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13/01/2004

NUEVOS TECLADOS, VIEJOS ERRORES




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Desde hace algún tiempo se ha comenzado a renovar el teclado de numerosos puestos de trabajo de la red de oficinas y de departamentos centrales. Llama la atención el procedimiento opaco con que actúa la Caja en relación a los elementos de trabajo de l@s emplead@s, que entran de lleno en la política de prevención, de salud laboral y que también tocan, habitualmente, aspectos relativos a la seguridad, como en este caso.

Hay varios modelos nuevos de teclados. Los de las oficinas incorporan lectores integrados de bandas magnéticas, cheques y documentos. La Caja ha presentado recientemente a los sindicatos estos dispositivos, que se irán instalando en todos los puestos donde el tratamiento de documentos es una parte importante del trabajo habitual.

Además, en la Torre Caja Madrid y en Las Rozas se están sustituyendo los teclados por otros que disponen de una ranura para insertar tarjetas con procesador incorporado, como la de empleado. Sobre este modelo, su funcionamiento y utilidades, no hemos sido informados; no obstante, existe la posibilidad de que la tarjeta de empleado (que además es una tarjeta de débito, vinculada a la cuenta corriente) tenga que estar situada en todo momento en el teclado, expuesta por tanto a pérdidas y otros riesgos, lo cual, de confirmarse, supondría una merma sensible en materia de seguridad.

En lugar de presentar los nuevos elementos de trabajo a los sindicatos cuando todas las decisiones técnicas y organizativas ya han sido tomadas, es exigible que la Caja nos permita participar en estos proyectos en alguna fase anterior, a través de mecanismos de información que permitan aportar ideas y corregir deficiencias. Esto no lo decimos sólo nosotros, sino que uno de los objetivos principales que quiere potenciar la Ley de Prevención de Riesgos Laborales es, precisamente, la participación de la representación laboral en estos ámbitos.

* En esta ocasión nos encontramos ante decisiones que, supuestamente, agilizarán determinadas gestiones y ayudarán a integrar y mejorar el tratamiento de datos, aunque esto está por ver; a cambio, en alguno de los casos pueden aumentar los riesgos y se implantarán sin consulta previa a la representación laboral.

El resultado de otros cambios de imagen y mobiliario demuestra que, a menudo, estamos ante decisiones manifiestamente mejorables, con problemas que se podían haber evitado y que luego tienen peor solución. Recordamos, por ejemplo, el lamentable diseño de ciertos puestos automáticos nuevos, en los que el empleado tiene que adoptar posturas forzadas para recargar los cajetines; ó el problema de exceso de luz solar que afecta a muchos compañeros, y su riesgo real para la vista, como consecuencia de un diseño de las oficinas más moderno, pero en el que no se han considerado convenientemente aspectos relativos a la salud de quienes deben trabajar a diario en esas condiciones.

Sin duda, las aportaciones de CC.OO., a su debido tiempo, enriquecerían unos proyectos destinados a su uso diario por l@s emplead@s. No obstante, la seguridad es también un asunto de buenas prácticas; con una actuación prudente y orientada a la prevención, cada uno de nosotros puede hacer mucho a favor de su propia seguridad y la de su centro de trabajo.

Madrid, 13 de enero de 2004