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28 de Abril, Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

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28 de Abril, Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo


La seguridad laboral sigue siendo una asignatura pendiente para muchas empresas y sectores


Este artículo se publicó originalmente en PAIS VALENCIANO (Servicios CCOO País Valencià) ,

En 2026 se han cumplido 30 años de la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Una ley que en sus días modernizó el marco legal de la salud y la seguridad en el trabajo en España y que logró excelentes frutos, con un descenso significativo de los accidentes mortales de trabajo durante los primeros años.

En el año 2003, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) declaró como Día Mundial de la Seguridad y Salud en el trabajo el día 28 de abril. Con ello pretendía visibilizar la prevención de riesgos desde su origen, para fomentar una cultura preventiva real. 

Pero hemos de ser conscientes de que la realidad del mundo del trabajo en la actualidad difiere mucho de lo que existía en aquellos momentos. Los avances en la digitalización, las consecuencias del cambio climático, el aumento de la presencia de las mujeres en el mundo del trabajo y en ocupaciones anteriormente reservadas en exclusiva a los hombres, el envejecimiento de la población trabajadora,… han provocado que las condiciones de trabajo frente a las que nos encontramos sean diferentes, y en consecuencia los riesgos a los que debemos hacer frente también son distintos. 

Los accidentes de trabajo se han reducido, tanto en números absolutos como en índices de incidencia durante el último año, pero 735 muertes causadas por accidentes de trabajo en 2025 siguen siendo inaceptables. Y es por este motivo por el que hay que seguir exigiendo que la prevención de riesgos laborales esté entre las prioridades organizativas de todas las empresas, algo que aún hoy no se ha conseguido.

Los problemas relacionados con la salud mental se han convertido en una nueva pandemia silenciosa en la que factores relacionados con la organización del trabajo están influyendo de manera inequívoca en la aparición de estrés, ansiedad y depresión, sin que nadie parezca querer hacer nada por evitarlo. Riesgos laborales psicosociales como los incrementos en las cargas y en los ritmos de trabajo derivados de introducción de nuevas tecnologías, la prolongación de las jornadas de trabajo, las horas extras no remuneradas, el bajo control sobre el trabajo o la imposibilidad de conciliar trabajo y vida personal, están detrás del aumento de las bajas por trastornos mentales.

Estos desórdenes mentales no se notifican como accidentes de trabajo porque no forman parte del cuadro de enfermedades profesionales en vigor en nuestro país. Este listado debe ser actualizado para incluir las enfermedades mentales ocasionadas por el trabajo, ya que de otro modo quedan invisibilizadas. Y lo que no se conoce, a efectos preventivos, no existe, por lo que no se evita.

Por tanto, las personas tienen que acudir al sistema público de salud para obtener un diagnóstico y un tratamiento que mejore su salud mental. Esto, consecuentemente, tiene dos problemas de partida:

- se incrementa la saturación del ya de por sí saturado sistema público de salud.

- Una vez que la persona está recuperada y vuelve al trabajo, al no haberse implantado medidas preventivas para que su salud mental no se vea perjudicada, puede volver a recaer en la misma patología que ya padeció, porque en su trabajo (que en muchas ocasiones es el origen de su patología) nada ha cambiado.

Además de todos los cambios que han sufrido las condiciones de trabajo en los últimos años, no podemos olvidarnos del cambio climático que, a pesar de que determinadas corrientes políticas extremas lo sigan negando, es una evidencia demostrada científicamente. Y ese cambio climático ya se está dejando ver en nuestro día a día. Sequías prolongadas, lluvias torrenciales, olas de calor extremas mucho más frecuentes y cada vez de mayor duración, fenómenos de frío polar o vientos huracanados,… son solo algunas de las pruebas que la naturaleza nos ofrece para demostrar su fuerza.

Esas condiciones climáticas afectan de forma directa en los puestos de trabajo. Y para evitar que produzcan riesgos irremediables en la vida de las personas trabajadoras, la normativa se ha actualizado mediante la modificación del Estatuto de las Personas Trabajadoras (EPT) con la inclusión del apartado g en el art 37.3, que reconoce un permiso retribuido de hasta 4 días de ausencia por riesgo grave provocado por catástrofes o fenómeno meteorológico adverso. Igualmente se ha recogido en el art 85.1 EPT la obligación de las empresas de negociar un protocolo de actuación frente a estas situaciones extremas.

La afectación que puede tener el cambio climático en los sectores de la Federación de Servicios de CCOO se manifiesta de forma clara y contundente con los fenómenos de calor extremos, que afectan a muchas de las funciones a desarrollar en empresas tan dispares como puede ser la hostelería, una consultoría de ingeniería energética o comercio.

Personal de mantenimiento y limpieza, en cocinas, de servicio en terrazas de hostelería, de recepción, carga y descarga en almacenes, repartidores,… Existen multitud de empleos en nuestra federación que tienen características muy diferentes entre ellos, pero todos tienen una cosa en común: el calor puede afectar a su seguridad mientras realizan su trabajo. Son trabajos al aire libre, o que combinan interior y exterior, algunos con focos de calor propio que se une al calor ambiental.

Otro dato a tener en cuenta para evitar problemas provocados por las situaciones de calor extremo, es que muchas de las profesiones que están directamente afectadas por este fenómeno son trabajos precarizados, con horarios y turnos cambiantes, que tienen condiciones laborales que distan mucho de ser las idóneas, y que en muchos casos están desempeñados por mujeres. Mujeres que no han visto sus puestos correctamente evaluados, por considerar “medidas estándar” (considerando como estándar el cuerpo masculino), por lo que no se hace una adecuación correcta para sus diferencias biológicas específicas.

La obligación de las empresas es prevenir todos los riesgos que puedan existir en cada puesto de trabajo, pero no siempre se tienen en cuenta los efectos de la temperatura extrema, y casi nunca se considera si el trabajo lo realiza una mujer o un hombre, por lo que no te ponen las medidas adecuadas para evitar daños en la salud de las personas que los realizan.

Frente a esta realidad, la respuesta de las organizaciones empresariales insiste en un enfoque erróneo y falto de toda sensibilidad hacia las personas trabajadoras, acusando a las personas que enferman del incremento de las bajas laborales, y su única propuesta es la reducción de derechos, obviando que las dolencias aparecen por ausencia preventiva y por unas condiciones laborales que no se adecúan en función de las necesidades reales.

Desde la Federación de Servicios de CCOO tenemos el convencimiento de que ir a trabajar no puede suponer sufrir una enfermedad, ni ver deteriorada la salud por un ahorro de costes empresariales. Por ello, el 28 de abril, es un día para concienciar de que la prevención es la mejor herramienta para salvaguardar la salud de las personas trabajadoras.