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Desesperación en cadena

La fiscalía de Versalles abre una investigación después de tres suicidios consecutivos en Renault


El tercer muerto dejó varias cartas en las que denuncia la dureza de sus condiciones de trabajo


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 La primera vez se achacó a un mero desequilibrio personal. Un ingeniero de 39 años que trabajaba sobre el proyecto Logan en el Technocentre de Renault, en la ciudad francesa de Guyancourt (al oeste de París), se suicidó el pasado 20 de octubre lanzándose al vacío desde lo alto del edificio principal, con una altura de cinco pisos. Varias decenas de sus compañeros de trabajo fueron testigos de aquel último y trágico gesto de desesperación. Su esposa explicó que desde hacía tiempo sufría de estrés.

Nada especialmente llamativo. Cada año, entre 300 y 400 trabajadores - la cifra no es del todo fiable- se quitan la vida en Francia en su centro de trabajo. La muerte del ingeniero, pues, entraba en la estadística, una cuota razonable para un centro, el sanctasanctórum de la firma automovilística francesa, en el que trabajan cerca de 12.500 personas y donde se están diseñando los 26 nuevos modelos de la marca.

La segunda vez, a muchos se les heló la sangre en las venas. Sólo habían pasado tres meses de aquel impactante suceso cuando, el 24 de enero, un técnico informático de 44 años, Hervé Tison, asociado al proyecto del nuevo Twingo, fue hallado ahogado en un estanque de captación de aguas de Technocentre. La investigación llevada a cabo por la policía de Guyancourt concluyó que había sido un suicidio y calificó a la víctima de "depresivo".

La justicia descartó cualquier vinculación entre ambas muertes. Pero los sindicatos empezaron a achacarlas a las condiciones de trabajo en Technocentre, especialmente exigentes desde que el presidente de la compañía, Carlos Ghosn, puso en marcha el plan Power 8 para intentar levantar la situación económica de la empresa. El balance económico del año 2006, dado a conocer por Ghosn el pasado día 8, confirmó el momento delicado que pasa la compañía: las ventas mundiales descendieron un 4% (de 2,5 a 2,4 millones de vehículos), mientras el resultado del ejercicio cayó casi un 15% (de 3.367 a 2.869 millones de euros).

Una semana antes, alrededor de 800 trabajadores de Technocentre desfilaron en silencio por el recinto, convocados por los sindicatos, para recordar a sus dos compañeros desaparecidos y denunciar la situación laboral. "En la violencia de estos actos, nosotros no vemos ninguna fatalidad. Desde hace varios meses reina en el centro de Guyancourt un clima de ansiedad", señaló entonces el sindicato SUD. Otra central, la CGT, denunció las presiones de la empresa para obtener resultados, el fuerte ritmo de trabajo, las amenazas de deslocalización, la competencia entre técnicos... La dirección de Renault negó toda relación entre los suicidios - que atribuyó a causas personales- y las condiciones de trabajo. Sin embargo, la Dirección Regional de Trabajo constató que desde la llegada de Ghosn a la presidencia de la compañía, en el 2005, había un "verdadero malestar" en Technocentre.

Dos suicidios en tres meses en el mismo centro de trabajo no es muy habitual, pero puede responder a una mera y fatal casualidad. Una hipótesis plausible que quedó destrozada el pasado viernes. Ese día fue hallado muerto en su domicilio de Saint-Cyr-l´École otro trabajador de Technocentre, Raymond D., de 37 años, un técnico que trabajaba en el proyecto del nuevo Laguna. Se había colgado del cuello con su cinturón aprovechando que su esposa y su hijo de 5 años se encontraban fuera, de viaje en el extranjero.

Pero esta vez la víctima dejó varias cartas. En ellas, según el diario Le Parisien,se confesaba incapaz de asumir su trabajo - "es muy duro de soportar", decía- y culpaba de la situación a los máximos responsables de la empresa. Ante ello, la fiscalía de Versalles ha abierto una investigación oficial, con el fin de determinar si Raymond D. pudo haber sido víctima de acoso moral. La dirección de Renault insiste en que "el suicidio es siempre el resultado de una situación personal compleja" y ha llamado a no extraer "conclusiones precipitadas". La viuda, sin embargo, ha sacado ya las suyas: "Mi marido sufría una presión enorme, se llevaba los asuntos a casa y se levantaba por la noche para trabajar, últimamente ya no podía dormir", ha explicado.

LLUÍS URÍA
La Vanguardia