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CCOO ASEPEYO

Regreso a la austeridad


La economía se ha apoyado durante décadas en un consumo siempre al alza - Algunos abogan por un modelo más responsable aunque frene el crecimiento.





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03-09-2008 - A pesar del miedo cerval que pueda provocar, la etimología de crisis remite, simple y llanamente, a un proceso de cambio. Y eso, poco más o menos, es lo que va a suceder también esta vez. Las turbulencias financieras internacionales han contaminado ya a las grandes economías occidentales, y es cuestión de tiempo que acaben afectando también a los países emergentes. Eso vale también para todo tipo de economías familiares, para todo tipo de bolsillos. Tras una década de fenomenal crecimiento, llegan las vacas flacas. Hay que apretarse el cinturón. La cuesta de septiembre exige siempre ahorrar más, consumir menos. Esta vez la coyuntura obliga. Pero los excesos suelen provocar reacciones fuertes. Precisamente ahora, algunos expertos se preguntan si podemos crecer hasta el infinito sin hipotecar las posibilidades de las generaciones futuras. Si no estamos consumiendo demasiado. Si la voracidad del crecimiento no debería dejar paso a un modelo económico menos perverso, más humilde, con menores desequilibrios.

Atendiendo a las grandes cifras de la econom√≠a espa√Īola, parece evidente que el cambio est√° ah√≠, obligado por las circunstancias. La crisis ha sido un latigazo tremendo para las ventas del comercio (caen m√°s del 5%), para las ventas de coches (caen m√°s del 40%) y para las de pisos (las preventas se han desplomado a un ritmo casi del 80% tras a√Īos de empacho inmobiliario). La amenaza del paro vuelve a planear sobre la econom√≠a espa√Īola, tras unos a√Īos en los que parec√≠a que el pleno empleo dejaba de ser una utop√≠a. Las consecuencias las notan las arcas del Estado (que ha vuelto al temido d√©ficit p√ļblico tras a√Īos de super√°vit) y los resultados de las empresas (con retrocesos en los beneficios por primera vez en cuatro a√Īos). Y l√≥gicamente, la cuenta corriente del consumidor de a pie. En Espa√Īa, en Estados Unidos y en China.

De los grandes datos a los m√°s peque√Īos: seg√ļn un estudio de la Uni√≥n de Consumidores (UCE), las familias espa√Īolas gastar√°n de media entre 223 y 1.640 euros por hijo en la vuelta al colegio. Una diferencia considerable que depende b√°sicamente de la elecci√≥n entre un centro p√ļblico, concertado o privado y de la comunidad aut√≥noma en que se reside. Sin embargo, tambi√©n hay otros factores. La UCE incluye en su c√°lculo los libros de texto, los cuadernos, el comedor, el uniforme, el transporte escolar y la matr√≠cula y advierte de que a esos gastos se suelen sumar mochilas, bol√≠grafos, actividades extraescolares y material de apoyo. ¬ŅQu√© hay que hacer, entonces, para no tirar la casa por la ventana? Los expertos aconsejan por ejemplo aprovechar las becas y ayudas para comprar libros, emplear los manuales utilizados por hermanos mayores, no dejar la compra de todo el material para los √ļltimos d√≠as, huir de las marcas anunciadas en televisi√≥n (las llamadas marcas blancas reducen hasta un 30% el gasto), evitar los cr√©ditos r√°pidos que, a medio plazo, pueden poner en jaque la econom√≠a familiar. ¬ŅRecomendaciones de perogrullo? No tanto, cuando los h√°bitos de consumo adquiridos en los √ļltimos a√Īos en miles de hogares han hecho de las compras una actividad irreflexiva.

"Los consumidores estadounidenses no est√°n acostumbrados a las crisis; en especial a las que suponen consumir menos", dec√≠a hace un par de meses The Economist ante las m√°s que previsibles consecuencias de las turbulencias financieras. Tras una d√©cada y media de sensacional bonanza, tampoco los espa√Īoles tienen la costumbre de levantar el pie del acelerador, en este caso de la tarjeta de cr√©dito. Pero la coyuntura obliga. Y √©se justamente es ahora parte del debate econ√≥mico. Del cambio que se avecina.

