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Iniciativas sindicales para un escenario de crisis


Intervenci贸n de Ignacio Fern谩ndez Toxo en el Club Siglo XXI Dentro del ciclo "La Encrucijada Europea"


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Agradezco, sinceramente al Club Siglo XXI que me haya invitado a participar en un foro de debate de tan larga trayectoria, prestigio y proyecci贸n. Deben saber que la invitaci贸n me fue cursada nada m谩s salir elegido secretario general de la Confederaci贸n Sindical de CCOO durante el 9潞 Congreso del sindicato, y que 煤nicamente razones de agenda han hecho que mi presencia no haya sido posible antes. Con esta invitaci贸n se pone de manifiesto el inter茅s de sus miembros por conocer las reflexiones y propuestas del sindicato al que represento en un momento particularmente grave de la historia reciente de nuestro pa铆s.

Quiero agradecer tambi茅n las amables palabras de Nicol谩s Sartorius en su presentaci贸n. CCOO es una organizaci贸n sindical de corta historia si se compara con la larga tradici贸n del sindicalismo en Espa帽a, pero, desde las primeras comisiones obreras que se eligieron a mediados de los a帽os cincuenta para canalizar las reivindicaciones de los trabajadores en las empresas, ha llegado a ser uno de los actores fundamentales de la historia contempor谩nea espa帽ola y ello s贸lo ha sido posible gracias a la decidida y sacrificada entrega de personas como Nicol谩s. Lo que CCOO es hoy, como sujeto social y pol铆tico, lo es gracias a 茅l, a Marcelino Camacho, a Juli谩n Ariza, a Antonio Guti茅rrez a Jos茅 M陋 Fidalgo y a todas aquellas personas, unas m谩s conocidas, la mayor铆a an贸nimas, que han dedicado lo mejor de ellas mismas a la causa de los trabajadores y las trabajadoras.

Comisiones Obreras naci贸 en el seno de la empresa para defender las reivindicaciones m谩s genuinas de los trabajadores, inmediatamente despu茅s incorpor贸 a ellas la conquista de las libertades democr谩ticas y a trav茅s de varias d茅cadas de lucha ha ido conformando lo que Marcelino denomin贸 como 聯sindicalismo de nuevo tipo聰, que no es otra cosa que un modelo de sindicato que, profundamente anclado en la empresa, la trasciende y supera cualquier tentaci贸n corporativa, para situarse como sindicato sociopol铆tico, aut贸nomo y que se identifica con la mejor tradici贸n de la izquierda.

Para un sindicato como CCOO la defensa, hoy, de los intereses de los trabajadores y trabajadoras, desde esa vocaci贸n sociopol铆tica a la que me he referido, supone interpretar correctamente la naturaleza de la crisis por la que atravesamos, desentra帽ar sus claves internacionales y su dimensi贸n nacional, proponer aquellas medidas m谩s adecuadas para superarla m谩s pronto que tarde, con el menor coste social posible y para salir de la misma m谩s reforzados; todo ello, en consonancia con el movimiento sindical internacional y desde una profunda afirmaci贸n europe铆sta.

Eso es lo que pretendo exponer hoy aqu铆, al hablar de las 聯Iniciativas sindicales para unescenario de crisis聰

Estamos ante la primera gran crisis financiera y econ贸mica de la globalizaci贸n.

La recesi贸n y la incertidumbre sobre el futuro siguen siendo los factores dominantes en la econom铆a mundial.

La crisis financiera desencadenada por los bancos norteamericanos, a trav茅s de los activos t贸xicos emitidos en base a las hipotecas de baja calidad, ha contaminado, en muy poco tiempo, no s贸lo el sistema financiero global, sino tambi茅n el segmento productivo, condenando a una fase recesiva --desconocida desde la Gran Depresi贸n de 1929-- a la mayor parte de las econom铆as mundiales y, en especial, a las de los pa铆ses m谩s desarrollados.

Los costosos planes de reflotamiento del sistema financiero, junto a los de activaci贸n de la demanda, aplicados en buena parte del mundo, han evitado el colapso, pero todav铆a no han conseguido normalizar la labor de intermediaci贸n de las entidades financieras y, mucho menos, salvar de la recesi贸n la actividad productiva de las principales econom铆as.

La crisis financiera y econ贸mica y la recesi贸n de la econom铆a mundial est谩n teniendo una extensi贸n, profundidad y duraci贸n mayor de la que reflejaban los primeros pron贸sticos. Las 煤ltimas predicciones 聳FMI, OCDE y OMC聳 apuntan a una disminuci贸n del PIB mundial, en 2009, entre un 1,5% y un 2%. En Europa, la ca铆da del PIB se situar铆a en torno al 4,2%. La ca铆da del comercio mundial estar铆a entre el 9% y el 10%.

El important铆simo aumento de los recursos del FMI, acordado en la Cumbre de Londres del G20, se debe a la previsi贸n de que en los pr贸ximos meses se sentir谩n fuertemente los efectos de la crisis en algunos pa铆ses emergentes y en v铆as de desarrollo, cuyas finanzas p煤blicas no podr谩n hacer frente a sus obligaciones de pago.

Aunque en abril han aparecido algunos indicadores positivos en la econom铆a de los EEUU y en su sector financiero, no todos los datos avalan un cambio de tendencia. Ning煤n an谩lisis riguroso se atreve a poner fecha al fin de una recesi贸n cuya gran velocidad de propagaci贸n se corresponde con las caracter铆sticas de una econom铆a globalizada.

La crisis est谩 generando mayores penalidades y sufrimientos a los trabajadores y trabajadoras, especialmente en aquellas 谩reas geogr谩ficas donde no existen sistemas de protecci贸n social o son muy insuficientes. La OIT estima que pueden destruirse m谩s de 50 millones de empleos.

Los gobiernos, coordinados los econ贸micamente m谩s fuertes en el G20, est谩n aplicando pol铆ticas keynesianas para salir de la recesi贸n mediante la reactivaci贸n de la demanda. Gobiernos e instituciones financieras internacionales parecen apostar por la regulaci贸n. La lucha contra el cambio clim谩tico y el desarrollo sostenible est谩 pasando de la 茅poca de las declaraciones a la de los compromisos y la implementaci贸n de medidas. Sin embargo, no sucede lo mismo con los derechos fundamentales del trabajo. Los avances en la Declaraci贸n de la Cumbre de Londres del G20 respecto a la de Washington no se hubieran producido, probablemente, sin el cambio de gobierno en los EEUU.

Los primeros pasos dados por la nueva Administraci贸n dem贸crata apuntan a un cambio tanto en pol铆tica interior, como en el campo de las relaciones exteriores. En este terreno el cambio es, ante todo, en las formas, que ahora parecen presididas por la voluntad de di谩logo y la vuelta al multilateralismo. Si bien no se puede perder de vista que una potencia como los EEUU no dejar谩 de defender nunca sus intereses nacionales, el modo de relacionarse puede suponer, en s铆 mismo, un valor importante, m谩xime si se compara con el extremismo unilateralista y conservador del Gobierno de George W. Bush.

En la Declaraci贸n final de Washington y los primeros borradores de la Declaraci贸n de Londres del G20 se han introducido el empleo y los temas sociales. La OIT tomar谩 parte en el seguimiento y evaluaci贸n del impacto de las acciones relacionadas con el empleo. La Cumbre se comprometi贸 a abrir un debate m谩s amplio sobre los valores clave y principios para un desarrollo econ贸mico sostenible y la elaboraci贸n de una 聯Carta聰 sobre los mismos, seg煤n la propuesta realizada por la canciller Merkel.

Se comprometen 1,1 billones de d贸lares, en su mayor parte a trav茅s del FMI, para facilitar cr茅ditos a las econom铆as emergentes y en v铆as de desarrollo que no puedan hacer frente a sus pagos con el exterior. Sin embargo, por el contrario, no se establecen nuevos planes para un est铆mulo coordinado de la demanda global.

