Archivado en Comunicados, Prevision Social

Hacia un nuevo modelo de pensiones privadas


Todo apunta a que la reforma fiscal que pondr谩 en marcha el Gobierno el pr贸ximo a帽o va implicar un replanteamiento del sistema de previsi贸n social complementaria con el objetivo de potenciar las pensiones promovidas por las empresas.


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El modelo de pensiones privadas, o lo que es lo mismo, la previsi贸n social complementaria, vuelve a estar encima de la mesa. El anuncio realizado el lunes pasado por el secretario de Estado Hacienda, Miguel 脕ngel Fern谩ndez Ord贸帽ez, sobre la intenci贸n del Gobierno de suavizar o eliminar las ventajas fiscales que disfrutan los planes de pensiones contratados por los particulares se lanz贸 junto a otro mensaje: 聯Lo que tenemos que hacer es avivar el ingenio para ver c贸mo podemos tocar otras teclas y retirar obst谩culos聰 para, en el marco de la negociaci贸n colectiva, crear algo que permita y estimule la previsi贸n social complementaria.

Estos dos mensajes afectan a dos negocios y dos formas de canalizar el ahorro para la jubilaci贸n que, aunque son similares, cuentan con caracter铆sticas muy diferentes: los planes de pensiones individuales, contratados voluntariamente por los particulares, y los de empleo, promovidos por las empresas para sus trabajadores.

Los planes individuales acumulan un patrimonio de 33.167 millones de euros, repartidos entre 6.68.526 part铆cipes y los de empresas gestionan 24.062 millones de 91.328 part铆cipes-trabajadores.

Los planes de particulares, como ponen de manifiesto estas cifras, son el motor de los fondos de pensiones. Este liderazgo tiene m谩s m茅rito a煤n si se tiene en cuenta que se trata de ahorro nuevo, lo contrario de lo que ocurre con los de empresa, donde lo que se ha producido, en la gran mayor铆a de los casos, es un trasvase de ahorro.

Exteriorizaci贸n

Cuando los planes de pensiones nacieron en Espa帽a, s贸lo las empresas p煤blicas, entre ellas Telef贸nica, la antigua Tabacalera, o el desaparecido Banco Exterior, invitadas o convencidas de las bondades de esta medida, trasformaron sus instrumentos de previsi贸n en fondos de pensiones.

El siguiente paso fue imponer a las empresas la obligaci贸n de exteriorizar estos compromisos por pensiones de forma que deb铆an ceder el importe de los fondos internos a una sociedad gestora experta para evitar que una hipot茅tica quiebra de la empresa supusiera la desaparici贸n de las futuras pensiones complementarias de sus plantillas, destinadas a complementar las pensiones de la Seguridad Social.

La exteriorizaci贸n, con la excepci贸n de los premios de jubilaci贸n a煤n pendientes, ha concluido, y pese a su car谩cter obligatorio, el patrimonio de los planes de empleo est谩 por detr谩s del que voluntariamente han ahorrado los particulares. La conclusi贸n es el fracaso de los planes de pensiones de empleo, el instrumento que desde todos los gobiernos, del PSOE y del PP, y desde los sindicatos se considera como el m谩s indicado para lograr que los futuros pensionistas no pierdan poder adquisitivo en el momento de su jubilaci贸n. Pero las empresas tienen una visi贸n distinta y los trabajadores tambi茅n.

La patronal CEOE rechaza la creaci贸n de planes de pensiones de empleo. Sus argumentos son varios y tienen mucha relaci贸n con el papel de los sindicatos en la gesti贸n de estos productos, pero el principal es el coste que supone a las empresas la creaci贸n de planes. S贸lo si se redujesen sus cotizaciones a la Seguridad Social, algo que rechazan de plano los sindicatos, en la misma medida en que aportaran a planes de pensiones, la CEOE cambiar铆a, previsiblemente, de posici贸n.

En el lado de los trabajadores, el escollo casi imposible de salvar es convencer a los empleados de la conveniencia de trasladar parte de sus ingresos actuales a un plan de pensiones, algo que puede resultar m谩s f谩cil cuando las renta son m谩s altas. No hay que olvidar que la tasa de sustituci贸n, el porcentaje del salario que un empleado recibe como pensi贸n p煤blica, es del cien por cien en buena parte de los asalariados con menores ingresos.

