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Los empleados de los bancos viven también la crisis bajo presión


A veces entre el cliente arruinado y el empleado hay una larga relación más allá de los negocios | El fuego cruzado entre los bancos y la política pilla a los empleados en primera línea


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25-02-2009 - El paro no es la √ļnica amenaza que se cierne sobre los empleados. La crisis puede hacerse sentir gravemente sobre la vida de los trabajadores aunque mantengan intacto su salario y su puesto. El paradigma de estas duras circunstancias bien puede ser encarnado ahora por los empleados de banca. Particularmente quienes trabajan en las oficinas, cara al p√ļblico.

Baqueteados por la opini√≥n p√ļblica y por el radical cambio de estrategia de sus empresas, ellos son quienes administran al pormenor el bien m√°s escaso en estos d√≠as: el dinero. La Vanguardia ha hablado con algunos de ellos tratando de dibujar una cartograf√≠a de la corrosi√≥n del ambiente de trabajo. La cara amarga de la supervivencia en la crisis.

"En unos meses hemos pasado de dedicarnos a estrechar manos, repartir tarjetas y conceder cr√©ditos a controlar morosos, revisar las expectativas de los dep√≥sitos de nuestros clientes habituales y regalar cafeteras a cambio de que nos conf√≠en un pasivo que se ha esfumado. "¬ŅC√≥mo no vamos a estar deprimidos?", resume Jos√© Miguel, delegado de Comisiones Obreras, en el comit√© de salud laboral de una de las principales entidades de ahorro espa√Īolas.

Durante los a√Īos de prosperidad, los cerca de 250.000 empleados del sector (bancos y cajas de ahorros) que hay Espa√Īa hicieron posible el cumplimiento de algunos sue√Īos populares: la casa en propiedad, el coche fant√°stico, las vacaciones en el extranjero... Y dieron alas a empresas que crecieron a base de un cr√©dito cimentado en la burbujeante solvencia. Francesc, empleado de una oficina de una entidad de ahorro en Girona, recuerda que hace s√≥lo unos meses atr√°s "la gente no ven√≠a a pedir un cr√©dito: ven√≠a a exigirlo".

El fruto de aquella febril actividad crediticia son los presentes √≠ndices de endeudamiento: el 80% del producto interior bruto en el caso de los hogares espa√Īoles y el 120% en el caso de las empresas, seg√ļn el informe que la Asociaci√≥n Espa√Īola de Banca rindi√≥ recientemente al Congreso de los Diputados. Las cosas han cambiado radicalmente de un tiempo a esta parte. Aunque algunas entidades han empezado a variar su estrategia, para la mayor√≠a ahora toca rechazar nuevos cr√©ditos, devolver pagar√©s, exigir devoluciones y batirse por mantener la cuenta de resultados a toda costa. La orden viene de muy arriba.

"De un d√≠a a otro nos hemos convertido en meros transmisores de malas noticias", relata Fernando, empleado barcelon√©s con 21 a√Īos de ejercicio en un banco de tama√Īo medio. "Nuestro margen de maniobra es m√≠nimo. Hace poco tiempo, cuando una empresa te enviaba unos pagar√©s, los endosabas en una llamada. Ahora tienes que hablar con seis personas, y a menudo acabas rechaz√°ndolos".

El conflicto es doble para estos empleados porque a menudo el cliente que endosa el pagar√© es un tipo con el que han convivido casi a diario en los √ļltimos a√Īos. Hay, por as√≠ decirlo, algo m√°s que negocios, un largo historial de cortados pagados en la cafeter√≠a de al lado. "Nosotros tratamos de mantener un actitud profesional y el cliente tambi√©n; pero es verdad que a veces cuesta y en ocasiones se pierden los nervios. Tengo alg√ļn compa√Īero que ya ha sufrido alguna agresi√≥n", explica Francesc.

La presi√≥n social no es menor. La pol√≠tica ha entrado como un elefante en una cacharrer√≠a poniendo en cuesti√≥n la estrategia de los bancos y arrastrando a la opini√≥n p√ļblica. Los empleados de las m√°s de 45.000 oficinas de bancos y cajas est√°n en medio, a merced del fuego cruzado. "Es el efecto sandwich, presi√≥n por arriba y presi√≥n por abajo ¬Ėdiagnostica el profesor Sim√≥n L. Dolan del departamento de recursos humanos de Esade¬Ė. Una situaci√≥n dif√≠cil que describe la complejidad del momento".