Se ha alcanzado un acuerdo m谩s amplio para reforzar la regulaci贸n de las finanzas mundiales, que incluye los 聯hedge funds聰 importantes y la persecuci贸n de los para铆sos fiscales o 聯no cooperativos聰, en base a las listas del grupo GAFI1de la OCDE. Sin embargo, el control de la regulaci贸n se deja en manos del Foro de Estabilidad Financiera en lugar de establecer una 聯autoridad reguladora supranacional聰.

La Cumbre volver谩 a reunirse en 2009, para evaluar los resultados de la aplicaci贸n de las medidas adoptadas y aprobar otras nuevas (probablemente en septiembre en Nueva York, coincidiendo con las sesiones de la Asamblea General).

La previa acci贸n coordinada de las centrales de la Confederaci贸n Sindical Internacional (CSI, en adelante) con los Gobiernos del G20, y las propuestas al borrador de Declaraci贸n, formuladas en la Cumbre de Londres por la delegaci贸n sindical internacional, han tenido su impacto en la misma y se ha logrado subrayar la importancia de 聯las necesidades y empleos de las familias trabajadoras聰 y la necesidad de 聯restaurar la confianza, el crecimiento y los empleos聰.

Es justo reconocer la receptividad expresada por el Gobierno espa帽ol a las demandas que, en consonancia con las formuladas por la CSI, le hicimos llegar CCOO y UGT y su positiva actuaci贸n posterior.

1GAFI son las siglas del Grupo de Acci贸n Financiera Internacional, grupo de trabajo creado en el seno de la OCDE, que en la actualidad es la 煤nica instancia supranacional que tiene como objetivo combatir el lavado de dinero y las actividades il铆citas de los para铆sos fiscales. El GAFI realiza estudios, emite recomendaciones y publica las listas -颅negra y gris-- de los pa铆ses y jurisdicciones que no aceptan cooperar con el GAFI y sus fines por tener legislaciones y pr谩cticas permisivas con el blanqueo de capitales y otros delitos financieros.

La Cumbre, condicionada en este aspecto por el diferente enfoque con el que llegaron a la misma los distintos pa铆ses, no adopt贸 nuevas medidas de est铆mulo fiscal, s贸lo se comprometi贸 a hacerlo 聯si fuera necesario聰. Sin embargo, respecto al empleo s铆 se logr贸 introducir por iniciativa sindical: (1) que la Declaraci贸n hiciera suyas las conclusiones de la Cumbre Social de Roma del G8, que incluyen una referencia a las discusiones de la pr贸xima Conferencia de la OIT y a su propuesta de Pacto Mundial por el Empleo; (2) encomendar a la OIT la evaluaci贸n del impacto de las medidas adoptadas en el empleo y la formulaci贸n de nuevas propuestas en este campo; y

(3) con ello, abrir el camino para alcanzar el objetivo sindical de establecer una cooperaci贸n estructurada y la creaci贸n de un grupo de trabajo sobre empleo en el seno del G20. Para lograrlo y conseguir un buen desarrollo de las otras dos referencias es necesario intensificar la presi贸n sindical.

La Declaraci贸n de Londres acoge una referencia a la llamada 聯Iniciativa Merkel-Tremonti聰 para adoptar 聯una Carta Global para una actividad econ贸mica sostenible聰. Se compromete a abordar, en la pr贸xima cumbre, la consecuci贸n de un consenso global sobre los valores clave y los principios para ello. La importancia de esta cuesti贸n, si se llegara a un acuerdo, es que la base de la iniciativa es el compendio que la OCDE est谩 realizando de las principales normas econ贸micas y sociales internacionales, incluyendo las normas laborales fundamentales de la OIT. La coherencia de las normas de la OMC, el FMI, el BM y la OCDE con las de la OIT es un objetivo fundamental del movimiento sindical internacional, que deber铆a colocar en pie de igualdad a las normas fundamentales de la OIT con los principales instrumentos internacionales ratificados en los campos del comercio, las finanzas, la inversi贸n y el desarrollo.

En este contexto, la actividad principal de las internacionales sindicales durante los pr贸ximos a帽os estar谩 orientada a enfrentar la crisis y sus consecuencias sobre el empleo y los derechos de los trabajadores y las trabajadoras; al tiempo que plantea un modo de salir de la crisis reactivando la econom铆a mundial, que implique un cambio del modelo de crecimiento y el fin del modelo neoliberal de globalizaci贸n. En este sentido, la CSI, a la que pertenece CCOO, est谩 proponiendo:

聲 Una regulaci贸n normativa del sistema financiero internacional y la creaci贸n de 贸rganos multilaterales de supervisi贸n y control.

聲 La reforma de las instituciones financieras y econ贸micas internacionales.

聲 Un gobierno democr谩tico del mundo, tambi茅n de lo econ贸mico y lo social.

聲 La liberalizaci贸n comercial respetando los principios de un comercio justo.

聲 La universalizaci贸n de los Principios y Derechos Fundamentales del Trabajo y del Trabajo Decente.

聲 La construcci贸n de un nuevo modelo econ贸mico basado en los principios del desarrollo sostenible y en la eliminaci贸n de la pobreza. Nueva econom铆a baja en emisiones de carbono y creadora de 聯empleos verdes聰. Negociaci贸n de la transici贸n hacia ella y de los impactos en el empleo.

Con la crisis como tel贸n de fondo y con car谩cter previo a la reuni贸n de G20, se celebr贸 la Cumbre de Primavera de la UE bajo presidencia checa.

En el marco de la misma se celebr贸 una cumbre social con la participaci贸n de la presidencia del Consejo y los presidentes de los tres pa铆ses: Chequia, Espa帽a y Suecia; es decir, quien preside y aquellos que le suceder谩n en la presidencia.

Tanto en la cumbre social, donde CCOO intervino en representaci贸n de los sindicatos espa帽oles, como en la cumbre europea se pusieron de manifiesto la dificultad de articular un marco com煤n de actuaciones frente a la crisis y, como luego se pudo comprobar en Londres en la reuni贸n del G20, la disparidad de criterios para consensuar un plan de actuaciones a escala internacional.

La UE, a las puertas de las elecciones al Parlamento Europeo, aparece ante la ciudadan铆a carente de impulso, debilitada frente a otras 谩reas del mundo, con riesgos serios de renacionalizaci贸n de la iniciativa pol铆tica; hechos que, adem谩s de restar eficacia a la acci贸n en cada uno de los pa铆ses, est谩n logrando un incremento del euroescepticismo, que sin duda se va a manifestar con un creciente desapego de la poblaci贸n, que hoy amenaza con expresarse en forma de una alt铆sima abstenci贸n en dichas elecciones.

La ampliaci贸n de la UE, mal digerida en lo pol铆tico; el embarrancamiento del proyecto de Constituci贸n Europea; el clima de inseguridad que la globalizaci贸n sin reglas ha producido en sectores numerosos de la ciudadan铆a europea y que se proyecta contra las instituciones de la UE; la insensibilidad social que manifiestan y los intentos de recortar derechos laborales, a trav茅s de iniciativas legislativas o de sentencias del Tribunal de Justicia Europeo (TJCE); la falta de liderazgo 聳personal y colectivo聳 de unos partidos pol铆ticos europeos desprovistos de fuerza, coherencia y proyecci贸n; el continuo abordaje, por parte de responsables pol铆ticos y medios de comunicaci贸n, de los grandes temas europeos en clave de las miopes pol铆ticas nacionales聟, son los aspectos, con algunas otras razones, que han sumido a la UE en un estado de aguda debilidad pol铆tica y de gran distanciamiento entre sus instituciones y la poblaci贸n.

El que esto ocurra en un momento de profunda crisis, pero tambi茅n de esperanzas de cambio, es particularmente lamentable no s贸lo para la UE, sino para el resto del mundo, que deber铆a tener a Europa como modelo de integraci贸n econ贸mica, social y pol铆tica.

