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SINIESTRALIDAD LABORAL

Problema de Estado


La estad铆stica es terrible: como media, cada semana mueren tres trabajadores en los tajos espa帽oles. Tan siniestro balance se aceler贸 durante la semana pasada con dos nuevos muertos en el estadio Vicente Calder贸n, de Madrid, mientras desmontaban el escenario del concierto de los Rolling Stones y con cuatro muertos en la cementera de la multinacional Holcim en Carboneras (Almer铆a).


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Otro trabajador muri贸 el primer domingo de julio en el t煤nel de circunvalaci贸n de las torres en la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. Esta acumulaci贸n tr谩gica de accidentes en un corto periodo de tiempo sit煤a de nuevo a la sociedad espa帽ola ante la responsabilidad de poner fin a la verg眉enza de la siniestralidad laboral, que se repite una y otra vez sin que los gobiernos y las empresas sean capaces de aplicar un remedio eficaz.

Sin embargo, los diagn贸sticos ya est谩n hechos. Los casos del Vicente Calder贸n y Carboneras, aparentemente tan distintos, tienen en com煤n el elevado n煤mero de subcontratas -en el desmontaje del concierto participaban hasta 10 empresas-, con la confusi贸n y la falta de planificaci贸n que cabe imaginar. Los sindicatos llevan d茅cadas denunciando la clamorosa conexi贸n entre subcontratas y accidentes de trabajo, a pesar de lo cual las tibias normas que limitan el n煤mero de empresas que pueden subcontratarse ni siquiera se aplican con rigor. Si, adem谩s, las empresas agobian a t茅cnicos, capataces y peones para que ejecuten tareas complejas y peligrosas de forma acelerada, ya tenemos casi completo el cuadro de factores que explican la persistencia en Espa帽a de una siniestralidad muy por encima de la media europea.

Las circunstancias de las muertes en las obras deben investigarse a fondo. Va de suyo. Pero el esfuerzo principal debe encaminarse a evitar muertes y lesiones. Por esa raz贸n, un tratamiento serio contra los accidentes laborales debe empezar por un plan de choque de la Administraci贸n que al menos triplique la plantilla de los inspectores de Trabajo, con instrucciones precisas para que act煤en con toda la severidad de la ley en la denuncia de las empresas responsables de incumplir o regatear las normas m谩s estrictas de seguridad. Y debe continuar con la acci贸n implacable de los fiscales en la persecuci贸n penal de las negligencias laborales. Las muertes en el tajo son hoy un problema de Estado, y mientras no se vuelque todo el peso pol铆tico y administrativo de la naci贸n en acabar con ellas, la sociedad espa帽ola tendr谩 que sufrir esta tragedia, y este bochorno.

Editorial de El Pais