Los trabajadores de banca registran unos √≠ndices de sindicaci√≥n superiores a la media entre los empleados de cuello blanco. "Pero no significa necesariamente nada -advierte Ramon Al√≥s, profesor de la Universitat Aut√≤noma cuyo equipo se ha especializado en el an√°lisis del comportamiento en el mundo del trabajo-. En momentos de crisis, la capacidad de los empleados para modificar sus condiciones es m√°s limitada. Se impone el s√°lvese quien pueda. Y es evidente, adem√°s, que en los √ļltimos a√Īos de crecimiento ese comportamiento social se ha acentuado".

Ninguno de los trabajadores que han colaborado en la construcci√≥n de este art√≠culo ha recibido instrucciones de sus empresas para combatir el des√°nimo. "Se nos pide profesionalidad", relata Cristina, una delegada sindical de 32 a√Īos en una importante entidad de ahorro catalana. Pero no hay una estrategia contra el malestar. En un caso, el de una entidad de ahorro catalana, se han impartido cursos para abordar la cuesti√≥n de la morosidad. Un asunto que va creciendo en importancia a medida que la crisis gana profundidad. Nada m√°s. "Nuestra terapia se hace a partir de las dos de la tarde cuando cerramos la oficina -cuenta Cristina-. Entonces hablamos de los casos m√°s complicados. De lo que vemos que va mal porque lleva ya muchos meses en n√ļmeros rojos y no se recupera".

La perspectiva que otorga la informaci√≥n es tambi√©n otro asunto angustiante: "Ves un cliente, una empresa que entra en barrena. Es un proceso bastante r√°pido que t√ļ sigues casi minuto a minuto. Un mes los n√ļmeros no cuadran y al siguiente ves que no remontan. Ves la situaci√≥n en la oficina y esperas la llamada. Ellos piden, pero t√ļ no tienes ninguna posibilidad de actuar. Ya no hay el margen de maniobra que ten√≠amos hace s√≥lo medio a√Īo, de modo que debes dec√≠rselo: se hunden -explica Francesc-. Con los aut√≥nomos es todav√≠a peor, porque ellos siempre han ido justos, muy justos. Y ahora, en el peor momento, les dices que no".

A medida que la crisis va ganando terreno los problemas crecen. "Hay un asunto del que no se quiere hablar mucho pero que preocupa a los trabajadores¬Ö: los atracos. Han aumentado. Cada vez que atacan una oficina nos re√ļnen a todos para mejorar la seguridad. El problema es que tambi√©n se incrementa la ansiedad", dice Cristina.

En este negro horizonte los trabajadores recurren a la voz de la experiencia, los empleados que ya hace a√Īos que trabajan en el banco y que recuerdan qu√© pas√≥ en los a√Īos noventa e incluso en la dura crisis industrial de los setenta. "Tengo compa√Īeros que hace a√Īos trabajaron en la ejecuci√≥n de desahucios -relata Cati, una sindicalista de UGT empleada de una caja de ahorros- y lo recuerdan como una pesadilla". Sin embargo, la memoria tambi√©n puede ser un recurso escaso, particularmente en algunas entidades bancarias que han aprovechado los momentos de bonanza para aplicar amplios programas de prejubilaci√≥n. "En muchas oficinas -explica Fernando- no hay un solo empleado que sepa qu√© es una crisis". Saben qu√© es el riesgo pero no la p√©rdida.

"Ahora tengo un caso -explica Cristina- que no me puedo quitar de la cabeza. Una pareja joven con una hipoteca que iban liquidando sin problemas. Ampliaron el cr√©dito para reformar la cocina y el lavabo. Ahora ella se ha quedado en paro y no les alcanza. Podr√≠an acogerse a los beneficios del plan del Gobierno para suavizar sus hipotecas pero¬Ö su cr√©dito ahora est√° vinculado a las reformas que hicieron en el piso, de modo que no se pueden acoger. Pueden perder el piso. Me cuesta conciliar el sue√Īo".

Jaume V. Aroca 
La Vanguardia