Archivado en Condiciones de trabajo

Presión y estrés en la banca

Joan Sierra Fatjo Secretario general de la Agrupación del Sector Financiero de CCOO

La digitalización y otros retos para el sector financiero

La reestructuración llevada a cabo en el periodo 2008-2017 por el sector financiero, conformado por los Bancos, las antiguas Cajas de Ahorro  -hoy todas convertidas en bancos, excepto dos de tamaño muy reducido- y las Cooperativas de Crédito (Cajas Rurales), se ha llevado por delante 83.405 puestos de trabajo, un 31% del total.


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Si tenemos en cuenta que a 31 de di­ciembre de 2008, el sector empleaba a una plantilla de 270.855 personas, tras esta demoledora pérdida de puestos de trabajo, a 31 de diciembre de 2017 esta cifra se ha reducido hasta las 187.450 personas empleadas.

Pero el proceso de concentración y lo que los bancos denominan ?reducción de la capacidad instalada? aún no ha termi­nado. De hecho está en marcha la ejecu­ción de diversos ERES (Santander-Popular, Bankia, Ibercaja, Liberbank y EVO Banco) que van a suponer la salida durante el año 2018 de, al menos, 3.000 personas más.

Y aunque, sobre todo por la desaparición de las cajas de ahorro, se ha reducido os­tensiblemente el número de entidades, todavía algunas de ellas ?las que depen­den principalmente del negocio tradicio­nal- podrían ver en peligro su continui­dad en solitario por un entorno general de baja rentabilidad del negocio bancario motivado por la falta de capacidad para generar mayores ingresos que compensen los bajos tipos de interés -que están prác­ticamente al 0%-, y porque, además, ya se agotó el recorrido de la posible reducción de los costes financieros así como de la enajenación de activos.

La digitalización: nuevo frente de preocupación para el empleo

Y cuando aún no ha concluido el ajuste en el sector, se abre un nuevo frente; lo que se ha denominado como ?digitalización?, que además de precisar de unas cuantiosas inversiones para su implanta­ción, supone un cambio sin precedentes que afecta a la relación con la clientela, la irrupción de una competencia que rompe los esquemas que hasta ahora regían en la banca y que va a tener ?lo está teniendo ya- importantes efectos en la organiza­ción del trabajo.

Y aunque pensemos que la digitalización lo que más va a cambiar es la manera de trabajar, no es descartable que pueda tener una incidencia nega­tiva en el empleo. Para encarar todo esto, contamos con un modelo de negociación colectiva del sec­tor financiero, con el nudo troncal que son los convenios sectoriales de Banca, Ahorro y Cooperativas de Crédito, que nos ha servido de colchón para amortiguar en parte el golpe puesto que, de forma mayoritaria y sin obviar lo dolorosa que ha sido la reestructuración en el sector, hemos podido afrontarla de manera or­denada y negociada y, aunque no ha es­tado exenta de fuertes tensiones, se han evitado en gran medida los aspectos más traumáticos para las plantillas.

Aunque pensemos que la digitalización lo que más va a cambiar es la manera de trabajar, no es descartable que pueda tener una incidencia nega­tiva en el empleo

Pero este proceso de ajuste drástico, tam­bién ha ido acompañado en paralelo de una pérdida total de la reputación de la banca en general. Y aunque no todas las direcciones de las entidades hayan actua­do de la misma manera ?con malas prác­ticas, en ocasiones delictivas-, el manto de desprestigio se ha cernido injustamen­te sobre la profesión, sin distinguir a los verdaderos responsables.

Y es que las plantillas del sector financiero llevan años en el ojo del huracán, dando la cara ante una indignada clientela para responder por las decisiones tomadas por las direcciones de algunas entidades, y de las que las trabajadoras y los trabajadores no son en absoluto responsables.

Por ello, CCOO hemos propuesto el esta­blecimiento de códigos deontológicos de la profesión ?incorporando artículos al respecto en el Convenio de Banca y en el de Cooperativas de Crédito? porque, aunque la conducta profesional de las plantillas ha sido y sigue siendo intacha­ble, éstas no disponen de mecanismos para denunciar las presiones por parte de determinados superiores sin que ello su­ponga poner en riesgo el propio puesto de trabajo.

Pero no se acaban aquí los efectos del ajuste bancario. También se producen consecuencias para la ciudadanía en todo este proceso, porque nos encaminamos hacía un oligopolio, es decir, unas pocas y grandes entidades que se reparten la ma­yor parte del mercado y del negocio, lo que conlleva un menor grado de compe­tencia y también una creciente exclusión financiera de una parte de la población, sobre todo en zonas rurales, puesto que el proceso de reestructuración lleva apa­rejado, además, un cierre masivo de ofici­nas (18.342 en el periodo 2008-2017, un 40%).

Es por esto que CCOO, además de incidir mediante la negociación colectiva o la movilización, si es necesario, en los cam­bios organizativos que puedan derivarse de la digitalización y seguir defendiendo un empleo estable y de calidad para las plantillas del sector financiero, vamos a contribuir y a defender que sea realmente efectivo el derecho de cualquier ciudada­no o ciudadana al acceso a los servicios financieros

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