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El largo y tortuoso camino del respeto de los derechos de los trabajadores en las cadenas de suministro


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Las empresas dicen a menudo encontrarse en un “periplo” de derechos humanos, un viaje largo y tortuoso con numerosas paradas en el trayecto. En cambio, nunca dicen estar en “periplo” del beneficio –ya que esto es algo que debe obtenerse lo más rápido posible–. Por Martijn Boersma Justine Nolan . Equal Times



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Habida cuenta que desde hace mucho tiempo se acusa a las grandes empresas de que sus responsabilidades sociales son mera palabrería, la declaración firmada el mes pasado por prácticamente todos los miembros de la agrupación estadounidense Business Roundable ha provocado un gran revuelo.

En su declaración sobre el propósito de una empresa se habla de hacer tratos justos y éticos con los proveedores, apoyar a las comunidades en las que trabaja y respetar a las personas y el medio ambiente adoptando prácticas sostenibles. También destaca que las empresas signatarias, incluidas Amazon, Ford y JP Morgan, “están comprometidas con la transparencia”.

Sin embargo, las cadenas mundiales de suministro son todo menos transparentes; hoy día existen más de 21 millones de personas en el mundo atrapadas en el trabajo forzoso, cuya mayoría produce bienes para los consumidores en todo el mundo.

Si la declaración de agosto de 2019 señala realmente un renovado vigor para adoptar las normas del trabajo y de los derechos humanos en las actividades comerciales y las cadenas de suministro de algunas de las más grandes empresas del mundo, entonces es más que bienvenida. Sin embargo, de los 181 presidentes directores generales que firmaron la declaración, solo 45 de estas empresas han suscrito al Pacto Mundial de las Naciones Unidas, una iniciativa voluntaria que pide a las empresas que apoyen diez principios relativos a los derechos humanos, los derechos laborales, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. El Pacto Mundial de las Naciones Unidas es una iniciativa indulgente que se centra en educar a las empresas sobre sus responsabilidades sociales y no es una norma exigente que busque responsabilizar a las empresas por su irresponsabilidad corporativa en el ámbito de los derechos.

Parece que el camino que queda por recorrer aún es largo. Las nuevas legislaciones centradas en incrementar la transparencia en las cadenas mundiales de suministro, incluidas las relativas a la esclavitud moderna del Reino Unido y Australia, así como la ley francesa del deber de vigilancia, están comenzando a llamar la atención de las empresas. Sin embargo, para que estas nuevas leyes cumplan su cometido, los gobiernos tienen que hacerlas cumplir, las empresas deben incorporar los derechos humanos en las actividades propias de su cadena de suministro y los trabajadores deben tener voz en el asunto.

En general, el modelo de negocio predominante, específicamente las prácticas en materia de adquisición de los compradores en el extremo superior de la cadena de suministro, tiene un impacto significativo en las condiciones que viven los trabajadores en el extremo inferior. Sin embargo, aun cuando muchas de las principales marcas del mundo han mostrado su disposición a imponer requisitos ocasionales a sus proveedores pidiéndoles que abran sus fábricas, campos y minas a los auditores, y adoptar esporádicamente una responsabilidad social corporativa significativa, han mostrado poca disposición a abordar de manera integral los efectos de sus propias prácticas y a innovar en lo que se refiere a su forma de hacer negocios. Una de las formas más obvias de hacerlo es reevaluar sus prácticas en la cadena de suministro.

Impacto global de las cadenas de suministro

Resulta difícil exagerar el impacto de las cadenas mundiales de suministro en la economía y en la vida de las personas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que más de la mitad de las importaciones manufacturadas de todo el mundo son bienes intermedios utilizados en la producción de otros bienes. El comercio, la producción, la inversión, las relaciones laborales y la propia fuerza laboral han cambiado drásticamente con el crecimiento de las cadenas de suministro. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo estima que aproximadamente el 80% del comercio internacional puede vincularse ahora a las redes mundiales de producción de las empresas multinacionales. La Confederación Sindical Internacional calcula que el 60% del comercio mundial en la economía real depende de las cadenas de suministro de 50 corporaciones, las cuales emplean directamente solo el 6% de los trabajadores, pero dependen de una fuerza laboral oculta que asciende a 116 millones de personas.

Fundamentalmente, las empresas que se abastecen a través de cadenas de suministro no asumen las responsabilidades con los trabajadores de sus proveedores y subcontratistas de la misma manera en que las asumen con sus propios trabajadores. Estos hechos demuestran la creciente influencia de las cadenas mundiales de suministro, la fragmentación internacional de la producción, la naturaleza cambiante de las relaciones laborales, el poder sin precedentes de algunas grandes corporaciones y el potencial que existe para la explotación laboral en todo el mundo.

Un estudio realizado en 2019 por la firma consultora Bain & Company encontró que el 90% de los representantes de empresa cree que necesitan cambiar su modelo de negocio principal, al menos en parte, para trabajar en una economía realmente sostenible, y el 38% cree que su modelo de negocio principal deberá cambiar radicalmente.

Este estudio se suma al hecho de que hoy por hoy existe un número más importante que nunca de personas atrapadas en la esclavitud moderna, incluyendo las que trabajan en cadenas mundiales de suministro.

En el seno de las grandes empresas son muchos los departamentos de responsabilidad social corporativa o de sostenibilidad que no tienen contacto con sus compañeros de los departamentos de compras, y las decisiones sobre dónde y cuándo comprar bienes y servicios están al margen de las preocupaciones en materia de derechos humanos. Las empresas que se comprometen a mitigar los riesgos en el ámbito de los derechos humanos en sus cadenas de suministro deben evaluar sus propias prácticas de compra como fuente de riesgo. Las empresas deben tener en cuenta tanto el exterior como su interior cuando insisten en las reformas. Algunas de ellas han comenzado a pasar de un modelo de abastecimiento transaccional, estableciendo cláusulas y condiciones para los proveedores, a un modelo basado en una relación a largo plazo con los proveedores, en el que algunas condiciones pueden renegociarse.

Actualmente, es probable que las iniciativas más importantes para poner coto al trabajo forzoso en las cadenas de suministro no cumplan con las declaraciones y objetivos que se han fijado debido a que en su mayoría no abordan las causas profundas del trabajo forzoso. Lo que se necesita es que todas las empresas, grandes y pequeñas, se sienten a la mesa y tengan en cuenta el cumplimiento y la debida diligencia de los derechos humanos en sus propias prácticas y modelos comerciales, incluido el ajuste de su estructura de precios y plazos de entrega de los pedidos. Las estrategias para luchar contra el trabajo forzoso en las cadenas de suministro deberían tener un enfoque de conjunto. No existe una solución única para abordar este problema global, pero tratar las causas fundamentales (una de las cuales es el modelo de producción comercial) puede resultar más efectivo que adoptar un enfoque reactivo similar al de querer tapar el sol con un dedo.

Este artículo ha sido traducido del inglés.

El nuevo libro de Justine Nolan y Martijn Boersma, Addressing Modern Slavery (Abordar la esclavitud moderna), ya está disponible.


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