El movimiento sindical europeo, agrupado en torno a la Confederaci贸n Europea de Sindicatos (CES) viene luchado por revertir esta tendencia. Se comprometi贸 con el proyecto de Constituci贸n Europea, presion贸 para frenar las directivas de tiempo de trabajo y de servicios y promueve un 聯Pacto social europeo聰 que permita afrontar la crisis tambi茅n en el marco de la Uni贸n Europea, sobre el restablecimiento del derecho del trabajo frente a la prevalencia de la regulaci贸n mercantil, sobre la protecci贸n y la cohesi贸n social, frente aquellos que apuestan por el debilitamiento del Estado del Bienestar que ha sido se帽a de identidad del modelo social europeo.

Contribuir a superar esta situaci贸n, desde la cr铆tica y la propuesta, es la prioridad del sindicalismo europeo y de la CES, y por ello nos movilizamos, de manera extraordinariamente masiva los pasados 14,15 y 16 de mayo, primero aqu铆 en Madrid, despu茅s en Bruselas, Berl铆n y finalmente en Praga.

En mi opini贸n, la UE debe dotarse de una mayor consistencia, coherencia pol铆tica y protagonismo. Urge un nuevo impulso a la integraci贸n pol铆tica, que genere nuevos mecanismos de intervenci贸n p煤blica en el conjunto de la Uni贸n, que garantice derechos sociales y laborales homog茅neos; es decir, derechos de ciudadan铆a europea en los distintos pa铆ses y que huya de las tentaciones nacionalistas, que no suponen ninguna soluci贸n econ贸mica y que 煤nicamente contribuyen a alimentar reacciones xen贸fobas. Llamaremos a la participaci贸n electoral, somos los primeros interesados en el reforzamiento de las instituciones europeas. En las pr贸ximas elecciones no se dirime 煤nicamente la composici贸n pol铆tica del Parlamento Europeo, se dirime tambi茅n c贸mo Europa enfrenta la crisis y el papel que 茅sta va a jugar en un nuevo concierto econ贸mico y pol铆tico internacional.

En este contexto, Espa帽a, que no est谩 al margen del escenario econ贸mico internacional, vive su propia crisis fruto del agotamiento de un modelo de crecimiento que ha explotado por demasiado tiempo ventajas competitivas asociadas casi exclusivamente a los costes del trabajo.

El dato conocido sobre la evoluci贸n del PIB con una ca铆da del 3% en tasa interanual es muy negativo y supone el peor resultado de la econom铆a espa帽ola desde la transici贸n.

Los efectos que esta fuerte ca铆da de la actividad econ贸mica est谩 teniendo en el empleo en este mismo per铆odo han sido tambi茅n dram谩ticos; el desempleo se ha situado en un 17% de la poblaci贸n activa, con m谩s de cuatro millones de desempleados, y el diferencial entre el paro registrado y la EPA apuntan a un importante crecimiento de la econom铆a sumergida, as铆 como al crecimiento de una nueva bolsa de inmigrantes en situaci贸n de irregularidad, sobrevenida como consecuencia directa de la permanencia en el desempleo de una franja creciente de los mismos.

El crecimiento del desempleo en Espa帽a tiene como origen la incapacidad de la econom铆a para absorber el crecimiento de la poblaci贸n activa y la destrucci贸n de puestos de trabajo.

El proceso de destrucci贸n, que comenz贸 en la construcci贸n residencial y los servicios vinculados a la misma, se ha extendido por el conjunto de los sectores de la econom铆a, incluida la industria.

La alt铆sima proporci贸n de trabajadores temporales sobre el total de asalariados, cuyos costes de despido son pr谩cticamente nulos, ya que la mayor parte de los despidos se hace a la finalizaci贸n de los contratos, est谩 detr谩s de esta fuerte ca铆da del empleo, un mill贸n trescientos mil trabajadores menos que hace un a帽o.

Estamos, por tanto, sufriendo un ajuste pasivo de la crisis, lo que evidenciar铆a la escasa eficacia --dada la magnitud del problema-- de las medidas puestas en marcha por el Gobierno para hacerle frente, pero tambi茅n las enormes debilidades del modelo de crecimiento desarrollado en nuestro pa铆s en los 煤ltimos a帽os, basado en la especulaci贸n inmobiliaria y en la especializaci贸n productiva en sectores con bajos niveles de innovaci贸n y productividad, bajos salarios y alta precariedad.

En t茅rminos macroecon贸micos, en la actualidad el principal riesgo de desequilibrio va a ser el d茅ficit p煤blico, ya que la pr谩cticamente estabilizaci贸n del IPC en los 煤ltimos meses, con algunos ligeros decrecimientos en alg煤n mes, est谩 haciendo que, por ahora, la inflaci贸n haya dejado de ser un problema en t茅rminos de diferencial con la UE, apenas medio punto en febrero de 2009.

La mayor contracci贸n de las importaciones con una reducci贸n en volumen del 30% en enero de este a帽o (las exportaciones han disminuido en un 23%) est谩 suponiendo una reducci贸n del d茅ficit exterior, en el cuarto trimestre de 2008 era del 7,8% del PIB frente al 9% de la media anual, aunque a煤n se mantiene en vol煤menes elevados.

El crecimiento de los gastos derivados de las pol铆ticas antic铆clicas, principalmente el gasto en protecci贸n por desempleo, as铆 como el esfuerzo inversor desarrollado por el Gobierno en obras p煤blicas para reducir la sangr铆a de empleo en el sector de la construcci贸n, con unos ingresos que se est谩n reduciendo por efecto de la menor actividad econ贸mica, puede suponer un d茅ficit del Estado al final del a帽o de un 7%.

Es verdad que hay margen de endeudamiento, ya que las previsiones oficiales son que la deuda p煤blica llegue al 46% del PIB este a帽o, a煤n muy por debajo de la media de la UE que est谩 en un 68%. Pero un r谩pido crecimiento del endeudamiento p煤blico puede a帽adir dificultades a la recuperaci贸n del cr茅dito para las familias y las empresas.

Por eso, las mayores necesidades de gasto p煤blico que demanda la actual crisis econ贸mica deben ser cubiertas, en primer lugar, por nuevos ingresos fiscales, lo que requiere una vuelta atr谩s en el proceso de desfiscalizaci贸n de las rentas altas experimentado por la hacienda p煤blica en el 煤ltimo decenio. Es decir, una subida de los tipos m谩ximos del IRPF y el restablecimiento del impuesto del patrimonio, o un nuevo impuesto sobre grandes fortunas, as铆 como reactivar la lucha contra el fraude fiscal. En este sentido deber铆a considerarse la supresi贸n de los 400 euros del IRPF, as铆 como potenciar la red p煤blica de educaci贸n 0-3 a帽os frente a los 2.500 euros de subvenci贸n por nacimiento de un hijo.

Las causas de la situaci贸n que vivimos en Espa帽a, hay que reiterarlo, no residen en el mercado laboral; las razones 煤ltimas de la profundidad de la crisis no hay que buscarlas ah铆. Algunos sectores de opini贸n han dedicado ingentes esfuerzos a intentar convencer a la sociedad de que 煤nicamente la situaci贸n internacional era la que estaba provocando la ca铆da, en picado, del ciclo econ贸mico de bonanza en Espa帽a, con las consecuencias derivadas de destrucci贸n de empleo y deterioro social.

Espa帽a habr铆a entrado en crisis aun sin crisis internacional. 脡sta, cierto es, ha venido a empeorar lo que ya presentaba s铆ntomas evidentes de gravedad.

La crisis espa帽ola tiene caracter铆sticas propias, derivadas de un tejido productivo, el espa帽ol, que arrastra d茅ficit estructurales, que se muestra incapaz de competir en un mundo de econom铆a abierta, como pone de manifiesto el desequilibrio en la balanza comercial aun en unas circunstancias como las actuales, que no se puede compensar con llamamientos voluntaristas al consumo de bienes y servicios espa帽oles.

