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CCOO Asepeyo

La batalla del empleo.


La flexibilidad en el despido lo √ļnico que provoca es un agravamiento de la crisis al deprimir a√ļn m√°s la demanda.

 



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28-01-2009 - Los intereses econ√≥micos aprovecharon la crisis de los a√Īos 70, llamada del petr√≥leo, para modificar el sistema econ√≥mico de acuerdo con sus conveniencias. A partir de los gobiernos de Reagan y Thatcher, el sistema de econom√≠a mixta ha ido involucionando hacia un sistema neoliberal. Parece que en esta crisis, a juzgar por determinadas manifestaciones, pretenden de nuevo aplicar la misma estrategia con una gran irresponsabilidad (esta crisis nada tiene que ver con las de los a√Īos 73 y 79). El PP y los medios afines proponen rebajas fiscales y la CEOE pide al PSOE abaratar el despido, reformas laborales y, c√≥mo no, reducir las cotizaciones sociales.

El pasado d√≠a 24, Juan Antonio Sagardoy publicaba en el diario El Pa√≠s un art√≠culo con el mismo t√≠tulo que he escogido para encabezar estas l√≠neas. En √©l recoge todos los t√≥picos que los intereses empresariales aplican al mercado de trabajo. Todo el art√≠culo va destinado a mostrar la ineficacia de las pol√≠ticas pasivas (prestaciones del seguro de desempleo) y a cantar las excelencias de las pol√≠ticas activas (incentivos empresariales), seg√ļn la nomenclatura al uso, nomenclatura que, dicho sea de paso, nunca he entendido. Las llamadas pol√≠ticas activas no son tales, como no sea para los empresarios, porque en realidad para lo √ļnico que sirven es para incrementar el excedente empresarial.

El se√Īor Sagardoy afirma que nadie contrata a quien no necesita ni despide a quien necesita. Estoy de acuerdo, pero lo que no comparto son las conclusiones que pretende extraer. Precisamente porque nadie contrata a quien no necesita, de poco servir√°n los incentivos fiscales y dem√°s beneficios a los empresarios. √Čstos no invertir√°n ni generar√°n empleo si no est√°n seguros de vender sus productos y sus servicios. Lo que realmente se precisa, por tanto, es mantener e incentivar la demanda.

El se√Īor Sagardoy minusvalora los efectos de las obras p√ļblicas y de las prestaciones del seguro de desempleo, pero son precisamente estas medidas las m√°s apropiadas para incentivar la demanda. Si de cebar la bomba se trata, hay que procurar que la p√©rdida de los efectos del multiplicador sea m√≠nima y, por tanto, que las actuaciones p√ļblicas est√©n lo m√°s cercanas posible a la demanda (inversi√≥n p√ļblica, ya que no hay ninguna seguridad de que la inversi√≥n privada reaccione) o se dirijan a colectivos con alta propensi√≥n a consumir, es decir, con escasa capacidad de ahorro. En este ranking, los parados ocupan un puesto de honor, e incrementar la cobertura y la prestaci√≥n por desempleo no s√≥lo es una medida √≥ptima desde la perspectiva de la justicia social, sino tambi√©n de las m√°s eficientes a la hora de realizar una pol√≠tica expansiva.

Fundamentar el crecimiento económico y la creación de empleo en los bajos costes laborales es un camino que no conduce a ninguna parte. Siempre habrá países con salarios más bajos y más reducidas cargas sociales. Entrar en esa batalla competitiva es una carrera sin fin. Los bajos salarios de nuestra economía no han impedido que nuestro país se haya situado a la cabeza de Europa en la velocidad con que se destruye el empleo. No conviene olvidar, además, la otra cara de la moneda. Las remuneraciones de los trabajadores, incluyendo las prestaciones sociales, son el reverso del consumo y éste constituye la parte más importante de la demanda y, por tanto, del PIB.

Sagardoy tiene raz√≥n al afirmar que nadie despide a quien necesita. Pero s√≠ se despide a quien se ha necesitado ayer y a quien se va a necesitar ma√Īana. La cuesti√≥n se plantea en saber qui√©n va a soportar el coste de la crisis, y por qu√© los empresarios que han obtenido cuantiosos beneficios en el pasado y van a volver a obtenerlos en el futuro no pueden asumir el coste actual. ¬ŅCu√°ntas empresas podr√≠an mantener a sus trabajadores aunque fuese con la contrapartida de ganar un poco menos? Existir√°n sin duda aquellas que est√°n obligadas a despedir a sus empleados porque de ello depende su viabilidad, pero autorizar el despido cuando no es imprescindible por el simple hecho de que se pueda ajustar la plantilla provisionalmente, haciendo as√≠ ganar m√°s dinero a las empresas, aparte de injusto, produce efectos muy negativos sobre la actividad econ√≥mica.

La flexibilidad en el despido lo √ļnico que provoca es un agravamiento de la crisis al deprimir a√ļn m√°s la demanda. Algo que los empresarios deber√≠an tener muy en cuenta es que lo que en un primer momento de forma individual aparece beneficioso para ellos se puede convertir en contraproducente si se generaliza. Una generalizaci√≥n del despido m√°s all√° de lo necesario termina volvi√©ndose contra las empresas al deprimir la demanda y la actividad.

Juan Francisco Martín Seco
Estrella Digital


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