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HOY OPINIÓN

El tamaño sí importa


DESPUÉS de estar aparcada durante casi una década, la fusión de las dos grandes cajas extremeñas se vuelve a plantear.


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Ha sido uno de los primeros asuntos que Fernández Vara ha puesto sobre la mesa al inicio de su mandato, hasta el punto de que ya hay una comisión en la Asamblea de Extremadura que, bajo el eufemístico título de 'estudio del sector financiero regional', tratará de esa cuestión.

¿Qué ha cambiado para que hace diez años la fusión se descartara y ahora se haya tomado como un asunto prioritario? Principalmente, que el mundo financiero no se detiene. Las fusiones de bancos y cajas siguen a la orden del día y las cajas extremeñas, que siempre han sido pequeñas, son hoy todavía un poco más pequeñitas en comparación con las grandes entidades surgidas de la fusión de las cajas andaluzas, castellanas, aragoneses o del Levante. Si a ello le añadimos que todas las cajas nuevas establecen unas políticas muy agresivas de expansión y captación de clientes, en algunos puede acrecentarse la sensación de sentirse un poco 'rodeados' por las grandes.

En contra de la fusión

Quienes hayan seguido este asunto recordarán tal vez que hace varios años, cuando más en auge estaba la campaña a favor de la fusión, Caja Badajoz encargó un estudio en el que se evaluaban las ventajas e inconvenientes de la integración con Caja Extremadura. El resultado era claramente contrario a la fusión. Se concluía que las dos entidades funcionaban muy bien por separado -ambas son muy rentables-, y que la unión suponía riesgos y no les iba a aportar beneficios importantes. Entre otras razones porque la resultante seguiría siendo una caja muy pequeña entre las grandes.

Ese estudio contribuyó a que el rechazo de las cajas a iniciar un complicado proceso de fusión fuera asumido por las autoridades políticas, que nunca más insistieron en que había que crear una única entidad.

¿Lo dicho hace diez años no vale para hoy? Los responsables de las cajas no se han pronunciado todavía, pero los gobernantes parecen querer explorar el camino de la unión. Si no fuera así, ¿qué sentido tiene crear la comisión de la Asamblea?

Sin embargo, el presidente de la Junta ya ha debido tener conocimiento del malestar que provoca en las cajas que se plantee la fusión como una pura operación política, que depende únicamente de la voluntad de quienes gobiernan, y se ha apresurado a declarar que la fusión de las cajas es una decisión que compete a las propias entidades.

Nadie ignora que los consejos de administración de las cajas de ahorro se eligen en función de la correlación de poder político en los ayuntamientos de una región, y que los principales nombramientos cuentan con el beneplácito, cuando no la intervención directa, de quien gobierna la comunidad. Aquí, en Madrid, y en Santiago de Compostela.

Pero también es cierto que los gestores de las cajas conservan un prurito de 'independencia' (con todas las comillas que ustedes quieran), que les lleva a reclamar que los políticos no intervengan en la pura gestión económica. Es decir, que las decisiones que afectan a la viabilidad económica de las entidades las tomen los profesionales (y con criterios profesionales) y no los políticos con criterios políticos.

Con su puntualización de que son las cajas quienes deciden, Vara ha querido evitar tormentas como la que provocó Ibarra cuando, en uno de sus ataques de sinceridad, tan frecuentes, soltó aquello de 'en las cajas mando yo'.

Pero, al margen de quién tenga la última palabra, que será el poder político, ¿es conveniente para la región que se fusionen Caja Extremadura y Caja Badajoz? Sería interesante conocer opiniones de expertos que valoren de manera rigurosa qué aporta la integración de estas dos cajas y qué dificultades presenta a día de hoy: en 2007 y con el entorno económico actual, que es diferente al de hace diez o quince años. Deberían ser esos criterios los que determinasen el futuro de ambas entidades, en función, por supuesto, de qué es más útil para la región. Es cierto que la suma de las dos cajas no las va a convertir en una potencia financiera. En la actualidad, si nos fijamos en el tamaño, Caja Extremadura ocupa el número 35 del ranking de las cajas españolas y Caja Badajoz el 40. Sumados sus recursos serían la número 25. No muy grande. Pero, al margen del tamaño, ¿ganaría en eficacia, en rentabilidad, en capacidad para ser motor del desarrollo regional? Eso sí que importa.

Lo que de ningún modo debería determinar que se llegue o no a la fusión son las discusiones que siempre aparecen cuando se plantea: cómo se llamará la entidad resultante, dónde estará la sede; y quién será el presidente. Todas cuestiones menores, anecdóticas, pero que pueden resultar las más peliagudas por las rivalidades que suscitan.

manuelamartin@hoy.es