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Nuestro peque√Īo homenaje a Neruda

Homenaje a Neruda


No podiamos ser menos y aqui esta nuestra peque√Īa aportaci√≥n a Neruda de la mano de nuestra compa√Īera Celia


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Selección realizada por Celia Merino

Sección Sindical de Fraternidad-Muprespa.

SS_CCOO@fraternidad.com

Fraternidad@comfia.ccoo.es

https://www.ccoo-servicios.es/fraternidad






ODA AL D√ćA FELIZ

ESTA vez dejadme

ser feliz,

nada ha pasado a nadie,

no estoy en parte alguna,

sucede solamente

que soy feliz

por los cuatro costados

del corazón, andando,

durmiendo o escribiendo.

Qué voy a hacerle, soy

feliz.

Soy m√°s innumerable

que el pasto

en las praderas,

siento la piel como un √°rbol rugoso

y el agua abajo,

los p√°jaros arriba,

el mar como un anillo

en mi cintura,

hecha de pan y piedra la tierra

el aire canta como una guitarra.

T√ļ a mi lado en la arena

eres arena,

t√ļ cantas y eres canto,

el mundo

es hoy mi alma,

canto y arena,

el mundo

es hoy tu boca,

dejadme

en tu boca y en la arena

ser feliz,

ser feliz porque si, porque respiro

y porque t√ļ respiras,

ser feliz porque toco

tu rodilla

y es como si tocara

la piel azul del cielo

y su frescura.

Hoy dejadme

a mí solo

ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz

con el pasto

y la arena,

ser feliz

con el aire y la tierra,

ser feliz,

contigo, con tu boca,

ser feliz.

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ODA A LA ALEGR√ćA

ALEGR√ćA

hoja verde

caída en la ventana,

min√ļscula

claridad

recién nacida,

elefante sonoro,

deslumbrante

moneda,

a veces

r√°faga quebradiza,

pero

m√°s bien

pan permanente,

esperanza cumplida,

deber desarrollado.

Te desde√Ī√©, alegr√≠a.

Fui mal aconsejado.

La luna

me llevó por sus caminos.

Los antiguos poetas

me prestaron anteojos

y junto a cada cosa

un nimbo oscuro

puse,

sobre la flor una corona negra,

sobre la boca amada

un triste beso.

A√ļn es temprano.

Déjame arrepentirme.

Pensé que solamente

si quemaba

mi corazón

la zarza del tormento,

si mojaba la lluvia

mi vestido

en la comarca c√°rdena del luto,

si cerraba

los ojos a la rosa

y tocaba la herida,

si compartía todos los dolores,

yo ayudaba a los hombres.

No fui justo.

Equivoqué mis pasos

y hoy te llamo, alegría.

Como la tierra

eres

necesaria.

Como el fuego

sustentas

los hogares.

Como el pan

eres pura.

Como el agua de un río

eres sonora.

Como una abeja

repartes miel volando.

Alegría,

fui un joven taciturno,

hallé tu cabellera

escandalosa.

No era verdad, lo supe

cuando en mi pecho

desató su cascada.

Hoy, alegría,

encontrada en la calle,

lejos de todo libro,

acomp√°√Īame:

contigo

quiero ir de casa en casa,

quiero ir de pueblo en pueblo,

de bandera en bandera.

No eres para mí solo.

A las islas iremos,

a los mares.

A las minas iremos,

a los bosques.

No s√≥lo le√Īadores solitarios,

pobres lavanderas

o erizados, augustos

picapedreros,

me van a recibir con tus racimos,

sino los congregados,

los reunidos,

los sindicatos de mar o madera,

los valientes muchachos

en su lucha.

Contigo por el mundo!

Con mi canto!

Con el vuelo entreabierto

de la estrella,

y con el regocijo

de la espuma!

Voy a cumplir con todos

porque debo

a todos mi alegría.

No se sorprenda nadie porque quiero

entregar a los hombres

los dones de la tierra,

porque aprendí luchando

que es mi deber terrestre

propagar la alegría.

Y cumplo mi destino con mi canto.

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PLENOS PODERES

A PURO sol escribo, a plena calle,

a pleno mar, en donde puedo canto,

sólo la noche errante me detiene

pero en su interrupción recojo espacio,

recojo sombra para mucho tiempo.

El trigo negro de la noche crece

mientras mis ojos miden la pradera

y así de sol a sol hago las llaves:

busco en la oscuridad las cerraduras

y voy abriendo al mar las puertas rota

hasta llenar armarios con espuma.

Y no me canso de ir y de volver;

no me para la muerte con su piedra,

no me canso de ser y de no ser.

A veces me pregunto si de donde

si de padre o de madre o cordillera

heredé los deberes minerales,

los hilos de un océano encendido

y sé que sigo y sigo porque sigo

y canto porque canto y porque canto.

