabar con el Estado de Bienestar

No es el envejecimiento de la población lo que mina la estabilidad fiscal del estado, sino las promesas irresponsables sobre reducciones de impuestos. Es más, si se consigue que las vidas más largas sean también más saludables, no necesariamente habrá que gastar más en servicios sanitarios y sociales.

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