La crisis espa帽ola se produce por el agotamiento de un modelo de producci贸n que ha servido, aprovechando unas determinadas ventajas competitivas propias de nuestro pa铆s, para el impulso del crecimiento econ贸mico y la modernizaci贸n de Espa帽a en las 煤ltimas d茅cadas. Ese impulso ha llegado a su fin. Se ha alargado durante excesivo tiempo la explotaci贸n de esas ventajas competitivas muy vinculadas al factor coste de trabajo, incluida la protecci贸n social, descuidando la necesaria e imperiosa transformaci贸n del patr贸n de crecimiento.

Las reformas parciales que se han venido sucediendo han puesto el acento donde no hab铆a necesidad, con el prop贸sito de estirar el mantenimiento de esas ventajas a las que antes alud铆a. Esas reformas que pretend铆an seguir explotando la misma veta y privilegios son defendidas por sectores muy influyentes y sus altavoces medi谩ticos; seg煤n ellos, para aumentar la competitividad y la productividad de nuestras empresas hay que modificar el Estatuto de los Trabajadores y replantearse qu茅 Seguridad Social queremos y nos podemos permitir. CCOO ha rechazado esta tesis, porque nos parece una fuente exhausta y ya exprimida hasta la 煤ltima gota.

Desde CCOO planteamos una alternativa de trabajo distinta que, poco a poco, se va abriendo paso en la sociedad. Las cr铆ticas fueron feroces cuando explicitamos que no est谩bamos en disposici贸n de aceptar la congelaci贸n generalizada de los salarios en la negociaci贸n colectiva.

Como por esta v铆a no hallaron luz, quisieron cobrarse otra pieza b谩sica, la reducci贸n en 3 puntos de las cotizaciones a la Seguridad Social. As铆 las cosas, se entender谩 el desacuerdo en la renovaci贸n del ANC para 2009.

Seguimos sin compartir la idea de que para salir de la crisis hay que abaratar los costes salariales directos e indirectos. Parece obvio que no se puede combatir con eficacia la ca铆da del consumo detrayendo recursos que pudieran incentivar aquel. Adem谩s, la deflaci贸n que se apunta en el horizonte puede agravar los s铆ntomas de la crisis y traer como consecuencia mayor destrucci贸n de tejido industrial y de puestos de trabajo.

En este contexto, tambi茅n hemos rechazado la tesis de una supuesta reforma laboral que flexibilizara a煤n m谩s nuestro mercado de trabajo. Las estad铆sticas recientes avalan nuestra posici贸n de que la flexibilidad sin m谩s no crea puestos de trabajo, ni estables ni temporales. En Espa帽a el despido no es caro ni el mercado laboral r铆gido, son mitos que nos quiere imponer un discurso ya superado por la realidad.

Hay una cultura de empresa muy extendida en nuestro pa铆s que dice que la temporalidad, con tasas que han venido oscilando entre el 27% y el 35%, ha sido la causa de nuestro despegue econ贸mico y del crecimiento espectacular del Producto Interior Bruto (PIB), lo que nos ha llevado a crear el doble de empleo que la media europea (zona euro). Una afirmaci贸n que se puede responder con otra: la econom铆a espa帽ola duplica la tasa de destrucci贸n de empleo de la media europea, y lo hace con mayor velocidad.

Un ejemplo de lo que acabo de afirmar lo encontramos en los recientes indicadores sobre la evoluci贸n del PIB en el primer trimestre de 2009 en los pa铆ses de la UE y su repercusi贸n en el empleo. Mientras Espa帽a es uno de los pa铆ses en que menos cae la econom铆a, en comparaci贸n a Francia, Alemania o Italia, es sin embargo, el pa铆s en que m谩s empleo se destruye.

De hecho, de los empleos perdidos en Espa帽a 煤nicamente el 6% se producen a trav茅s de los Expedientes de Regulaci贸n (ERE), el 35% vienen del despido individual y casi el 60% se originan por la no renovaci贸n de los contratos.

Es el uso y abuso de la temporalidad, el continuo fraude de ley en la contrataci贸n, la ausencia de controles administrativos fruto de una Inspecci贸n de Trabajo infradotada, lo que hace que en nuestro pa铆s se destruya tan masiva y r谩pidamente empleo.

Por su parte, el coste del despido objetivo en Espa帽a es de veinte d铆as por a帽o. S贸lo el despido declarado improcedente por un juez recibe una indemnizaci贸n de cuarenta y cinco d铆as, y siempre que la contrataci贸n no se haya hecho con la 煤ltima modalidad acordad con los sindicatos en 1997, en cuyo caso es de 33 d铆as por a帽o. La inmensa mayor铆a de los despidos que se producen en nuestro pa铆s, al venir, como he comentado, de la no renovaci贸n de los contratos o de contratos temporales, no suponen ning煤n coste para el empresario o se limita a ocho d铆as por a帽o trabajado.

脡sta es la clave del rechazo sindical a la propuesta de contrato 煤nico. El contrato 煤nico supondr铆a un paso m谩s en la ruptura del principio de causalidad, en este caso acompa帽ado de la causa de la extinci贸n del contrato de trabajo, puesto que es solo la voluntad unilateral del empresario y su libre valoraci贸n de las circunstancias que aconsejan su acci贸n las que hacen posible la extinci贸n del vinculo contractual, cuyo efecto m谩s grave no ser铆a la reducci贸n del coste del despido, sino la descausalizaci贸n de la contrataci贸n y la eliminaci贸n de la tutela judicial.

Por tanto, no estamos ante una nueva figura contractual para superar la dualidad existente en nuestro mercado laboral, algo que a CCOO tambi茅n le preocupa, sino ante una f贸rmula que con la apariencia de nueva no persigue otra cosa que recuperar la tasa de ganancia perdida en estos momentos por 聯la vieja v铆a聰 de seguir presionando a la baja sobre los costes laborales.

Tampoco creemos que la soluci贸n a los problemas actuales, en relaci贸n a la competitividad de las empresas, venga por la reducci贸n de las cotizaciones sociales. Lo que sostienen las organizaciones patronales, de llevarse a efecto, supondr铆a transferir a excedente empresarial directamente, y de una sola vez, 11.500 millones de euros, al tiempo que al finalizar el a帽o en curso la Seguridad Social arrojar铆a un d茅ficit de 9.000 millones de euros. En un m谩ximo de 7 a帽os, si se aplicara una medida de este calado, nos llevar铆an por delante el Fondo de Reserva de la Seguridad Social y al poco tiempo el Sistema P煤blico de Pensiones. No compartimos las tesis expuestas. Estamos trabajando en la direcci贸n opuesta, aportando ideas, realizando propuestas y elaborando alternativas que pongan a los trabajadores en el centro de la cuesti贸n. Contra los derechos de los trabajadores no existe soluci贸n ni alternativa social viable.

Si lo que realmente se quiere es enfrentar el problema de la productividad y de la competitividad de las empresas, uno de los mayores d茅ficit de la econom铆a espa帽ola, vuelvo a reiterar, las soluciones no pueden buscarse, como sistem谩ticamente reclaman determinados sectores, en reformas regresivas del mercado laboral, que no dejan de suponer una suerte de flexibilidad externa, que acaba siempre acarreando m谩s desregulaci贸n, temporalidad y, al final, desempleo.

Por el contrario, hay que impulsar medidas que incrementen la eficacia en la utilizaci贸n de los factores productivos superando la brecha que mantenemos todav铆a con respecto a la media de la UE, en asuntos como la dotaci贸n de infraestructuras, las inversiones en Investigaci贸n, Desarrollo e innovaci贸n -donde hay que destacar especialmente el escaso esfuerzo tecnol贸gico de las empresas- la baja difusi贸n de las tecnolog铆as de la informaci贸n y la comunicaci贸n o los niveles relativamente m谩s bajos de la cualificaci贸n de la fuerza del trabajo, que se reflejan en indicadores como el menor desarrollo de la formaci贸n profesional o los elevados 铆ndices de abandono escolar.

Incrementar, en definitiva, los niveles de productividad de nuestra econom铆a exige, cambio tecnol贸gico, formaci贸n y estabilidad en el empleo y una eficaz organizaci贸n del trabajo. Para ello, el papel de la negociaci贸n colectiva es crucial.

