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S ACABÓ

    




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COMUNICADO CONVENIO Nº 11

S ACABÓ


Apreciados/as compañeros/as,

El 19 de febrero volvió a quedar claro algo preocupante en la negociación del Convenio: la parte empresarial se siente cómoda. Y cuando una parte está tan cómoda, conviene preguntarse por qué. No es porque el sector funcione perfectamente. Funciona porque nosotros hacemos que funcione.

Y eso hay que decirlo claro: si el trabajo sale adelante es por la responsabilidad, el compromiso y el esfuerzo de la plantilla. Eso habla bien de nosotros. Siempre hemos respondido.


Pero hay una diferencia entre ser profesionales… y asumir lo que NO nos corresponde.

¿Qué está pasando realmente?

En una relación laboral equilibrada, la empresa organiza y asume riesgos.

Las personas trabajadoras aportamos nuestro tiempo y nuestra capacidad profesional.

Para que funcione, ambas partes deben ganar.

Sin embargo, año tras año vemos lo mismo:

  • Más carga con menos personas.
  • Menos medios porque los ponemos nosotros.
  • Más beneficios empresariales mientras perdemos poder adquisitivo.

Y esto no ocurre porque seamos débiles. Ocurre porque somos responsables.

Nuestra buena intención no puede sostener un sistema mal dimensionado.

  • Alargamos jornadas sin registrar.
  • Resolvemos incidencias que no nos corresponden.
  • Ponemos nuestros vehículos.
  • Facilitamos nuestros móviles personales.
  • Trabajamos sin desconectar.

Lo hacemos por compromiso. Por compañerismo. Por miedo a que el trabajo no salga.

Y también, seamos honestos, por temor a perder estabilidad.

Pero hay una consecuencia que debemos entender:

Cuando siempre llegamos a todo, el problema desaparece para la empresa. Si el servicio sale adelante aunque falten medios, aunque falte personal, aunque la carga sea excesiva… desde fuera parece que el sistema funciona. Y entonces no hay nada que corregir.

Esto no es solo una cuestión económica. Es salud.

Prolongar jornadas, trabajar con presión constante, asumir responsabilidades ajenas y no desconectar NO pasa factura el primer día. La pasa con el tiempo:

  • Cansancio crónico
  • Estrés sostenido
  • Desgaste emocional
  • Desmotivación

No es alarmismo. Es prevención. Y en nuestro sector deberíamos saberlo mejor que nadie.

Poner límites no es escaquearse. Es profesionalidad.

  • Cumplir el horario es profesional.
  • Usar solo medios de la empresa es profesional.
  • No asumir responsabilidades que no corresponden es profesional.

Trabajar con límites claros protege nuestra salud y obliga a que los problemas estructurales se vean donde están: en la organización, NO en las personas.

¿Qué recibimos a cambio?

Incentivos que, divididos por el esfuerzo real, resultan irrisorios.

Una supuesta estabilidad que desaparece cuando conviene.

Una “flexibilidad” que nunca está por escrito.

Mientras tanto, el sector sigue creciendo, sigue atrayendo inversión y sigue generando beneficios.

La pregunta no es si el sector es viable. La pregunta es por qué esa viabilidad no se traduce en condiciones dignas.

¿Qué toca ahora?

No se trata de enfrentamiento irracional. Se trata de coherencia. Si no se avanza hacia condiciones responsables y equilibradas, debemos empezar por lo básico:

  • Horario estricto.
  • Nada de poner medios propios.
  • Nada de asumir problemas organizativos ajenos.
  • Nada de normalizar cargas imposibles.

Si no se llega a todo, no es un fallo individual. Es un problema de dimensión de personal y de recursos.

Cambiar de empresa no resuelve el problema si el modelo es el mismo en todo el sector. Lo que sí puede cambiarlo es algo muy sencillo y muy tradicional:

unidad, límites claros y dignidad profesional.

Nos jugamos el salario.

Nos jugamos la salud.

Y nos jugamos el futuro del sector.

S’Acabó.