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CCOO ASPEYO

¿Y si la conciliación fuera una trampa?


Cuando hablamos de conciliar lo hacemos siempre con el trabajo como eje principal, pero otro disfrute del tiempo es posible.

Los nuevos escenarios laborales



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02-09-2008 - Tempus fugit! El tiempo parece estar llamado a ser el nuevo patrón oro. Así lo vaticinan algunos filósofos y lo constatan estudios sociológicos europeos. La ciudadanía que tiene cubiertas sus necesidades económicas básicas se empieza a plantear qué lógica tiene seguir organizándose la vida en función de un horario laboral más propio de la era industrial del siglo XIX. La voluntariosa política para conciliar la vida laboral y personal lleva consigo connotaciones que son un lastre para una verdadera revolución social del tiempo: una, la sexista, pues las más de las veces se entiende por conciliar ese "vamos a ver cómo las señoras se pueden organizar el trabajo y la casa". ¿La otra? Que el horario laboral sigue siendo el eje vertebrador de nuestras existencias. La próxima reivindicación social en las democracias va a ser el derecho de las personas a gestionar su tiempo. Y ahí, la premisa ceder un tiempo a cambio de un sueldo va a ser sustituida por la de ceder un trabajo a cambio de dinero.

Por el momento, los adalides de una distribución del tiempo más justa han sufrido dos severos reveses: la marcha atrás de la semana laboral de 35 horas en Francia y la propuesta europea que estudia dejar vía libre a las empresas para negociar jornadas de hasta 60 y 62 horas semanales, toda una regresión en derechos laborales. Sin embargo, hay una corriente de opinión que cada día que pasa conquista más terreno a favor de una organización del tiempo que no tenga al trabajo como epicentro.

"El tiempo se ha convertido en un problema social. La ciudadanía siente que le es expropiado y que no tiene capacidad para autogestionarlo, pues le viene organizado por las empresas, las instituciones... hay que lograr que la gente pueda armonizar su vida cotidiana con el trabajo teniendo en cuenta que, con los años, este se ha diversificado y desestructurado: hoy no todo el mundo entra y sale del trabajo a la misma hora". Así opina la socióloga Elena Sintes, investigadora del Ayuntamiento de Barcelona.

El tiempo comenzó a convertirse en objeto de política pública en la Italia de los noventa, cuando las mujeres pusieron de relieve que no podían disfrutar de tiempo propio por verse obligadas a cumplir en el trabajo y en casa. Barcelona es la primera ciudad europea que dedica una concejalía a los usos del tiempo. De hecho, acogerá en febrero las primeras jornadas que estudian escenarios de futuro. Las iniciativas se suceden en todo el mundo. Hamburgo, por ejemplo, proyecta en su ampliación verde de la ciudad una escuela con ¡horarios flexibles!, mientras que Utah, en Estados Unidos, ha sido el primer estado en instaurar la semana laboral de cuatro días para los empleados públicos para hacer frente a los altos precios del combustible.

"Una sociedad moderna no puede organizarse del mismo modo que cuando las mujeres no trabajaban: los beneficios sociales deben distribuirse, y el excedente de tiempo forma parte de esos beneficios", apunta la concejal de Barcelona para los nuevos usos del tiempo, Imma Moraleda, recientemente nombrada secretaria de políticas de mujeres del PSC. Moraleda destaca que la tecnología ha mejorado el ahorro del tiempo, "algo de lo que no deberían beneficiarse sólo los empresarios con una mayor producción, sino los trabajadores, con más tiempo libre" . Esta premisa, no obstante, no implica menos capacidad productiva, sino una mejor organización social, añade.

La cuestión del tiempo incide sobre la paridad de sexos, de manera que el discurso que pretende salvar la familia dando facilidades a las mujeres para conciliar no garantiza la igualdad de derechos sobre el tiempo de hombres y mujeres. En este sentido, los técnicos en usos del tiempo resaltan la necesidad de no caer en la filosofía de trabajar menos horas por menos sueldo, sino de "dejar de tener mentalidad estándar para los horarios", haciendo uso inteligente de las tecnologías. El trabajo, afirman, ha dejado de ser un lugar al que se va para pasar a ser una cosa que se hace.

"Empresas en las que parecía difícil flexibilizar horarios han logrado ofrecer al personal la posibilidad de decidir", dice Sintes. "La universidad ya ha ideado un programa que compagina las necesidades horarias de la empresa y de la plantilla, incluso en los trabajos por turnos", advierte.

MARICEL CHAVARRÍA
La Vanguardia


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