en Rel-UITA con Vicente López y Pedro J. Linares

Trabajar, enfermar y callar. Reforma laboral, enfermedad y mordaza


Gerardo Iglesias - Rel_UITA. Con el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) de Comisiones Obreras, nos une una relación de muchos años. Lo conocimos a dos años de su fundación en 1998, cuando junto a Jorge Riechmann recorrimos varias ciudades españolas para denunciar el avance de los transgénicos en América Latina. Con ISTAS nos empoderamos de la pandemia de las lesiones por esfuerzos repetitivos.



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El Instituto, además, nos acompañó en el primer Taller sobre Turismo y Hotelería “Una mirada desde la Salud y el Trabajo Decente”, realizado en 2009 en coordinación con la UTHGRA. En nuestra última visita a Madrid entrevistamos a sus directores Vicente López y Pedro Linares, abordando el nuevo paradigma de las condiciones de trabajo y salud luego de la reforma laboral en España.

-La agresión al marco legal, ¿se tradujo también en mayores riesgos para la seguridad y salud laboral en el trabajo?
PL– Sí, produjo una destrucción de los mecanismos de control y de participación de los trabajadores y otorgó a los empresarios mejores condiciones para actuar de manera unilateral.

Disminuyeron además las posibilidades de llegar a convenios favorables a los intereses de los trabajadores y trabajadoras, y hoy prevalecen los convenios por empresa sobre los convenios por ramas de actividad. Esos factores han destruido la negociación colectiva.

Por otro lado la reforma facilitó la desestructuración del mercado de trabajo, promoviendo la individualización de las relaciones laborales y las externalizaciones.

VL- Hoy, uno de cada dos trabajadores españoles está en situación precaria.
El temor a la pérdida del empleo y el convencimiento que si pierde el trabajo el próximo será peor, instala esa precariedad en las cabezas de los trabajadores y trabajadoras.

PL- Aproximadamente el 35 por ciento de los contratos laborales que se realizan en España tienen una vigencia menor a un mes.
Eso da como resultado que los trabajadores ni siquiera puedan aprender bien su tarea, lo que aumenta los riesgos sanitarios.

El único que sale ganando es el empresario, que mejora su cuota de resultados.

-Hay una tendencia al alza de la siniestralidad…
VL- Sí, hay un repunte muy claro de la siniestralidad en el ámbito laboral.

En un país en que son tan numerosos los contratos por un día, dos días, o incluso por unas horas la formación pasa a ser prácticamente inexistente.

El aumento de los daños a la salud de la clase trabajadora debido al deterioro de las condiciones laborales, a la precariedad y al desgaste de las políticas públicas activas en materia de prevención son un problema de salud pública de primer orden en España.

-Y la gente sufre en silencio, cómo sentencia Christophe Dejours*…

PL-Sí, estamos en un período de baja de la protesta, pero se producen reacciones de todas maneras.

El 8 de marzo se dio una reacción bien masiva, y no creemos que haya obedecido principalmente a reclamos de género. El paro de las mujeres de ese día expresó un malestar social mucho más generalizado.

El reparto desigual de los ingresos y de los esfuerzos está provocando reacciones de indignación.

Por un lado tenemos al gobierno y a los empresarios clamando que se ha salido de la crisis y que la economía está nuevamente creciendo, y por otro vemos que los salarios caen, que las condiciones laborales empeoran, que se generalizan los contratos basura.

Eso produce una indignación que por ahora, es cierto, no se ha canalizado masivamente.

VL-Una de las cosas más dramáticas de este período es que la ruptura del sujeto colectivo ha hecho que la solidaridad entre compañeros también se esté perdiendo.

Cada uno se mueve por sí solo.

PL-La gente tiene que aceptar malas condiciones laborales, no descansa, se la pasa trabajando y mal.

Protesta en silencio, y ese silencio enferma.


*Christophe Dejours es un médico francés, especialista en medicina del trabajo, psiquiatría y psicosomática.

Foto: Ramón Baeza

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