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SINIESTRALIDAD LABORAL

Accidentes laborales, una visi贸n heterodoxa


Los autores argumentan que el principio que establece la ley para clasificar la gravedad de riesgos laborales tiene consecuencias nefastas para su prevenci贸n


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SECCI脫N SINDICAL FRATERNIDAD MUPRESPA

Desde 1996 a 2004 se han registrado en Espa帽a 7.423.000 accidentes leves, 100.400 graves y m谩s de 9.400 trabajadores encontraron la muerte a causa o consecuencia de su trabajo, sin que nadie les advirtiera de que ese final no entraba en su contrato. En el a帽o 2003 se produjeron en Alemania 735 accidentes mortales para 18,8 millones. El resultado es demoledor: el 铆ndice de incidencia para ese a帽o es tres veces superior para nuestro pa铆s en relaci贸n con el germano. Esto no es casualidad. Algo se est谩 haciendo mal cuando no son suficientes leyes, decretos, 贸rdenes, reglamentos, acuerdos, acuerdos-marco, directivas, protocolos, dict谩menes, inspecciones, sentencias, convenios, recomendaciones, fundaciones, cursos de formaci贸n, delegados de prevenci贸n, comit茅s de seguridad y salud, etc茅tera, para reducir sustancialmente los altos 铆ndices de siniestralidad en la octava o novena econom铆a mundial.

El art铆culo 4 de la Ley de Prevenci贸n de Riesgos Laborales dice que "para clasificar un riesgo desde el punto de vista de su gravedad, se valorar谩n conjuntamente la probabilidad de que se produzca el da帽o y la severidad del mismo". Esto es un error, aunque tenga raigambre y justificaci贸n hist贸rica. El legislador se ha encontrado con un precipicio entre el riesgo laboral -"la posibilidad de que un trabajador tenga un accidente laboral"- y su frecuencia, su mero recuento -"la severidad del mismo"-, y en lugar de tender un puente entre ambos, lo que hace es sustituir, como har铆a una compa帽铆a de seguros, el primero -el riesgo- por el segundo, es decir, por su frecuencia ("la severidad del mismo"). Hecho esto, las consecuencias son nefastas para la prevenci贸n de riesgos laborales, porque se produce un doble subregistro: el derivado de la ocultaci贸n culposa de los accidentes en los centros de trabajo y el del riesgo, al identificar err贸neamente riesgo (probabilidad) con su recuento (frecuencia).

Veamos un ejemplo hipot茅tico, pero extra铆do de la experiencia ordinaria. Hay cuatro obreros de la construcci贸n trabajando en un andamio suspendido a cinco metros de altura, todos con las mismas medidas de protecci贸n o sin ellas, pero todos iguales. Fallan las sujeciones y caen los cuatro. De ellos, uno sale ileso, otro sufre heridas leves, el tercero ha de ser hospitalizado con alg煤n tipo de traumatismo y el cuarto tiene la mala suerte de que se mata, y hacemos la siguente pregunta: 驴Cu谩l era, en la situaci贸n en la que estaban los cuatro trabajadores, la probabilidad de sufrir un accidente mortal para cada uno de ellos? Aunque pueda sorprender, para el sistema actual de prevenci贸n y para los actores que intervienen en el mismo -mutuas, INSS, compa帽铆a de seguros, las propias empreas, incluso los propios trabajadores- la pregunta no s贸lo no se contesta, sino que carece de sentido. El conjunto del sistema hace frente al accidente como si fueran cuatro accidentes distintos, cada uno con su gravedad en funci贸n de sus consecuencias, y trata de curar, rehabilitar y compensar mediante baremos, indemnizaciones, incapacidades y pensiones -aunque sea parcialmente- a los trabajadores y/o familiares. Sin embargo, la respuesta del sistema es err贸nea, porque la contestaci贸n correcta es la de sufrir un accidente mortal para cada uno de ellos, porque no puede ocurrir que la probabilidad de sufrir un accidente (el riesgo) sea menor que el del accidentado m谩s grave, cuando todos estaban en las mismas condiciones.