La reforma de 1994 vino a hacer disponibles para el convenio colectivo elementos importantes para la relaci贸n laboral, antes reservados a la Ley. Pero lo que podr铆a haber sido utilizado para dar un salto cualitativo importante se vio limitado, a mi juicio, por dos factores: La reforma del art铆culo 84 del Estatuto de los Trabajadores y la falta de coraje para normar la participaci贸n sindical en la empresa, equiparando el modelo espa帽ol al de buena parte de los pa铆ses de la UE.

El acuerdo de 1997, si bien permiti贸 dar pasos importantes, apenas pudo corregir alguna de las disfunciones del convenio colectivo y la reforma del 2001 embarranc贸 en el arrecife de los convenios de empresa.

CCOO est谩 dispuesta a participar del debate sobre la reforma de la negociaci贸n colectiva en Espa帽a. Soy consciente que proponer reformar la instituci贸n de la Negociaci贸n Colectiva tiene menos impacto medi谩tico que hacerlo de la contrataci贸n laboral, pero de lo que no me caben dudas es de la necesidad de una y la inconveniencia de otra.

Desde nuestro punto de vista, esta reforma que deber铆a afectar fundamentalmente a la estructura de la negociaci贸n, articulaci贸n, concurrencia y sujetos legitimados tendr铆a que suponer una mayor implicaci贸n del sindicato en la empresa, en la organizaci贸n del trabajo, lo que, junto a una mayor inversi贸n en innovaci贸n y desarrollo tecnol贸gico, llevar铆a aparejado un incremento de la productividad muy necesario para garantizar una mayor capacidad competitiva de nuestros bienes y servicios.

Apostamos por la flexibilidad interna en la empresa, gobernada entre sindicatos y empresarios desde el seno de la misma y desde los sectores productivos frente a la flexibilidad externa.

En esta misma direcci贸n es necesario, tambi茅n, abrir un espacio de reflexi贸n y negociaci贸n sobre la participaci贸n institucional de los agentes sociales. 脕mbitos de participaci贸n plenamente consolidados en la pr谩ctica totalidad de los pa铆ses de la UE-15, pa铆ses que, como hemos visto, son menos vulnerables a la destrucci贸n de empleo.

Sirva como ejemplo que una de las bases del capitalismo renano ha venido siendo la participaci贸n de los trabajadores en las empresas. De esta forma, en las propias empresas se toman decisiones no basadas en elcortoplacismodel mayor beneficio en el menor tiempo, algo que ven铆an haciendo los especuladores a trav茅s de los fondos de inversi贸n, que extend铆an sus tent谩culos por la econom铆a productiva despreciando conceptos como reinversi贸n de beneficios, sostenibilidad empresarial, mejora de la calidad y cualificaci贸n del empleo, esfuerzo de innovaci贸n, etc.

Es indudable que una mayor presencia de los intereses de los trabajadores no s贸lo en el reparto de la riqueza generada en la empresa, sino tambi茅n en las decisiones sobre la generaci贸n de esa riqueza, permiten que el marco de actividad empresarial est茅 presidido por otras motivaciones distintas a la del r谩pido enriquecimiento.

La generaci贸n de confianza entre todos los que hacen posible que una empresa funcione, la b煤squeda de intereses colectivos m谩s amplios, es la mejor garant铆a para que el proyecto empresarial consiga sus objetivos y la econom铆a en general funcione con criterios de mayor equidad y responsabilidad social.

Como ya apuntamos desde CCOO antes del 9潞 Congreso Confederal: 聯de la crisis no se sale deteriorando los derechos laborales y reduciendo el papel de los sistemas de protecci贸n聰.

A CCOO le preocupan las personas.

Detr谩s de las abrumadoras estad铆sticas del paro hay personas con nombres y apellidos, con necesidades y proyectos vitales que una sociedad como la nuestra no puede frustrar. Nos preocupan todos aquellos que queriendo trabajar no pueden hacerlo, los que buscan empleo y no lo encuentran, los que lo han perdido, los que se incorporan por primera vez al mercado laboral聟 Nos preocupa el rostro generacional, de g茅nero y 茅tnico que adopta el paro. En el caso de los y las trabajadores y trabajadoras inmigrantes en mayor medida, pues ellos no disponen de la red de seguridad que supone el n煤cleo familiar lo que les hace m谩s vulnerables y f谩cil pasto de la econom铆a sumergida o la exclusi贸n social.

Valoramos el compromiso del Gobierno de que, m谩s all谩 de las circunstancias coyunturales, se dar谩 cobertura a las personas que han perdido o pierdan el empleo en esta situaci贸n de crisis. Pero no hay que olvidar que los sistemas p煤blicos de protecci贸n social contra el desempleo, tanto en su vertiente contributiva como asistencial, no van a ser suficientes para cubrir todas las necesidades si el ciclo bajista econ贸mico se extiende m谩s all谩 de lo previsible. Ya se est谩 conformando una zona de exclusi贸n social muy preocupante; las cifras oficiales del desempleo indican que son m谩s de un mill贸n de ciudadanos los que no reciben prestaci贸n, que se solapan, quiz谩s, con la econom铆a sumergida y las personas perceptoras de rentas b谩sicas o salarios de inserci贸n.

Los datos reales son desconocidos porque falta coordinaci贸n eficaz entre las distintas Administraciones P煤blicas, incluidas las comunidades aut贸nomas, que tienen competencias en este terreno transferidas por el Estado.

Esta realidad, que bien se puede calificar de emergencia es lo que lleva a CCOO y UGT a proponer un 聯Acuerdo por el empleo y la protecci贸n social聰presentado ayer mismo a la sociedad a trav茅s de los medios de comunicaci贸n.

Las alternativas sindicales que encierran la propuesta citada persiguen un doble objetivo:

En primer lugar, intervenir para hacer frente a la actual coyuntura de crisis: protegiendo m谩s y mejor a quienes m谩s la sufren; reactivando la econom铆a para evitar que se siga destruyendo empleo y reformando nuestro sistema financiero para garantizar el flujo de cr茅dito a las familia y empresas.

En paralelo, proponemos actuar con visi贸n estrat茅gica para cambiar el patr贸n de crecimiento que ha seguido la econom铆a espa帽ola hasta la fecha y que es responsable, en gran medida, de la situaci贸n por la que atravesamos: debemos apostar por una base industrial s贸lida que invierta en I+D+i, por mejorar el sistema educativo y vincularlo m谩s y mejor al sistema productivo, y por consolidar y ampliar nuestro sistema de protecci贸n social.

La primera preocupaci贸n deben ser las personas. Particularmente las que est谩n perdiendo el empleo o no pueden acceder a 茅l.

La ca铆da de la actividad econ贸mica est谩 suponiendo una gran destrucci贸n de empleo. Una parte significativa, ya lo he apuntado, son j贸venes, mujeres e inmigrantes que ten铆an contratos temporales, caracterizados por bajos salarios e insuficiente tiempo de cotizaci贸n como para acumular derechos de protecci贸n por desempleo, lo que est谩 provocando que muchas personas y familias tengan escasas expectativas de garantizar unas m铆nimas condiciones de vida.

El riesgo de incremento de la exclusi贸n social es evidente y para evitarlo tenemos que: ampliar y mejorar la protecci贸n por desempleo; adoptar mejoras en la Renta Activa de Inserci贸n; conseguir una mayor integraci贸n de las pol铆ticas activas de empleo; reorientar la actuaci贸n de los Servicios P煤blicos de Empleo y mejorar su funcionamiento; reformar la legislaci贸n concursal;聟

Reactivar la econom铆a

Simult谩neamente hay que actuar para evitar que el desempleo siga creciendo e, incluso, para que se generen nuevos puestos de trabajo, y ello s贸lo es posible si intervenimos para reanimar la actividad econ贸mica. Actuar en este sentido requiere una decidida iniciativa p煤blica (inversi贸n directa en infraestructuras y sectores econ贸micos, garant铆as para que fluya el cr茅dito聟) a fin de que se generen las condiciones en las cuales el sector privado encuentre los est铆mulos y garant铆as suficientes para mantener las actuales iniciativas empresariales o iniciar nuevos proyectos.