La cuesti√≥n gira en torno a si todav√≠a es posible educar para conseguir un consumo distinto, m√°s reducido y responsable. En ese caso, ¬Ņestar√≠amos asistiendo a una vuelta hacia los h√°bitos m√°s sobrios de anta√Īo? En opini√≥n del economista y antrop√≥logo franc√©s Serge Latouche, defensor de la llamada teor√≠a del decrecimiento, √©se ser√≠a incluso el escenario m√°s deseable. "El decrecimiento representa una tercera v√≠a, el camino de la sobriedad libremente elegida. Por esa raz√≥n necesitamos inventarnos otra manera de relacionarnos con el mundo, con la naturaleza, los objetos y los seres humanos. Las sociedades que consiguen limitar su capacidad de producci√≥n de forma voluntaria son tambi√©n las sociedades m√°s felices", sostiene.

No es tan sencillo, claro. La gran mayor√≠a de los economistas no comparte esa postura, que muchos consideran casi panfletaria. La reflexi√≥n te√≥rica tiene sentido, sin duda, pero en el mundo hay 1.400 millones de pobres que viven con menos de un euro al d√≠a. "¬ŅC√≥mo les decimos a toda esa gente que el mundo debe dejar de crecer, aunque eso suponga eliminar de un plumazo la √ļnica posibilidad que tienen de salir de la miseria?", se pregunta el economista Jos√© Carlos D√≠ez. "Es evidente que el modelo tiene agujeros enormes donde cabe el exceso, la desigualdad, el enorme riesgo para el medio ambiente... Pero el capitalismo no ha dejado de ser, a pesar de muchos intentos, el menos malo de los modelos econ√≥micos conocidos", afirma. Y pone un ejemplo de los peligros del decrecimiento. "Millones de chinos est√°n pasando de las √°reas rurales a la ciudad, y eso no va a cambiar. Pero si China deja de crecer al ritmo que mantiene -en torno al 8%-, Shanghai se convertir√° en el pr√≥ximo M√©xico DF".

El catedr√°tico de la Universidad Aut√≥noma de Barcelona Josep Oliver abunda en ese argumento. "La reflexi√≥n acad√©mica tiene sentido, ante el uso abusivo de los recursos naturales, en especial de los energ√©ticos. ¬ŅPero c√≥mo les dices a los chinos y a los indios que dejen de crecer cuando Europa y EE UU llevan 200 a√Īos de crecimiento sin control y sin plantearse hasta pr√°cticamente ayer mismo las grav√≠simas consecuencias para el medio ambiente? Esa teor√≠a la puede entender la clase acomodada de un pa√≠s rico, pero no la gente que vive rozando la l√≠nea de la pobreza y que tiene leg√≠timas aspiraciones de salir del fango", dice.

El debate sólo tiene sentido asociado a una reflexión sobre la distribución de la riqueza y de la renta. "No se pueden plantear el crecimiento cero o el decrecimiento con los niveles actuales de pobreza. Pero sí se puede discutir la posibilidad de mantener este ritmo de crecimiento sin tanta agresividad", apunta Oliver, que cita varios ejemplos sobre lo que se puede hacer. Un botón: Francia y Alemania han prohibido las bolsas de plástico en los supermercados. "Tal vez no sea mucho, pero ése es el camino", apostilla.

Las leyes del mercado no suelen atender a esa dimensi√≥n moral de la econom√≠a. Pero los economistas s√≠ han incorporado estos elementos a su analisis. En su √ļltimo libro -La ciencia humilde. Econom√≠a para ciudadanos-, el profesor Alfredo Pastor asegura que no es un drama tener una econom√≠a estacionaria. Muchos otros autores han reflexionado en los √ļltimos a√Īos sobre la fascinaci√≥n por el cuento del crecimiento econ√≥mico, que no es, ni mucho menos, un debate nuevo: el Club de Roma conmocion√≥ a la opini√≥n p√ļblica all√° por 1972 con Los l√≠mites del crecimiento, una obra que ven√≠a a decir que una econom√≠a que quiere crecer exponencialmente, nutri√©ndose de unos recursos finitos, est√° abocada al colapso, con soluciones como frenar el desarrollismo o el derroche consumista. Casi cuarenta a√Īos m√°s tarde, la vida sigue igual.

