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Este año, de nuevo, el proceso de comunicación de objetivos a los centros de trabajo se ha vuelto a dilatar en el tiempo

Así no podemos seguir.


La reiteración de esta anomalía debería ruborizar a la Dirección y ser motivo de reflexión, a fin de tomar medidas, aunque solo fuera por salvaguardar una mínima seriedad y decoro en la relación con los profesionales, acorde con la categoría de esta empresa.


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Este año, de nuevo, el proceso de comunicación de objetivos a los centros de trabajo se ha vuelto a dilatar en el tiempo; de manera que, hasta hace poco, los profesionales que tenemos que hacerlos realidad no hemos podido hacernos una idea global de los mismos, con la consiguiente dificultad para planificar el trabajo y de conseguirlos finalmente.

En un contexto en el que los mercados financieros dan muestras de inestabilidad; con el negocio inmobiliario (capítulo básico de nuestra actividad) bajo sospecha y en un proceso de aterrizaje mucho más brusco del que se quiere hacer ver; con los tipos de interés en claro ascenso... la Caja propone cifras de objetivos similares o mayores que las del año pasado, en el que el grado de cumplimiento de los mismos ha sido uno de los más bajos de la historia del sistema.

Once epígrafes diferentes, con criterios de cumplimiento sorprendentes (si no interesadamente enrevesados) y diseñados a sabiendas de que, a menudo, la realidad sobre la que se formulan no es como la que predican; sin contar con las numerosas campañas, que no computan en V2 y se acompañan de un seguimiento agobiante para los centros.

Hace tiempo que la Caja ha optado por ignorar la obligación de negociar los objetivos, contemplada en los acuerdos que regulan el SVR, cuando esta es una de las condiciones para la eficacia del sistema. De ello tuvimos ya un ejemplo en 2006, cuando la empresa perdió la oportunidad de renegociar los objetivos ante decisiones organizativas que afectaban a su grado de cumplimiento y que no se podían imputar a la plantilla, generando con ello un enorme malestar.

La Caja ignora, reiteradamente, algunos aspectos básicos de cualquier sistema de trabajo por objetivos, que han de ser negociados, motivadores, alcanzables... Con su actitud y manera de hacer las cosas, la Dirección contribuye a un desprestigio cada vez mayor del sistema y contribuye también a desvirtuar el Plan Táctico anual.

Este año se han acabado de perder las formas y ni siquiera se mantiene la ficción de que los objetivos se negocian; simplemente se comunican para su firma, en el convencimiento de que la mejor manera de invalidar un derecho es convencernos de que su ejercicio es inútil; y de que pobre de quién se atreva a cuestionar esta manera de hacer las cosas.

Lo que en realidad carece de sentido es que año tras año se repitan carencias clamorosas y lamentables en la asignación de objetivos, un proceso esencial para la empresa y para los trabajadores. La reiteración de esta anomalía debería ruborizar a la Dirección y ser motivo de reflexión, a fin de tomar medidas, aunque solo fuera por salvaguardar una mínima seriedad y decoro en la relación con los profesionales, acorde con la categoría de esta empresa.

CC.OO. no nos conformamos con este estado de cosas y no vamos a aceptar como inevitable una chapuza anual a la hora de asignar los objetivos. Por ello, hace varias semanas hemos solicitado a la Caja información sobre los problemas concretos que hubo con la V2 en 2006, sus causas y las medidas que se van a tomar para corregirlos. También hemos exigido un cambio de rumbo con motivo del nuevo Plan 2010, que de momento no se ha producido... Seguiremos insistiendo en estos aspectos, porque creemos que la política que mejores resultados puede aportar a todas las partes pasa por CONTAR DE VERDAD CON LOS TRABAJADORES. 

Madrid, 17 de abril de 2007