Con estos mimbres, la pretensi贸n lanzada ayer por el secretario de Estado de Hacienda de potenciar la previsi贸n social complementaria resulta complicada de lograr.

Si los planes de empleo se implantasen en el 100% del tejido empresarial espa帽ol y alcanzar谩 a toda la poblaci贸n laboral y si se mantienen los beneficios fiscales para las aportaciones a planes de pensiones de empresa, no resultar铆a descabellado pensar en la desaparici贸n de los incentivos fiscales para los planes de pensiones individuales, ya que con los de empleo los trabajadores tendr铆an garantizado su poder adquisitivo tras la jubilaci贸n.

Pero la realidad es que s贸lo 736.986 trabajadores cuentan con planes de pensiones de empresa. Otros 6,8 millones ahorradores, presionados tal vez por las continuas dudas que se lanzan desde prestigiosas organizaciones sobre la dudosa viabilidad de la Seguridad Social, han decidido ahorrar de cara a su jubilaci贸n a trav茅s de un producto que no les permite recuperar su inversi贸n hasta que no llegue el momento de su retirada del mundo laboral. La falta de liquidez de este producto puede alcanzar hasta alrededor de cuarenta a帽os, algo que no ocurre con ning煤n otro producto financiero.

Esta penalizaci贸n tiene su contrapartida en los beneficios fiscales que tienen las aportaciones a planes de pensiones. Pero para valorar estas desgravaciones no hay que olvidar que en realidad son un diferimiento, un retraso en el tiempo, ya que las prestaciones que reciben los part铆cipes ya jubilados s铆 est谩n obligadas a tributar y que estos pagos ir谩n en aumento progresivamente.

Invertir para aligerar la factura fiscal

Eliminar las desgravaciones fiscales que tienen ahora los planes de pensiones individuales puede llevar a la pr谩ctica desaparici贸n de estos productos.

Su atractivo se ver铆a seriamente perjudicado, ya que desaparecer铆an las deducciones y permanecer铆a la imposibilidad de recuperar lo invertido hasta la jubilaci贸n, salvo paro prolongado o enfermedad grave, momento en el que estar铆a obligado a pagar los impuestos correspondientes por rentas del trabajo. Si se reembolsa en forma de capital y han pasado dos a帽os y un d铆a, desde la primera aportaci贸n, las prestaciones est谩n exentas.

Desde la secretar铆a de Estado de Hacienda apuntan que no hay nada decidido, que todo est谩 en fase de estudio y que se respetar谩n los derechos adquiridos de los part铆cipes, es decir la desgravaci贸n anual a que tengan derecho los part铆cipes.

Uno de los mensajes lanzados ayer por Fern谩ndez Ord贸帽ez fue que los incentivos fiscales son 聯notablemente m谩s utilizados聰 por las rentas m谩s altas, lo que calific贸 de 聯injusticia聰 frente a las m谩s bajas. Se帽al贸 que la aportaci贸n media anual de tramos de renta hasta 12.000 euros fue de 789 euros en el a帽o 2002, un 23% m谩s frente a los 641 euros de 1996, mientras que en rentas superiores a los 120.000 euros, la cifra aument贸 un 96% en este periodo y pas贸 de 5.036 euros hasta 9.885 euros en estos a帽os.

Aportaciones m谩s elevadas

A la vista de estos datos, las reformas anunciadas ayer por Hacienda podr铆an centrarse en las aportaciones m谩s elevadas, las que pueden realizar los mayores de 52 a帽os. Hasta esta edad, el l铆mite de deducci贸n son 8.000 euros anuales, que se convierten en 24.250 euros a partir de los 65 a帽os.

En este 煤ltimo supuesto de edad, una inversi贸n que agote el l铆mite puede suponer una deducci贸n de casi el cincuenta por ciento de lo invertido. La rentabilidad fiscal de esta operaci贸n no se escapa a quienes tienen posibilidad de realizarla ni a los asesores fiscales. La intenci贸n de Hacienda podr铆a pasar por limitar estas deducciones. Desde diversos 谩mbitos se apunta que estas operaciones tienen poco que ver con el ahorro sistem谩tico destinado a complementar la pensi贸n p煤blica de la Seguridad Social y mucho con la optimizaci贸n fiscal, algo perfectamente legal si no se modifica la normativa.

Expansion, 17 de Octubre de 2004