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España envejece


Durante el siglo XX los países europeos, entre ellos España, alcanzaron dos logros importantes: la esperanza de vida de su población creció de modo espectacular y se logró un óptimo nivel de cobertura social -sanidad y pensiones-. Ahora la conjunción de ambos parece suponer un importante riesgo para los paises afectados.


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Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer (Presidente del consejo asesor de PAP Tecnos y ex presidente de la SEPI) (19-04-2005)
Durante el siglo XX los países europeos, entre ellos España, alcanzaron dos logros importantes: la esperanza de vida de su población creció de modo espectacular y se logró un óptimo nivel de cobertura social -sanidad y pensiones-.
Cada uno de los dos factores citados significa individualmente un paso adelante de especial importancia en la senda del bienestar individual y colectivo. Sin embargo, la conjunción de ambos representa un importante riesgo para los países afectados, toda vez que el aumento exponencial del gasto público vinculado hace peligrar el mantenimiento del sistema y consecuentemente los logros alcanzados.
Dado que no resulta fácilmente asumible renunciar a lo que representa el llamado Estado del bienestar, el factor que debe analizarse -a fin de actuar sobre él- es el envejecimiento de la población. El indicador que suele utilizarse para medirlo es la proporción de la población que supera los 65 años.
Según datos publicados en OCDE Factbook 2005 en el pasado mes de marzo, en los 15 países de la UE previa a la ampliación (UE-15) la población mayor de 65 años es el 17,2%. El dato supera con amplitud el ofrecido por el conjunto de la OCDE (13,8%), y más todavía el 12,6% correspondiente a EE UU. Es evidente que no sólo por el volumen del gasto público afectado, pero sí especialmente por él, la comparación de los datos expuestos revela la existencia de una desventaja comparativa para los países europeos.
Esta desventaja presenta además una lectura aún más pesimista si se observa con perspectiva dinámica. En efecto, en tanto que EE UU viene manteniendo estable su tasa de envejecimiento -era 12,5% en 1990 y es 12,6% en 2005-, por el contrario en los países UE-15 crece de modo preocupante, dado que en estos 15 años ha aumentado un 27% -era el 13,6% y es el 17,3%-. En síntesis, la población de los países europeos, y la de España con ellos, se diferencia de la de EE UU por estar más envejecida, y la diferencia además es creciente.
El estudio de la OCDE incorpora la proyección de la citada tasa a corto y a medio plazo, ofreciendo estimaciones relativas a 2010, 2015 y 2020, que siguen siendo ciertamente preocupantes. En la UE-15, la población mayor de 65 años crecerá hasta alcanzar el 20,7% del total. Además, se mantendrán los diferenciales entre estos países y el conjunto de la OCDE (17, 7%), y entre estos países y EE UU (16,5%).
Entre los países de la UE-15, España se encuentra en una posición intermedia, tanto en lo que se refiere a los datos reales de 2005 (17,3%) como en lo relativo a los estimados para 2020 (19,7%). Sus datos indican que dispone de una población más envejecida que Dinamarca, Francia o Reino Unido (y así seguirá dentro de 15 años), en tanto que la población española tiene menor tasa de envejecimiento que Alemania, Suecia o Italia (lo que se mantendrá en 2020).
La OCDE no realiza proyecciones más allá del citado 2020, pero el estudio Portrait of the European Union efectuado por Eurostat ofrece el dato referente a la población menor de 15 años, lo que es un primer indicador sobre el escenario que puede darse a largo plazo. Los datos de Eurostat revelan que, junto con Italia, España tiene de entre todos los países de la OCDE el menor porcentaje de menores entre su población, existiendo además diferencias significativas. Los menores de 15 años representan un 14,5% de la población española, mientras que son un 16,6% en el conjunto de la UE. Las diferencias son notables respecto a casi todos los países: el citado 14,5% en España frente al 17,4% en Bélgica, el 18% en Suecia, el 18,7% en Francia, el 18,8% en Dinamarca, el 18,9% en el Reino y el 21% en Irlanda.
La situación que presentan los países europeos, y especialmente España, constituye objetivamente una amenaza preocupante no sólo por el gasto público afectado, pero también por él. Esta amenaza pone incluso en peligro el mantenimiento en el largo plazo de nuestra posición relativa en la economía mundial.
Es necesario invertir la actual tendencia de envejecimiento de la población española, lo que exige políticas públicas de largo plazo y sostenidas en el tiempo. La alternancia de los Gobiernos y de los partidos que los sustentan que caracteriza a los modelos democráticos, obliga a que dichas políticas sean adoptadas con apoyos políticos y sociales amplios, y a que no sean cuestionadas tras los cambios de Gobierno. En este sentido y lamentablemente para nosotros, la realidad española es poco edificante, siendo muy escasas las experiencias de 'políticas de Estado' que hemos sido capaces de aplicar.