Para ello proponemos: acometer nuevos programas de inversi贸n p煤blica, tanto en lo que se refiere a la dotaci贸n de infraestructuras f铆sicas como tecnol贸gicas, que apuesten por la anticipaci贸n de obra p煤blica prevista en el marco del Plan Estrat茅gico de Infraestructuras y Transporte (PEIT), que vertebren el territorio y establezcan una red transversal de comunicaciones; adoptar medidas encaminadas al aumento del parque de viviendas en alquiler, mediante una acci贸n concertada del conjunto de Administraciones P煤blicas y el sector privado; abordar un plan de rehabilitaci贸n urbana y de vivienda residencial, con especial atenci贸n al aumento de la eficiencia energ茅tica; acelerar la construcci贸n de los centros educativos y sanitarios p煤blicos; desarrollar la aplicaci贸n de Ley de Dependencia;聟

Revisar el funcionamiento del sistema financiero

En las condiciones actuales en las que no est谩 fluyendo adecuadamente el cr茅dito a las familias ni a las empresas, a pesar de las medidas que ha puesto en marcha el Gobierno, es clave normalizar el funcionamiento del sistema financiero espa帽ol como intermediario entre el ahorro y el cr茅dito, que presenta sus propias deficiencias como suma de causas bastante complejas.

La diferencia en los vencimientos entre la deuda de las instituciones financieras espa帽olas con inversores extranjeros (m谩s de 200.000 millones de euros en el plazo de dos a帽os) y la que mantienen con ellos los agentes econ贸micos espa帽oles (plazo medio superior a los veinte a帽os), el sobreendeudamiento de familias y empresas espa帽olas y los fallidos provocados por la crisis (en una proporci贸n y cuant铆a elevada corresponde a promotoras inmobiliarias), complican bastante la generaci贸n de nuevo cr茅dito.

Por otra parte, la garant铆a de cr茅dito de las peque帽as y medianas empresas es un elemento muy importante para mejorar el funcionamiento de la econom铆a espa帽ola, pero la amplitud y el volumen de recursos de las medidas aprobadas hasta la fecha ponen en evidencia la capacidad de un organismo tan peque帽o como el ICO (menos de doscientos trabajadores) para poner en pr谩ctica un n煤mero tan elevado de expedientes con un criterio adecuado de eficiencia.

En estas condiciones nos planteamos: que el Estado fije objetivos concretos de recapitalizaci贸n de entidades para que puedan relanzar su actividad; condicionar las ayudas p煤blicas al sector financiero a que las entidades hagan el m谩ximo esfuerzo en reforzar sus reservas, renunciando temporalmente al reparto de dividendos y destinando sus beneficios a reforzar su estructura de capital; promover la creaci贸n de sistemas de cooperaci贸n o integraci贸n estables entre las cajas de ahorros y cooperativas de cr茅dito; defender la naturaleza jur铆dica de las cajas; abordar procesos de cooperaci贸n, integraci贸n o fusiones de cajas de ahorros; incrementar las l铆neas de cr茅dito del ICO, favoreciendo su efectividad real y reforzar adecuadamente sus recursos humanos.

Ya he adelantado que la propuesta de 聯Acuerdo聰 se compone, tambi茅n, de una serie de alternativas llamadas a favorecer el necesario cambio de modelo de crecimiento -es lo que se podr铆a denominar 聯medidas estrat茅gicas聰- cuyos resultados seguramente no ser谩n visibles m谩s que en el medio y largo plazo, pero que hay que acometer sin tardanza si de la crisis queremos salir con una econom铆a m谩s reforzada y m谩s cohesionados socialmente.

Una base industrial s贸lida que invierta en I+D+i

El excesivo protagonismo del sector de la construcci贸n y de los servicios en el desarrollo econ贸mico de estos 煤ltimos lustros ha generado un gran crecimiento de la econom铆a y del empleo, pero, como se ha demostrado, las bases en las que se ha sustentado eran fr谩giles, hasta tal punto que la situaci贸n desde la que Espa帽a aborda los retos de la competitividad no es la 贸ptima. Nuestro pa铆s se sit煤a en una posici贸n rezagada con respecto a los principales l铆deres tecnol贸gicos y del conocimiento europeo y mundial, ya que se encuentra dentro de un amplio grupo de pa铆ses que han basado su ventaja competitiva en sus menores costes laborales, m谩s que en factores de calidad y cualificaci贸n.

La presente crisis nos obliga a cambiar el patr贸n de crecimiento para que 茅ste se fundamente sobre bases s贸lidas, y para que, junto a una mayor prosperidad general, se consiga mayor cohesi贸n social y haga que nuestra econom铆a sea menos vulnerable a los cambios de ciclo.

Para ello es indispensable: desarrollar la sociedad de la informaci贸n; ordenar y priorizar las inversiones p煤blicas en I+D+i en toda la actividad productiva e incrementar el gasto privado en esta materia; dotarse de una Ley de Ciencia avanzada; realizar un plan industrial que afronte el dise帽o industrial y la calidad de los bienes y servicios; reactivar el fomento de una pol铆tica sectorial activa que apoye el desarrollo de la industria, los servicios de valor a帽adido, el turismo y la construcci贸n productiva y no especulativa; crear un marco regulador de la pol铆tica energ茅tica que asegure el abastecimiento, la reducci贸n de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la eficiencia y el ahorro energ茅tico, todo ello en un marco tarifario estable, transparente y asequible.

Mejorar el sistema educativo y vincularlo m谩s y mejor al sistema productivo. Mejorar la Formaci贸n Profesional (FP)

La cualificaci贸n de los trabajadores y trabajadoras es una de las claves fundamentales para el cambio de patr贸n de crecimiento. La formaci贸n de la fuerza laboral, junto a los necesarios cambios tecnol贸gicos y de la organizaci贸n del trabajo son las bases para incrementar la productividad y la competitividad que necesita nuestro aparato productivo.

Desde las reformas educativas implementadas en los a帽os noventa, nuestro pa铆s ha superado una brecha hist贸rica con los pa铆ses de nuestro entorno en lo que a extensi贸n de la escolarizaci贸n obligatoria y a la universalizaci贸n de la oferta se refiere; pero este avance, sin duda decisivo, no ha venido acompa帽ado de los niveles de excelencia necesarios medidos tanto por el nivel de abandono escolar como por el n煤mero de estudiantes que superan con 茅xito la ense帽anza secundaria superior. Por otra parte, la Formaci贸n Profesional de grado medio, pese a las sucesivas reformas, sigue apareciendo ante la sociedad como refugio del fracaso escolar, lo que incide en la carencia de profesionales suficientemente cualificados para satisfacer las demandas del mercado de trabajo en el marco de otro modelo productivo.

Esta situaci贸n es consecuencia, tambi茅n, de que en los 煤ltimos a帽os el sistema productivo en nuestro pa铆s ha generado una oferta de empleo polarizada en cuanto a niveles formativos, creando empleo en sectores intensivos en mano de obra y con escasa promoci贸n y reconocimiento de la cualificaci贸n profesional, por un lado, y, en otro extremo, requiriendo cuantas m谩s titulaciones y acreditaciones mejor.

As铆, se ha alimentado, indirectamente, el abandono de los estudios de muchos j贸venes y la demanda de estudios universitarios, lo que provoca una 芦anomal铆a禄 en el nivel de estudios de la poblaci贸n espa帽ola con respecto a la de otros pa铆ses europeos: alto volumen de poblaci贸n con estudios primarios, baja tasa de poblaci贸n con ense帽anzas medias y Formaci贸n Profesional, y una poblaci贸n universitaria proporcionalmente elevada. Es decir, abandono escolar, por un lado, y sobrecualificaci贸n, por otro.