Pero esta vez la situaci√≥n econ√≥mica obliga a modificar algunas cosas. Se trata de un cambio forzado, pero de un cambio al fin y al cabo. Ante la desaceleraci√≥n de la econom√≠a espa√Īola -y de todas las de su entorno-, es inevitable limitar el consumo personal y familiar. Algunas de las pruebas m√°s recientes: los espa√Īoles han invertido alrededor del 8% menos que el a√Īo anterior en sus vacaciones y reducido el gasto en las rebajas en un 15%, seg√ļn c√°lculos de la compa√Ī√≠a aseguradora Europe Assistance y de la Federaci√≥n de Usuarios Consumidores Independientes (FUCI). Por dos razones: bien porque no se dispone de suficiente dinero y resulta m√°s complicado pedir cr√©ditos, o bien porque las expectativas son peores. Los √≠ndices de confianza del consumidor est√°n bajo m√≠nimos.

Tambi√©n el √ļltimo informe sobre los nuevos modelos de consumo en Espa√Īa del Consejo Econ√≥mico y Social -√≥rgano consultivo del Gobierno- reconoce que el escenario puede cambiar. "Los acontecimientos de mediados de 2007 en los mercados financieros, como consecuencia de la crisis subprime en EE UU, han determinado un cambio en el sesgo de la pol√≠tica crediticia de las entidades espa√Īolas", sostiene el informe. En otras palabras: los bancos conceden menos cr√©ditos, y eso restringe el consumo de forma autom√°tica, en un final abrupto de lo que durante mucho tiempo se conoci√≥ como tirar de la visa.

Las razones son conocidas: tras a√Īos con los tipos de inter√©s en m√≠nimos, la escalada del Euribor ahoga financieramente a muchas familias, con las hipotecas por las nubes. La subida de los alimentos, la energ√≠a y la gasolina, lo mismo. La soluci√≥n no es otra que gastar menos. Sobre todo si las perspectivas laborales apuntan a un incremento del paro hasta niveles del 13% en Espa√Īa el pr√≥ximo a√Īo. El problema, otra vez, son los excesos: los pol√≠ticos piden a los ciudadanos que consuman para evitar una recesi√≥n como la que durante a√Īos ha vivido Jap√≥n, donde tras la explosi√≥n de la burbuja inmobiliaria la gente dej√≥ de comprar y empez√≥ a ahorrar en exceso ante el empeoramiento de las expectativas. Los problemas de no consumir (o ahorrar demasiado) pueden ser a√ļn m√°s graves que los de consumir en exceso: despidos masivos, cierres de empresas y enormes p√©rdidas para el sector privado. Aunque tampoco hay que caer en excesos apocal√≠pticos: Jap√≥n est√° en v√≠as de salir de esos problemas y sigue siendo la segunda econom√≠a mundial. Los expertos relativizan esas posibles consecuencias. La realidad, tambi√©n. Los m√°s agoreros conceden que la econom√≠a espa√Īola se recuperar√° a mediados de 2009.

Pero el cambio de ciclo exige respuestas inmediatas. ¬ŅExisten soluciones a corto plazo para limitar los gastos? Lo m√°s pr√°ctico es seguir los consejos de asesores y expertos. La Organizaci√≥n de Consumidores y Usuarios (OCU) difundi√≥ este verano una herramienta tan sencilla como efectiva para calcular qu√© tarifa el√©ctrica puede interesar a cada hogar como medida frente al incremento de la factura. "La subida del precio de la luz, junto con otros muchos aumentos de precios de servicios b√°sicos, va a producir una merma importante en la renta disponible de las familias", se√Īala la OCU. En realidad, para ahorrar bastar√≠a con trasladar una parte del consumo dom√©stico de energ√≠a a la noche. Adem√°s, la OCU recomienda adaptar los h√°bitos a la crisis, por ejemplo, regulando el termostato del aire acondicionado para que la temperatura no baje de 22 grados, instalar doble acristalamiento y aislar los techos, utilizar bombillas de bajo consumo y apagar los aparatos el√©ctricos que no se est√©n utilizando, ya que el stand by consume.

