Archivado en Campa帽as, Salud Laboral

28 de Abril 2011, D铆a Internacional de la Salud y la Seguridad en Trabajo


Como cada a帽o, los sindicatos conmemoramos el 28 de abril con un doble objetivo: un recuerdo y reconocimiento a las personas que han perdido su vida y salud en el trabajo bajo unas condiciones inadecuadas y, precisamente por ello, una jornada para poner en evidencia que los da帽os derivados del trabajo son evitables, y que los empresarios y poderes p煤blicos tienen grandes responsabilidades en su prevenci贸n


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Este a帽o, caracterizado por los duros efectos de la crisis econ贸mica que venimos padeciendo desde finales de 2007, se ha cobrado d铆a a d铆a importantes cifras de destrucci贸n de empleo y se ha alimentado de los recortes en los derechos de los trabajadores y la precarizaci贸n de las relaciones laborales. Las reformas realizadas por el Gobierno de Espa帽a colocan a los trabajadores y trabajadoras en una situaci贸n m谩s precaria, frente al mayor poder del que dota a los empleadores.

La necesidad de crear empleo propicia que otras obligaciones o deberes para con los trabajadores cedan en importancia. El est铆mulo a la creaci贸n de empleo y riqueza contribuye, en cierta manera, a que las autoridades sean m谩s laxas al exigir el pago de sanciones por infracciones o que los controles sean menos exigentes.

Las reformas legales y el impulso de las medidas preventivas desde la entrada en vigor de la Ley de Prevenci贸n de Riesgos Laborales, y de los de programas nacionales o territoriales para el estudio y control de los da帽os del trabajo, han propiciado el descenso continuado de los 铆ndices de siniestralidad.

Pero hay que tener en cuenta que durante los 煤ltimos dos a帽os, con la crisis, ha disminuido la intensidad de mano de obra en sectores de mayor riesgo y accidentalidad, a la vez que se ha expulsado del mercado a los trabajadores temporales o que reforzaban las demandas en momentos de mayor intensidad de trabajo. Todo ello contribuye al descenso en las cifras de da帽os, pero no nos puede llevar a bajar la guardia; las circunstancias de un momento de baja productividad no nos pueden hacer confundir la perspectiva y que tengamos la idea de que se ha ganado la batalla frente a la siniestralidad. Siguen registr谩ndose cifras elevadas e inaceptables de accidentes y enfermedades profesionales.

En Espa帽a fallecen cada d铆a 2 trabajadores como consecuencia de su actividad laboral, 13 sufren un accidente de trabajo grave durante su jornada y 1.503 un accidente leve. Igualmente, cada d铆a 46 personas son v铆ctimas de una enfermedad profesional en Espa帽a. Todo ello sumado a un creciente subregistro de enfermedades y ocultaci贸n de da帽os. Por tanto, sin un sistema bien asentado de prevenci贸n, con la implicaci贸n de todos los part铆cipes, no obtendremos unos resultados donde la ausencia de da帽o sea el objetivo de excelencia.

No es concebible que la declaraci贸n de enfermedades profesionales con baja haya disminuido en paralelo a la ca铆da de los accidentes, ya que en el caso de las enfermedades, desde la exposici贸n a los efectos, existe un periodo de latencia de a帽os, por lo que no se puede manifestar un resultado tan evidente de descenso en tan corto espacio de tiempo tras la exposici贸n. Cuanto m谩s si tenemos en cuenta que las enfermedades profesionales sin baja, es decir sin coste, han aumentado enormemente.

Tampoco es de recibo que la epidemia de los expuestos al amianto quede silenciada en el duelo de las familias que pierden a sus miembros sin que exista una compensaci贸n, un reconocimiento, una acci贸n colectiva y un trabajo serio y en profundidad para poner coto a este problema de salud p煤blica y tratar adecuadamente a las v铆ctimas, cuyo 煤nico "delito" fue convivir con unas materias y sustancias que fueron minando su integridad f铆sica. Lo mismo que con los enfermos por el amianto ocurre con los c谩nceres laborales, la sensibilizaci贸n por exposici贸n a qu铆micos聟 Pese a que desde Sanidad se reconocen m谩s de 12.000 muertes anuales por c谩nceres profesionales, la falta de registro y conocimiento exhaustivo de sus causas hace que la prevenci贸n y reducci贸n de este tipo de morbilidad sean muy dif铆ciles.

Las malas condiciones de trabajo est谩n privando de calidad de vida a los expuestos, que ya no s贸lo se ci帽en a los trabajos en sectores conocidos como la miner铆a, sino que han aflorado m谩s casos en otros 谩mbitos, como la construcci贸n, la manufactura industrial y otros. Las hipoacusias o sorderas profesionales, los problemas osteomusculares, son dolencias f铆sicas que castigan inexorablemente a los trabajadores y trabajadoras, y que deben ser objeto de atenci贸n prioritaria por los poderes p煤blicos.

Hoy d铆a se tiene consciencia de otros da帽os que, aunque denominamos emergentes, siempre han acompa帽ado al ser humano en su actividad productiva, los denominados riesgos psicosociales: trabajo a turnos, ritmos de trabajo a demanda, la competitividad, la retribuci贸n por objetivos, la precariedad y alta rotaci贸n en los empleos, la falta de seguridad en los puestos de trabajo, el desempleo聟 Todos modelos de empleo y de organizaci贸n del trabajo que propician que las empresas sean caldo de cultivo de "agentes pat贸genos" que producen enfermedades como: el estr茅s, la fatiga cr贸nica, el envejecimiento prematuro, el s铆ndrome del quemado o la violencia en el trabajo.

El objetivo de crear empleo para dar trabajo al mayor n煤mero de personas activas que carecen de una ocupaci贸n remunerada, no nos puede llevar a bajar la guardia. Aunque dicho objetivo es inaplazable, tambi茅n lo es el garantizar que quien va al trabajo vuelva en las mismas condiciones f铆sicas y ps铆quicas en las que fue; es m谩s, el trabajo ha de servir para que las personas satisfagan sus necesidades de forma digna y razonable. Para ello, las condiciones de trabajo han de permitir la participaci贸n constante y la manifestaci贸n permanente de los aspectos de mejora por parte de quien realiza la actividad productiva, con el fin de aumentar la seguridad.

Gaceta Sindical Especial 28 Abril