Por su parte, la formaci贸n continua de los trabajadores y trabajadoras tambi茅n ha experimentado un alto nivel de desarrollo desde que opera en Espa帽a, pero, en t茅rminos comparativos, tampoco ha llegado a las cotas que nos permitan homologarnos a los pa铆ses de nuestro entorno.

Al mismo tiempo, hay que reconocer que nuestra Universidad esta viviendo un tr谩nsito hacia el Espacio Europeo de Educaci贸n Superior cuando menos controvertido, que demanda de un debate abierto a la sociedad.

Todo ello nos lleva a proponer: Incrementar las plazas p煤blicas de educaci贸n infantil para ni帽os y ni帽as menores de tres a帽os; poner en marcha medidas para atajar el alto nivel de abandono escolar; garantizar la orientaci贸n en las etapas clave para que nuestros j贸venes puedan decidir con criterio los estudios a seguir; mejorar los resultados del alumnado en las materias de ciencias a lo largo de todo su desarrollo curricular; extender programas de aprendizaje de idiomas y nuevas tecnolog铆as; potenciar los Programas de Cualificaci贸n Profesional Inicial, asegurando una oferta suficiente y articul谩ndola con los ciclos de FP de grado medio; diversificar la oferta de ciclos de grado medio de Formaci贸n Profesional; desarrollar la regulaci贸n de los certificados de profesionalidad, adapt谩ndolos, junto a los t铆tulos de la FP reglada, al Sistema Nacional de Cualificaciones; impulsar una red p煤blica de centros integrados de FP y desarrollar la red de centros de referencia nacional; promover el reconocimiento de la cualificaci贸n y la formaci贸n en la negociaci贸n colectiva; favorecer la formaci贸n de los trabajadores y trabajadoras con m谩s dificultades para encontrar empleo; vincular la universidad espa帽ola al Espacio Europeo de Ense帽anza Superior con solvencia, potenciando su faceta investigadora y mejorando la financiaci贸n p煤blica.

Consolidar y ampliar la protecci贸n social

Cambiar el patr贸n de crecimiento es la apuesta estrat茅gica para tener una econom铆a m谩s sana y, por tanto, menos vulnerable; pero para CCOO es, al mismo tiempo, el medio para que la riqueza generada se distribuya m谩s equitativamente favoreciendo la cohesi贸n social y, en esa medida, el medio m谩s adecuado de evitar el riesgo de exclusi贸n social y de acabar con las bolsas de pobreza. Ampliar los sistemas p煤blicos que conforman el denominado Estado del Bienestar, adem谩s de jugar un poderoso papel antic铆clico, es una garant铆a de que el crecimiento viene acompa帽ado de mayor justicia social.

Los poderes p煤blicos tambi茅n deben manifestar su compromiso con el mantenimiento y crecimiento del empleo y con la recuperaci贸n econ贸mica, ampliando y mejorando la cobertura, equidad y calidad de los sistemas p煤blicos de bienestar. En este sentido, deben promover la suficiencia y calidad del empleo en estos sectores y revisar la l贸gica mercantilista que se est谩 instalando en la provisi贸n de los servicios p煤blicos.

Es por ello que, junto a la importancia que le damos a la mejora del Sistema Educativo y al Sistema Nacional de Salud, destaquemos nuestra decidida apuesta por el desarrollo y aplicaci贸n con los mayores est谩ndares de calidad de la Ley de Atenci贸n a la Dependencia y a promover la permanente mejora de nuestro sistema p煤blico de pensiones.

La Ley de Atenci贸n a las Personas con Dependencia se construy贸 desde el di谩logo social, en la pasada legislatura. Hasta entonces no dispon铆amos ni del reconocimiento del derecho de estas personas a ser atendidas dignamente ni de la red de servicios necesaria para ello. Su puesta en marcha se ha demostrado compleja y en no pocas ocasiones ca贸tica, dada la diferente implicaci贸n de las CCAA en su desarrollo y aplicaci贸n. Consideramos que ha llegado el momento de subsanar estas disfunciones, y para ello proponemos: asegurar el cumplimiento de los criterios de calidad en el empleo para la acreditaci贸n de las empresas; mejorar la financiaci贸n a las CCAA de la prestaci贸n de servicios, mediante la creaci贸n de un fondo de excelencia; urgir la puesta a disposici贸n de los servicios de proximidad, como la ayuda a domicilio o los centros de d铆a con el imprescindible protagonismo de las Administraciones locales; garantizar el despliegue del cat谩logo de servicios dentro de la red p煤blica de servicios sociales de cada comunidad aut贸noma; e implementar las medidas formativas necesarias para garantizar la cualificaci贸n profesional de aquellas personas que se dediquen a estas tareas.

En Espa帽a, a lo largo de estos 煤ltimos a帽os y tras sucesivas reformas, contamos con un s贸lido sistema p煤blico de pensiones que se expresa, entre otras cuestiones, en el super谩vit con el que cuenta en la actualidad y en la cifra que ha alcanzado el Fondo de Reserva (58.000 millones). Este sistema tiene algunos retos de futuro: pagar m谩s pensiones durante m谩s tiempo y de mayor cuant铆a en un contexto de baja natalidad y, en la actual coyuntura, de destrucci贸n de empleo.

Pero estos retos se pueden abordar desde dentro del sistema, acometiendo aquellas medidas que garanticen su sostenibilidad presente y futura. Para ello es fundamental no dar p谩bulo a aquellos que, vaticinando, en cualquier coyuntura, su inminente quiebra, ven en el deterioro del sistema p煤blico de pensiones una nueva oportunidad de negocio.

No hay una sola manera de garantizar el futuro de nuestro sistema p煤blico de pensiones, conscientes adem谩s de la necesaria mejora, sobre todo de las m谩s bajas. Es necesario actuar, no s贸lo sobre el gasto, sino tambi茅n sobre los ingresos. As铆, la propuesta sindical de mejora progresiva del SMI se configura como una pieza clave para la mejora de las cotizaciones que entran al sistema, lo mismo que la calidad del empleo es determinante para el citado objetivo.

As铆, para mejorar el sistema de pensiones p煤blicas, y a expensas de lo que en su momento se pueda plantear tras conocer las deliberaciones de las fuerzas pol铆ticas reunidas en torno al denominado Pacto de Toledo, que aborda la sostenibilidad del conjunto del sistema, proponemos: la integraci贸n de los Reg铆menes Especiales en el General de la Seguridad Social (R茅gimen Especial Agrario y R茅gimen Especial de Empleados de Hogar); la jubilaci贸n anticipada por realizaci贸n de trabajos penosos, t贸xicos o peligrosos; la jubilaci贸n flexible y el estudio de la jubilaci贸n anticipada y parcial de los empleados p煤blicos; alcanzar una estructura de poblaci贸n m谩s equilibrada; la modificaci贸n de la estructura del sistema de pensiones complementarias;聟

Las l铆neas de intervenci贸n hasta aqu铆 apuntadas son las que dan forma a la propuesta de CCOO y UGT de 聯Acuerdo por el empleo y la protecci贸n social聰, corresponde ahora explicar c贸mo concebimos su construcci贸n.

El movimiento sindical espa帽ol ha acreditado una dilatada tradici贸n en lo que a di谩logo social y concertaci贸n se refiere; tanto es as铆 que en diversos foros internacionales nos sit煤an como ejemplo a imitar y no pocos 聯conferenciantes聰 se han especializado en difundir la experiencia espa帽ola, reproduciendo algo similar, salvando las distancias, a lo que sucedi贸 con 聯la transici贸n pol铆tica聰.

Por tanto, ni CCOO ni UGT concebimos otro 谩mbito para dar vida a este 聯Acuerdo聰 que no sea el del di谩logo social. 脡ste ha demostrado su eficacia en tiempos de bonanza. Ahora tenemos la responsabilidad compartida de demostrar que tambi茅n es un instrumento 煤til en tiempos de crisis.

