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CCOO ASEPEYO

Alérgicos a la oficina

Los tintes, las harinas o el látex son sólo algunos de los múltiples productos que pueden producir alergias en el entorno profesional. El diagnóstico debe ser rápido porque algunas pueden acabar siendo graves o hasta mortales. A veces no basta con evitar la exposición y hay que cambiar de puesto o incluso de profesión.


Este artículo se publicó originalmente en Asepeyo (Comfia CCOO Asepeyo) ,


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01-09-2008 - El trabajo puede ser un importante foco de alergias, y no sólo a su jefe o a los madrugones: determinadas sustancias que nos rodean en nuestro entorno laboral pueden originar patologías muy molestas y, en algunos casos, incluso mortales. Las alergias de origen ocupacional están reconocidas como enfermedad profesional y se dividen en dos grandes tipos: las que afectan al aparato respiratorio, por inhalación de ciertos productos, y las que afectan a la piel, por contacto físico con la sustancia alergénica.

Manel Fernández, presidente de la Asociación de Especialistas en Prevención y Salud Laboral (AEPSAL), calcula que la mitad de las enfermedades profesionales relacionadas con el aparato respiratorio están causadas por algún tipo de alergia. "Existe riesgo prácticamente en cualquier profesión", destaca. Los expertos tienen identificados hasta 300 productos de gran poder alergénico: los más frecuentes son los polvos de cereales, que se usan como harina en la industria alimentaria o en la ganadería, y los isocianatos, compuestos presentes en pinturas, barnices, poliuretano y otros productos utilizados en la industria. También pueden causar alergia los pelos de animales, el amoniaco o el salfumán, partículas de mármol, ladrillos y otros materiales usados en la construcción, los aerosoles utilizados en la industria gráfica o todo tipo de sustancias químicas frecuentes en la sanidad, la industria o la cosmética.

Entre las alergias ocupacionales relacionadas con el aparato respiratorio, la patología más frecuente es la rinitis, que afecta a la nariz y faringe y provoca estornudos, obstrucción nasal y sensación de cansancio. Muchos trabajadores suelen confundir los síntomas con los de un resfriado, aunque los expertos alertan de la necesidad de acudir al médico ante la más mínima sospecha para facilitar un diagnóstico precoz. Y es que la rinitis alérgica puede evolucionar hacia una patología más grave, el asma bronquial, que puede requerir hospitalización y en casos extremos puede ser incluso mortal. "Uno de cada diez casos de asma en adultos está relacionado con el trabajo, ya sea directamente inducido por alguna sustancia del entorno laboral o un asma normal agravada por esos estímulos", explica el doctor

Santiago Quirce, coordinador del Comité de Asma de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Los síntomas de un asma ocupacional son los mismos que los de cualquier otro tipo de asma: tos, dificultad para respirar, ataques de asfixia o pitidos en el pecho, entre otros. La gran diferencia, apunta Quirce, es que "la salud del trabajador mejora notablemente al apartarse de medio laboral, por ejemplo durante el fin de semana y muy especialmente en vacaciones".

Entre las patologías de la piel destaca la dermatitis ocupacional, que en la última década ha duplicado el número de casos en España y que puede darse en cualquier profesión con presencia de líquidos y polvos, especialmente la construcción, peluquerías, fábricas de conservas, metalurgia y fundiciones.

Cuando se comprueba que la alergia de un paciente está relacionada con una sustancia de origen laboral "el trabajador debe dejar de exponerse a la sustancia en cuestión porque incluso en cantidades muy pequeñas puede afectarle. La empresa debe recolocarlo en otro puesto, pero esto no siempre es posible - lamenta Quirce-, por lo que a veces no queda más remedio que cambiar de trabajo". En este caso el empleado puede solicitar la incapacidad para ejercer ese trabajo por enfermedad profesional.

Indemnizaciones millonarias por el amianto

Uno de los productos tóxicos más conocidos por sus efectos en la salud de los trabajadores, que pueden ser letales, es el amianto. Según la Asociación Internacional de la Seguridad Social, en Estados Unidos las indemnizaciones a empleados afectados ya han costado más de 250.000 millones de dólares (unos 160.000 millones de euros) a las empresas, y han llevado a la bancarrota a decenas de ellas. El amianto, que en exposiciones continuadas puede provocar asbentosis y diversos tipos de cáncer, fue prohibido en España en el año 2002. Hasta entonces había sido utilizado en diversas industrias, especialmente durante la década de los años setenta, cuando aún no se conocían los riesgos reales de esta sustancia. La Asociación de Víctimas del Amianto (Avida) calcula que hasta el 2010 se producirán en España unas 1.500 muertes anuales de personas expuestas al amianto entre 1960 y 1975, y la cifra alcanzará las 2.300 muertes anuales entre el 2010 y el 2025, por las exposiciones producidas hasta 1990. Alston y Uralita son algunas de las empresas que ya han sido condenadas a indemnizar a los trabajadores, a sus familiares o incluso a vecinos de la zona, afectados por diversas enfermedades respiratorias relacionadas con la inhalación de fibras de amianto durante años.

Nuria Peláez
La Vanguardia


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