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Los bancos centrales frente a la crisis, independencia ¬Ņpara qu√©?


Aparentemente los bancos centrales est√°n encargados de poner coto a la inflaci√≥n pero, a la postre, los √≠ndices de precios est√°n subiendo y su tan cacareada independencia se muestra, de hecho, como simplemente in√ļtil para evitar que aparezca.



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08-08-2008 - Los an√°lisis convencionales de la crisis que vivimos, es decir, los m√°s ligados al poder y a la ideolog√≠a econ√≥mica dominante, apenas si pasan de puntillas sobre el papel que est√°n desempe√Īando los bancos centrales. A nosotros, por el contrario, nos parece que es un asunto crucial sobre el que debe reflexionarse y que merecer√≠a una respuesta contundente por parte de los ciudadanos.

Los hechos son muy evidentes.

Los bancos centrales, y a la cabeza la Reserva Federal estadounidense, fueron los que permitieron que los fenómenos que han dado lugar a la crisis se produjeran.

Establecieron una regulación de los mercados financieros cada vez más permisiva y opaca, de modo que el nivel de riesgo fue aumentando sin cesar. Facilitaron el endeudamiento masivo de las familias, alimentando así la burbuja inmobiliaria y una insostenibilidad creciente de las finanzas que tarde o temprano afectaría a la economía real. Aceptaron que los bancos crearan productos financieros muy peligrosos que, al propagarse por todo el sistema financiero internacional, han terminado por ocasionar una crisis global sin precedentes.

Los "chanchullos" que seg√ļn el Premio Nobel de Econom√≠a Paul A. Samuelson dieron lugar a la crisis fueron consentidos por los bancos centrales que han estado mirando a otro lado mientras que las finanzas internacionales se hac√≠an inestables, opacas y peligrosamente arriesgadas.

Los bancos centrales mantienen en la práctica un silencio que solo puede calificarse como cómplice ante la existencia de los paraísos fiscales, o lo que es lo mismo, ante un régimen generalizado de evasión y delito financiero.

Aparentemente los bancos centrales est√°n encargados de poner coto a la inflaci√≥n pero, a la postre, los √≠ndices de precios est√°n subiendo y su tan cacareada independencia se muestra, de hecho, como simplemente in√ļtil para evitar que aparezca. Sencillamente porque la tesis que mantienen sobre el origen de la inflaci√≥n es equivocada, y en la pr√°ctica afrontan la inflaci√≥n con medios que en realidad s√≥lo pueden conseguir que la distribuci√≥n de las rentas beneficie a los grupos sociales m√°s poderosos.

La Reserva Federal ha ido más lejos que cualquier otro banco central, como es lógico dado el poder de imperio del que disfruta, consintiendo y tratando de ocultar ante el resto del mundo que Estados Unidos inunde la economía mundial de dólares, recurriendo para ello a la no publicación, desde marzo de 2005, de la cantidad de dinero en dólares que se encuentra en circulación.

Sin encomendarse a ning√ļn poder representativo, los bancos centrales toman diariamente decisiones que directamente provocan que las rentas que est√°n en el bolsillo de las familias pasen a las carteras de los bancos, haciendo creer a la opini√≥n p√ļblica que se trata de decisiones t√©cnicas sin ning√ļn tipo de connotaci√≥n pol√≠tica.

Los bancos centrales ejecutan la política monetaria sin tener en cuenta a nadie más y, por tanto, al margen del principio elemental que debería guiar a la política económica en su conjunto: la coordinación de la monetaria con las demás, y muy especialmente con la fiscal.

Los bancos centrales son los adalides de la libertad de movimientos del dinero, pero este no es sino otro principio neoliberal que, como dice el Nobel Joseph Stiglitz, "es sólo ideología. Los datos demuestran que la liberalización del capital a menudo causa problemas, inestabilidad y no crecimiento".

Los bancos centrales vienen empecinándose en controlar la inflación como un fin en sí mismo cuando es evidente que el control de los precios es un medio para lograr el crecimiento, el empleo y la estabilidad general de la economía. Y lo que logran así no puede ser otra cosa que convertirse en un lastre pesadísimo para las economías.

Los bancos centrales se proclaman los grandes defensores de la libertad económica, y la demandan y practican constantemente en lo monetario, pero al mismo tiempo callan cuando los países ricos regulan cada vez más la circulación de mercancías para enriquecerse a costa de los más pobres.

Hasta gobernantes incluso conservadores han tenido que hacer oír su voz, en ocasiones puntuales eso sí, frente a un Banco Central con orejeras que hoy día es un obstáculo crucial para salir de la crisis y poder adoptar medidas que pudieran relanzar la estabilidad y el crecimiento.

En fin, frente a una crisis compleja y que en realidad est√° poniendo sobre la mesa lo inadecuado del no sistema monetario internacional, de la regulaci√≥n actual de los flujos financieros y del papel que vienen desempe√Īando bancos m√°s preocupados de sus operaciones especulativas que de la financiaci√≥n de la econom√≠a, los bancos centrales se limitan a gestionar los tipos de inter√©s a favor de los grandes poseedores de dinero y a pedir moderaci√≥n salarial para los trabajadores. Es lo √ļnico que parece que saben decir.

Por eso los ciudadanos deberían empezar a ser conscientes de que no les conviene este régimen bancario y de que hay que poner fin a un privilegio de independencia que se ejerce contra la mayoría de la población. Que ni tiene fundamento científico ni en la práctica ha demostrado que contribuya a resolver mejor los problemas económicos. Todo lo contrario, es pura ideología concebida para justificar las políticas que solo terminan por distribuir la renta y la riqueza más favorablemente para los ricos.

Hay que lograr cambiar el estatuto de los bancos centrales, ponerlos al servicio de la política general de progreso y estabilidad, bajo el control parlamentario y orientados a lograr objetivos de desarrollo y bienestar.

Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa
Altereconomía



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