Para ilustrar la diferencia entre riesgo -probabilidad de sufrir un accidente- y siniestralidad sobrevenida -frecuencia-, veamos otro ejemplo extra铆do tr谩gicamente de la vida misma. Un camionero se qued贸 dormido en un control de la Guardia Civil en Buitrago de Lozoya y arroll贸 a cinco veh铆culos del Cuerpo matando a seis guardias e hiriendo a otro. El conductor, de origen rumano y de nombre Toader Luliau, no ten铆a contrato de trabajo, ni permiso de trabajo, tampoco de residencia, el permiso de conducir de su pa铆s no es homologable en el nuestro y llevaba 48 horas sin dormir. Todas estas condiciones -sobre todo las 48 horas sin dormir- abocaban tarde o temprano a un accidente. Sin embargo, de haberse quedado dormido unos segundos antes o los coches hubieran estado alineados de otra forma o m谩sespaciados, etc茅tera, otras hubieran sido las consecuencias (y no necesariamente menos graves). Pues bien, el sistema valora el riesgo en funci贸n de las seis defunciones y los heridos -otro guardia y el propio conductor-, porque computa ocho siniestros distintos, cada uno con su gravedad, para derivar de ello las consecuentes rehabilitaciones, indemnizaciones y pensiones. Y preguntamos: 驴acaso el riesgo (probabilidad) de sufrir un accidente en esas condiciones era menor si se hubiera producido un n煤mero menor o mayor de muertos y heridos? El sistema, al valorar el riesgo por la siniestralidad sobrevenida (frecuencia), contesta impl铆citamente a la pregunta que no, que es diferente seg煤n las consecuencias, pero la respuesta es la de que el riesgo era el mismo, porque 茅ste depende de las condiciones iniciales (falta de sue帽o, probable impericia del conductor, plazos de entrega insoportables, etc茅tera).

En esta danza tr谩gica, todas las parejas de baile anteriores -riesgo y siniestralidad sobrevenida, probabilidad y frecuencia- se dan la mano con otra que ha aparecido a hurtadillas: la financiaci贸n y la disuasi贸n. De 茅sta, la primera -la financiaci贸n- sale a la pista obligada, aunque sea a rega帽adientes, a trav茅s de las primas y cotizaciones y, en concreto, de la tarifa de primas de 1979, con alguna modificaci贸n posterior. Sin embargo, la segunda, la disuasi贸n, m谩s act煤a como un torpe bailar铆n que aparece y desaparece cuando menos se lo espera. Es verdad que existe la posibilidad de un recargo en las primas y/o en las prestaciones (art铆culos 108 y 123 de la LGSS). Pero todo esto no es suficiente para curar el error originario del subregistro del riesgo. En el cambio de parejas, la siniestralidad sobrevenida se enlaza con la financiaci贸n para que el sistema no descarrile, porque sean cuales sean los 铆ndices de siniestralidad, siempre habr谩 una tarifa de primas capaz de financiar sus consecuencias, y m谩s teniendo en cuenta que esta financiaci贸n es una parte relativamente peque帽a de presupuesto del la Seguridad Social que se alimenta de primas y cotizaciones ineludibles. De la otra nueva pareja -riesgo y disuasi贸n-, la invitada por la puerta de atr谩s en esta marcha f煤nebre m谩s que galante baile, no cumple apenas ninguna funci贸n por dos motivos: por el subregistro del riesgo aludido al identificar el sistema riesgo y frecuencia (siniestralidad sobrevenida), y porque el coste de disuasi贸n para evitar el da帽o s贸lo puede coincidir por casualidad con el coste de la financiaci贸n para compensarlo. El primero -la disuasi贸n- debe valorarse y establecerse en funci贸n del comportamiento de los empresarios hasta que piensen en su inmensa mayor铆a que es mayor el coste y penalizaci贸n (C贸digo Penal en mano) de las negligencias e insuficiencias por la falta de prevenci贸n que el coste de una prevenci贸n adecuada al riesgo; el segundo -la financiaci贸n- debe valorarse en funci贸n de las necesidades de compensaci贸n a los siniestrados y sus familias. Ambos no tienen por qu茅 coincidir al responder a necesidades y actores diferentes.
 

La financiaci贸n y la disuasi贸n deben ser puestos en pie de igualdad; m谩s inspectores e inspecciones, m谩s controles a pie de obra, son siempre bienvenidos, pueden paliar los defectos y perversiones del sistema, pero no cambiar su naturaleza.

Antonio Mora Plaza es economista y experto en Salud Laboral 脕ngel C谩rcoba Alonso es miembro del departamento de Salud Laboral de CC OO.
 

El Pais www.elpais.es