Quiz√°s a estas tendencias de menor consumo cada vez m√°s asentadas se deba el √©xito, en los √ļltimos a√Īos, de iniciativas que intentan sortear con ingenio los gastos cotidianos con trucos y consejos desde un blog o una p√°gina web. Es el caso de Juan Manuel S√°nchez, quien, a finales de 2006, lanz√≥ el sitio Sindinero.org. S√°nchez empez√≥ invirtiendo algunos meses en "rastrear el ciberespacio en busca de ofertas y recomendaciones pr√°cticas que pudieran ser √ļtiles a todo el mundo". No se trata de encontrar el cl√°sico chollo. Porque uno de los objetivos de este madrile√Īo, que en el pasado trabaj√≥ en el sector inmobiliario, consiste en fomentar el m√≠nimo consumo. Desde una consulta financiera o sanitaria hasta algunas pistas para reparar una cisterna, fabricar una cocina solar o arreglar el cable de una plancha, pasando por ofertas de ocio gratuitas, viajes o trueques, todo, o casi todo, se puede conseguir. En particular, si cada usuario aporta su granito de arena con un consejo o un truco. Decenas de portales de ayuntamientos, comunidades aut√≥nomas y ONG ofrecen tambi√©n recomendaciones sobre consumo responsable.

No hay f√≥rmulas m√°gicas. Pero es evidente que los consumidores empiezan a pensar en esas cosas. Tal vez as√≠ se consigan responder cabalmente algunas preguntas b√°sicas, en opini√≥n de Latouche, quien a su vez suele citar a Woody Allen: "¬ŅAd√≥nde vamos? ¬ŅDe d√≥nde venimos? Pero, sobre todo: ¬ŅQu√© hay para cenar hoy?"
Pistas para subir la cuesta

LA COMPRA

- Intente optar por los productos de temporada. Aunque es fácil encontrar en el mercado todo tipo de productos en cualquier mes, los precios son mucho más bajos en el género de temporada.

- Las ofertas suponen un beneficio real para el consumidor sólo si saben aprovecharse. En el caso de los productos no perecederos se debe optar por adquirir más de una unidad.

- En la medida de lo posible, es recomendable comprar en m√°s de un establecimiento: es la forma m√°s pr√°ctica de comparar precios y aprovechar ofertas.

EN CASA

- Entre los fogones, la olla exprés es la mejor opción para ahorrar energía.

- Use los termostatos para que los radiadores se apaguen cuando se alcanza la temperatura deseada. Aíslen bien la casa, porque así se puede ahorrar hasta un 30% de energía.

- Es recomendable no poner la lavadora hasta que esté llena. Opten por lavar en frío si es posible y prescindan habitualmente del prelavado.

DURANTE EL OCIO

- A la hora de organizar sus ratos libres, piensen en las numerosas actividades que son gratuitas o muy baratas: paseos, excursiones, museos...

- Utilicen preferentemente el transporte p√ļblico. Cuando se usa un veh√≠culo propio, se consume m√°s combustible si se conduce por encima de los 100 kil√≥metros por hora, si se dan frecuentes acelerones y si se carga el coche excesivamente o con pesos innecesarios.

- Intenten evitar en lo posible las compras a plazos. Son una de las mayores trampas para el endeudamiento de las familias, ya que generan expectativas que después cuesta mucho satisfacer. Sin contar el sobreprecio de los intereses.

- No olviden sus impuestos: es recomendable y relativamente sencillo informarse de todas las deducciones fiscales y beneficiarse de ellas.

F. MANETTO / C. P√ČREZ
El Pais


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