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Enrique Dans

¬ŅAlguien ha visto un programador?


El caso es que en pocas ocasiones he visto una demanda de profesionales tan acuciante y estable como esta: en Espa√Īa hacen falta programadores. Y cuando digo "hacen falta", me refiero a "hacen falta desesperadamente".


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¬ŅQu√© es un programador? Seg√ļn el Diccionario de la RAE, no demasiado prolijo en detalles, un programador es una "persona que elabora programas de ordenador". Si acudimos a un medio con una definici√≥n algo m√°s elaborada, como la Wikipedia, nos veremos que un programador es alguien que "se encarga de la implementaci√≥n de algoritmos mediante un lenguaje de programaci√≥n que pueda entender un ordenador", una categor√≠a profesional que tradicionalmente se divid√≠a en analistas, capaces de analizar un problema y describirlo con el prop√≥sito de ser solucionado mediante un sistema de informaci√≥n, y programadores propiamente dichos, un trabajo mec√°nico y de baja cualificaci√≥n que consist√≠a en trasladar las especificaciones del analista recogidas en un cuaderno de carga en c√≥digo ejecutable por la computadora.

Sin embargo, como bien contin√ļa el art√≠culo de la Wikipedia, hoy la concepci√≥n original del programador ha desaparecido, siendo sustituida por la de un profesional mucho m√°s formado y con unas funciones menos "mec√°nicas", una persona que requiere profundos conocimientos de matem√°ticas, electr√≥nica, algor√≠tmica, ingenier√≠a del software, teor√≠a de la computaci√≥n, interacci√≥n persona-ordenador, etc. y que, por tanto, se considera una profesi√≥n de alta calificaci√≥n.

Presa de una evoluci√≥n tan desordenada, la profesi√≥n de programador adolece de una marcada crisis: en muchos pa√≠ses, el programador, una especie de Mago Merl√≠n de la actualidad capaz de algo tan maravilloso como convertir ideas en c√≥digo ejecutable, es considerado una especie de "obrero especializado", y sometido a una econom√≠a de salarios bajos, inestabilidad laboral, elevada rotaci√≥n y fuerte incidencia de estr√©s. Algunas empresas optan por el uso de programadores en pa√≠ses de bajos costes laborales unitarios, como la India, el Este de Europa o Am√©rica Latina, o recurren al uso de sitios como RentACoder, un aut√©ntico mercado abierto especializado donde los proyectos buscan programadores y viceversa. Sin embargo, este tipo de trabajos suelen adolecer en muchas ocasiones de problemas de comunicaci√≥n, entendimiento o bajo nivel de compromiso, y supone una injusta comoditizacion de una profesi√≥n que, desde cualquier punto de vista, a√Īade un valor fundamental y diferencial a un proyecto.

As√≠, mientras la concepci√≥n anterior, marcadamente taylorista, nos llev√≥ a un entorno en el que grandes equipos de analistas y programadores trabajaban en proyectos que subdivid√≠an en tareas de peque√Īa entidad en el marco de una actividad mec√°nica, mal pagada y poco motivante, la programaci√≥n hoy nos ha llevado a enfoques muy diferentes, con equipos mucho m√°s peque√Īos de dos o tres personas entre programadores y dise√Īadores, que se tornan en completos responsables del proyecto, en orgullosos autores de prestigio cuando √©ste sale bien. Una tarea habitualmente bien pagada, que a menudo conlleva incentivos de participaci√≥n en la empresa, y una vinculaci√≥n fuerte, casi estrat√©gica con la misma. En algunas empresas que conozco, intentar tocar a alguno de sus programadores es a veces el equivalente a un disparo en la l√≠nea de flotaci√≥n.

El caso es que en pocas ocasiones he visto una demanda de profesionales tan acuciante y estable como esta: en Espa√Īa hacen falta programadores. Y cuando digo "hacen falta", me refiero a "hacen falta desesperadamente". No estoy "tocando de o√≠do": hablo de muchos proyectos que conozco de manera directa y que lo comentan de forma insistente, que me expresan su frustraci√≥n ante la dificultad de localizar en nuestro pa√≠s ese perfil de programador de alta especializaci√≥n, capaz de responsabilizarse de un proyecto y de traducir ideas en c√≥digo con eficiencia. Programadores de PHP, Java, Python, Perl, Ruby on Rails y afines, utilizados habitualmente en el entorno de proyectos Internet, y que se han convertido en un activo dificil√≠simo de conseguir en Espa√Īa, hasta el punto de estar dificultando o ralentizando el desarrollo de iniciativas que sin duda redundar√≠an en la aparici√≥n de un interesant√≠simo tejido econ√≥mico basado en las nuevas tecnolog√≠as.

El turbio pasado ha convertido la profesi√≥n de programador en algo que, aparentemente, poca gente quiere ejercer. La ha rodeado de una leyenda negra, casi de un escaso prestigio social, cuando en realidad, hablamos de los arquitectos de la nueva econom√≠a, de una habilidad de alta intensidad intelectual que podr√≠a considerarse equivalente al dominio de un idioma, una tarea compleja que permite a la persona interactuar y entenderse directamente con la m√°quina. Ser programador es un trabajo creativo, un papel indispensable en la econom√≠a de hoy que merece much√≠simo respeto y que genera un elevado valor. Sin embargo, ¬Ņd√≥nde est√°n los programadores? ¬ŅPor qu√© no salen de las universidades, dispuestos a convertir esa hiperabundancia actual de ideas en c√≥digo y a participar en esa revoluci√≥n consistente en crear tantas actividades en el seno de la red? ¬ŅQu√© profesionales est√°n generando las carreras de Inform√°tica o algunas Ingenier√≠as, y por qu√© tienden a rechazar la idea de programar como si fuera un estigma o algo t√≠pico de obreros especializados?

En Espa√Īa, a este lado del t√ļnel, se necesitan programadores. Y los programadores necesitan una reivindicaci√≥n urgente de su profesi√≥n, que recupere el leg√≠timo orgullo de quien crea, de quien desarrolla, de quien se responsabiliza de un todo, de quien se enamora de un proyecto y no se limita a ser un obrero en el mismo, sino un verdadero arquitecto. Se buscan programadores con orgullo y capacidad para serlo. Pero por lo que se ve, habr√° que mirar debajo de las piedras. DE