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A la cola en ayudas a familias y natalidad


España sólo destina 134 euros por persona y año a políticas familiares, apenas un 0,68% de su riqueza nacional, lo que le sitúa en el último lugar de la Unión Europea. Por cada nacimiento que se produce, atraviesan la frontera diez inmigrantes.


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Traer un hijo al mundo es caro... pero en España lo es todavía más. Las ayudas que otorga el Estado son irrisorias en comparación con otras que se dan en Europa, a pesar de algunas medidas llevadas a cabo en los últimos años, como el cheque-bebé o los 100 euros al mes para las madres que trabajan fuera de casa. ¿El resultado? España es el penúltimo país de la UE en tasa de fecundidad, con 1,34 hijos por mujer, solo por delante de Grecia, y lejos de los 1,88 de Irlanda o los 1,94 de Francia, el paladín de las políticas natalistas en el viejo continente. A años luz se sitúan los 2,1 hijos por mujer, que es el nivel necesario para el reemplazo generacional.

Los efectos ya se dejan sentir en la pirámide poblacional española, que ha pasado de tener un 32,7% de sus habitantes en edades entre los 0 y 24 años en 1996, a un 26% tan sólo once años después, mientras que su población mayor de 80 años aumenta un 25%.

Comparaciones sonrojantes
El pasado mes de julio, el presidente del Gobierno anunció en el Congreso que “cada familia con residencia legal recibirá 2.500 euros por cada hijo que nazca”. Una medida constituida por una paga única con “vocación universal”, y que se aplica sobre las madres de bebés que hayan nacido a partir de las 00:00 horas del 3 de julio de 2007. Esta ayuda no es incompatible con los 100 euros mensuales que ya se entregan a madres con hijos menores de tres años y que trabajan fuera de casa.
España se intenta acercar a las políticas natalistas que realizan desde hace años muchos países europeos, aunque sigue en niveles ciertamente sonrojantes. En Alemania, por ejemplo, la ayuda familiar es de 154 euros mensuales por hijo hasta que éste alcance los 18 años. En otros, como Dinamarca, se combinan los permisos laborales de hasta 52 semanas con prestaciones económicas que rondan los 450 euros semanales. En conjunto, la Unión Europea destina 466 euros por persona y año a políticas familiares, mientras en el país ibérico el gasto es de 134 euros, según Eurostat.

Peor sale España si se compara el porcentaje de su PIB que destina a mejorar la situación de las familias con el resto de sus vecinos europeos. La zona del euro destina un 2,1% de su producto interior a este concepto, siendo Dinamarca, con el 3,9%, y Luxemburgo, con un 3,8%, los más concienciados. En el lado opuesto se sitúa el Ejecutivo de Zapatero, que apenas aporta un 0,68% de su riqueza total. El efecto ha sido demoledor: en la última década, el 75% del crecimiento poblacional, que ha permitido que España pase de 39 millones de habitantes a unos 45 millones censados, ha venido de la inmigración, que en los últimos cinco años ha tenido un avance diez veces mayor que el crecimiento natural del país. En conclusión, si una pareja española quiere disponer de las mismas ayudas públicas que las madres alemanas que tienen tres hijos (número para ser una familia numerosa), debería tener 18 retoños, y si pretende equiparar su situación con la de Luxemburgo, cuya ayuda anual para políticas familiares es de 2.291 euros, debería tener más de 50 hijos.

España, según datos del FMI, ocupa el undécimo lugar del mundo en cuanto a PIB, con 1.310.206 millones de dólares. Sin embargo, es el cuarto país por la cola de la UE por salario medio anual, con 20.438 euros por empleado, por delante de Grecia, Portugal y Polonia, y por detrás de Italia. La media europea se sitúa en 34.412 euros. Curiosamente, cuatro de estos cinco, a excepción de Polonia, tienen un nivel de fecundidad crítico, inferior a 1,4 niños por mujer.

Además, los cuatro coinciden en ser líderes entre los que menos dinero invierten en políticas familiares.

En los últimos 23 años se ha retrasado 2,4 años la edad de la maternidad en España, y se sitúa en los 30,84. Mientras, el número de personas sin contrato indefinido ha crecido hasta el 34%, y este porcentaje prácticamente se duplica entre la población activa menor de 40 años.

Los países desarrollados han comenzado a combatir el descenso de la natalidad con medidas para rejuvenecer la población. Singapur ha creado ayudas económicas directas de hasta 12.700 por hijo.

En otros países se han ideado iniciativas más novedosas, como el Día de la Concepción en Rusia o jornadas de encuentros para solteros en Japón.

Inmersos en los prolegómenos de la campaña electoral, los partidos han comenzado a jugar sus bazas en forma de promesas. El PSOE ha anunciado la convocatoria de 300.000 plazas para educación infantil de 0 a 3 años, y ampliar el permiso de paternidad, que es de quince días, a un mes.

Desde el PP, por el momento, guardan silencio, aunque pronto lanzarán sus propuestas para un país que, si nadie lo remedia, puede ser el más envejecido del mundo en 2050.

Carlos S. Ponz.
Expansion

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