No tiene explicación lo que acontece

cuando cierro los ojos y circulo

como entre dos canales submarinos,

uno a morir me lleva en su ramaje

y el otro canta para que yo cante.

Así pues de no ser estoy compuesto

y como el mar asalta el arrecife

con c√°psulas saladas de blancura

y retrata la piedra con la ola,

así lo que en la muerte me rodea

abre en mí la ventana de la vida

y en pleno paroxismo estoy durmiendo.

A plena luz camino por la sombra.



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CANTO GENERAL.



LOS HOMBRES



COMO la copa de la arcilla era

la raza mineral, el hombre

hecho de piedras y de atmósfera,

limpio como los c√°ntaros, sonoro.

La luna amasó a los caribes,

extrajo oxígeno sagrado,

machacó flores y raíces.

Anduvo el hombre de las islas

tejiendo ramos y guirnaldas

de polymitas azufradas,

y soplando el tritón marino

en la orilla de las espumas.



El tarahurnara se vistió de aguijones

y en la extensión del Noroeste

con sangre y pedernales creó el fuego,

mientras el universo iba naciendo

otra vez en la arcilla del tarasco:

los mitos de las tierras amorosas,

la exuberancia h√ļmeda de donde

lodo sexual y frutas derretidas

iban a ser actitud de los dioses

o p√°lidas paredes de vasijas.



Como faisanes deslumbrantes

descendían los sacerdotes

de las escaleras aztecas.

Los escalones triangulares

sostenían el innumerable

rel√°mpago de las vestiduras.

Y la pir√°mide augusta,

piedra y piedra, agonía y aire,

en su estructura dominadora

guardaba como una almendra

un corazón sacrificado.

En un trueno como un aullido

caía la sangre por

las escalinatas sagradas.

Pero muchedumbres de pueblos

tejían la fibra, guardaban

el porvenir de las cosechas,

trenzaban el fulgor de la pluma,

convencían a la turquesa,

y en enredaderas textiles

expresaban la luz del mundo.



Mayas, habíais derribado

el √°rbol del conocimiento.

Con olor de razas graneras

se elevaban las estructuras

del examen y de la muerte,

y escrutabais en los cenotes,

arroj√°ndoles novias de oro,

la permanencia de los gérmenes.



Chichén, tus rumores crecían

en el amanecer de la selva.

Los trabajos iban haciendo

la simetría del panal

en tu ciudadela amarilla,

y el pensamiento amenazaba

la sangre de los pedestales,

desmontaba el cielo en la sombra,

conducía la medicina,

escribía sobre las piedras.



Era el Sur un asombro dorado.

Las altas soledades

de Macchu Picchu en la puerta del cielo

estaban llenas de aceites y cantos,

el hombre había roto las moradas

de grandes aves en la altura,

y en el nuevo dominio entre las cumbres

el labrador tocaba la semilla

con sus dedos heridos por la nieve.



El Cuzco amanecía como un

trono de torreones y graneros

y era la flor pensativa del mundo

aquella raza de p√°lida sombra

en cuyas manos abiertas temblaban

diademas de imperiales amatistas.

Germinaba en las terrazas

el maíz de las altas tierras

y en los volc√°nicos senderos

iban los vasos y los dioses.

La agricultura perfumaba

el reino de las cocinas

y extendía sobre los techos

un manto de sol desgranado.



(Dulce raza, hija de sierras,

estirpe de torre y turquesa,

ciérrame los ojos ahora,

antes de irnos al mar

de donde vienen los dolores.)



Aquella selva azul era una gruta

y en el misterio de √°rbol y tiniebla

el guaraní cantaba como

el humo que sube en la tarde,

el agua sobre los follajes,

la lluvia en un día de amor,

la tristeza junto a los ríos.



En el fondo de América sin nombre

estaba Arauco entre las aguas

vertiginosas, apartado

por todo el frío del planeta.

Mirad el gran Sur solitario.

No se ve humo en la altura.

Sólo se ven los ventisqueros

y el vendaval rechazado

por las √°speras araucarias.

No busques bajo el verde espeso

el canto de la alfarería.



Todo es silencio de agua y viento.



Pero en las hojas mira el guerrero.

Entre los alerces un grito.

Unos ojos de tigre en medio

de las alturas de la nieve.



Mira las lanzas descansando.

Escucha el susurro del aire

atravesado por las flechas.

Mira los pechos y las piernas

y las cabelleras sombrías

brillando a la luz de la luna.



Mira el vacío de los guerreros.



No hay nadie. Trina la diuca

como el agua en la noche pura.



Cruza el cóndor su vuelo negro.

No hay nadie. Escuchas? Es el paso

del puma en el aire y las hojas.



No hay nadie. Escucha. Escucha el √°rbol,

escucha el √°rbol araucano.



No hay nadie. Mira las piedras.



Mira las piedras de Arauco.



No hay nadie, sólo son los árboles.



Sólo son las piedras, Arauco.