En julio de 2008 se suscribi贸 la 芦Declaraci贸n por el impulso de la econom铆a, el empleo, la competitividad y el progreso social禄, con la que se inauguraba una nueva etapa del di谩logo social en Espa帽a. De aquel documento destacaban: un diagn贸stico de la situaci贸n econ贸mica m谩s en t茅rminos de desaceleraci贸n que de crisis, a pesar de que la insistencia sindical consigui贸 situar este t茅rmino; una apelaci贸n a la concertaci贸n entre sindicatos y empresarios en la perspectiva de renovar los Acuerdos para la Negociaci贸n Colectiva (ANC), que se hab铆an venido suscribiendo desde el a帽o 2002, y la distinci贸n entre las materias susceptibles de ser negociadas y acordadas (Seguridad Social y desarrollo del Pacto de Toledo, inmigraci贸n, Estrategia Espa帽ola de Seguridad y Salud Laboral, juventud, dependencia, modernizaci贸n de los servicios p煤blicos de empleo, mejora de la formaci贸n profesional reglada y para el empleo聟) y aquellas que se situaban en el terreno de la informaci贸n y la consulta (las pol铆ticas de infraestructuras y medioambientales; las industriales y energ茅ticas; las de investigaci贸n, desarrollo e innovaci贸n; las educativas; las sanitarias; las de vivienda; las econ贸micas, fiscales y financieras聟). Est谩bamos ante lo que se ha denominado 芦Di谩logo Social Reforzado禄.

En menos de un a帽o la situaci贸n econ贸mica se ha deteriorado hasta tal punto que hemos rebasado la cifra de los cuatro millones de personas desempleadas (seg煤n la EPA del primer trimestre). Hemos entrado en recesi贸n y de la abultada inflaci贸n de la que habl谩bamos entonces hemos pasado a presenciar una fuerte moderaci贸n de la inflaci贸n con riesgo, incluso, de entrar en escenarios deflacionistas. De otra parte, el di谩logo social mantenido hasta la fecha s贸lo ha cosechado resultados parciales, y alg煤n que otro sonoro fracaso: no se ha podido renovar el ANC dadas las pretensiones empresariales de vincular la negociaci贸n colectiva a sus reivindicaciones m谩s estrat茅gicas (reducci贸n de cuotas a la Seguridad Social, nuevo contrato con 20 d铆as de indemnizaci贸n, descuelgues generalizados聟), y las medidas promovidas por el Gobierno para aumentar la protecci贸n al desempleo y estimular la contrataci贸n se aprobaron en el Consejo de Ministros sin acuerdo entre las partes. El di谩logo social hoy est谩 languideciendo.

En estas condiciones, la CS de CCOO junto con UGT, considera que la estrategia de di谩logo social que se concibi贸 en julio de 2008 debe reorientarse, a la luz de la evoluci贸n de los acontecimientos y es por tanto, es imprescindible dar un nuevo impulso a la concertaci贸n social.

Volcar todos los esfuerzos de la sociedad para enfrentar la crisis, sus efectos m谩s negativos en t茅rminos de destrucci贸n de empleo y de tejido productivo, y establecer las bases de un nuevo patr贸n de crecimiento que garantice mayor riqueza y un mejor reparto de la misma asegurando la cohesi贸n social, requieren de una negociaci贸n y compromiso sincero en el que se impliquen con capacidad de liderazgo el Gobierno, la patronal y los sindicatos.

En consecuencia, 茅stos deben ser sus principales protagonistas y el marco para llevar a cabo esta negociaci贸n no puede ser otro que el del di谩logo social.

Construir el 聯Acuerdo聰 requiere tambi茅n reestablecer el nivel de interlocuci贸n directo entre sindicatos y empresarios, para lo cual ser铆a necesario recuperar la l贸gica del acuerdo y abordar la reforma de la estructura de la negociaci贸n colectiva.

En un Estado fuertemente descentralizado como el espa帽ol, las CCAA, que en estos a帽os han asumido importantes competencias en todos los 贸rdenes, deber谩n asumir un papel activo. El Gobierno central deber谩 coordinar las medidas que 茅stas ya est谩n adoptando con las que se puedan acordar en el 谩mbito nacional.

El 聯Acuerdo聰 que proponemos deber谩 contemplar los compromisos concretos sobre las medidas urgentes que deben implementarse de forma inmediata (protecci贸n a los desempleados y desempleadas, reactivaci贸n econ贸mica, revisi贸n del sistema financiero) y aquellas cuestiones m谩s estrat茅gicas (pol铆tica industrial, I+D+i, mejora educativa y de la formaci贸n profesional, consolidaci贸n del sistema de protecci贸n social) que se abordar谩n posteriormente con objetivos, m茅todo y calendario previamente determinados. Todo ello supone superar la distinci贸n, que se establec铆a en la declaraci贸n de julio de 2008, entre temas objeto de negociaci贸n y aquellos acotados a la informaci贸n y la consulta, para pasar todos ellos al 谩mbito de la concertaci贸n.

CCOO es plenamente consciente de que tras alcanzar un 聯Acuerdo聰 como el que proponemos hay que garantizar su aplicaci贸n, y para ello es indispensable contar con suficientes recursos econ贸micos, aun sabiendo que 茅stos no son ilimitados. Por tanto, as铆 se debe plantear, cuando menos: flexibilizar, aunque sea temporalmente, los m谩rgenes de endeudamiento y revisar la pol铆tica fiscal aplicada hasta la fecha.

Hay quien ha querido ver en esta propuesta una suerte de reedici贸n de los 聯Pactos de la Moncloa聰.

Apostamos por un Pacto por la econom铆a, el empleo y la cohesi贸n social que debiera sustanciarse antes del verano entre los sindicatos, las organizaciones empresariales y el Gobierno, e incorporar a las Comunidades Aut贸nomas a trav茅s de una Conferencia de Presidentes de CCAA.

Los Pactos de la Moncloa responden a un momento pol铆tico y econ贸mico de la historia reciente de Espa帽a que poco o nada tiene que ver con la actual. Entonces, ni los sindicatos participamos en la negociaci贸n, a pesar de que deb铆amos corresponsabilizarnos con las pol铆ticas salariales all铆 adoptadas, ni exist铆a un marco consolidado de di谩logo social.

Por otra parte, el paisaje pol铆tico desde las elecciones gallegas y vascas ha modificado tan dr谩sticamente los equilibrios parlamentarios que hace dif铆cil imaginar que las formaciones pol铆ticas presentes en la C谩mara se puedan poner de acuerdo en un tema tan propicio para la confrontaci贸n pol铆tica como las salidas que se apuntan en nuestra propuesta para salir de la crisis.

CCOO considera que en momentos como los actuales la manera m谩s eficaz de defender los intereses que representa y la forma m谩s responsable de actuar, es dando una nueva oportunidad al di谩logo y la concertaci贸n social. Es por esta raz贸n que no nos dejamos arrastrar por aquellos 聯generadores de opini贸n聰 que de manera 聯sospechosa聰 nos est谩n preguntando sistem谩ticamente qu茅 estamos haciendo y para cuando una Huelga General. Si en alg煤n momento debemos plantearnos recurrir a una medida tan dr谩stica como 茅sta ser谩 porque haya fracasado la negociaci贸n y se arbitren medidas que atenten contra los intereses de los trabajadoras y trabajadores. En todo caso la adoptaremos libre y aut贸nomamente, como siempre hemos hecho y no seducidos por los cantos de sirena de quienes quieren convertirnos en la infanter铆a de su proyecto de sociedad.

CCOO no quiere quedarse en la superficie de los acontecimientos sino que estamos decididos a influir en ellos para modificarlos. Queremos crecer en densidad, en extensi贸n, pero queremos crecer sobre todo en profundidad. Queremos estar cada vez m谩s presentes en el mundo del trabajo pero tambi茅n en la sociedad. Queremos profundizar nuestros lazos de amistad y colaboraci贸n con el mundo acad茅mico, de la cultura y la ciencia,聟 con todos aquellos que pueden contribuir a que cambie el estado actual de las cosas.

No queremos caer ni en la autocomplacencia ni en el resistencialismo porque ambos, autocomplacencia y resistencialis