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La cuenta atrás del rescate a España


 

La petición para activar la ayuda europea tendrá que esperar hasta septiembre

El BCE evita la quiebra de Grecia al aumentar los préstamos de emergencia

 

El Gobierno propone a Bruselas un ajuste de 102.000 millones hasta 2014

 


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Ni tocó los tipos de interés ni anunció medidas inmediatas ni cambios fundamentales en la política monetaria. El pasado jueves, Mario Draghi se limitó a decir que actuará cuando se lo pidan. Y con este simple anuncio, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) dio un golpe de mano a la crisis que persigue a la zona euro desde hace más de tres años. El presidente del Gobierno español echó balones fuera al día siguiente. Pero aunque Mariano Rajoy, ya de vacaciones en Galicia, prefiere ganar tiempo para ver cuándo pide el salvavidas financiero a Europa, todas las miradas están puestas sobre él. Y no puede dilatar demasiado los plazos.

“Quiero conocer las medidas no convencionales que tomará el BCE, qué significan, qué pretenden y si son adecuadas. Entonces, a la vista de las circunstancias, tomaremos una u otra decisión”, dijo Rajoy el viernes. Pero, sea antes o después, la petición de activar el mecanismo para comprar deuda parece ya inevitable.

En el Gobierno aseguran que el problema que realmente les agobia es la prima de riesgo, y no los vencimientos del Tesoro. Consideran que tienen liquidez suficiente para aguantar incluso más allá de octubre. Será entonces cuando el Estado deberá devolver la friolera de 29.100 millones de euros, más de dos terceras partes de todos los vencimientos pendientes hasta finales de año. “Si la prima de riesgo sigue en los niveles actuales, esa cifra, a la que hay que añadir las necesidades de financiación del déficit y del fondo para las comunidades autónomas, es prohibitiva. España podrá aguantar como mucho hasta octubre”, asegura el catedrático de la Universidad de Valencia Joaquín Maudos.

Pero los acontecimientos pueden acelerarse aún más. Agosto parece descartado, ya que un rescate parcial a España —otro más, después del aprobado hace dos meses para la banca— debería pasar por algunos Parlamentos, como el alemán, ahora de vacaciones. Así que los analistas señalan septiembre como la fecha más probable. Fuentes de la UE han revelado que barajan para la primera semana de ese mes la convocatoria de una reunión extraordinaria del Eurogrupo, requisito imprescindible para dar el visto bueno a la ayuda.

De cumplirse estos planes, los ministros de Economía y Finanzas de los países del euro se verían primero en Bruselas, en una fecha aún por concretar, y a los pocos días en Chipre, donde ya tienen una cita el 14. El BCE podría detallar unos días antes, el 6 de septiembre, algunas de las medidas extraordinarias que tiene en mente, durante su reunión mensual del Consejo de Gobierno. Si, pese a todo, la petición de ayuda no llega en esos días, la prima de riesgo se podría disparar hasta colocar a España a una situación insoportable.

Pero el quid de la cuestión no es tanto el cuándo, sino el cómo. O más claramente: si las reformas y recortes —entre los que se encuentran el presupuesto bienal según el cual el Gobierno pretende ahorrar 102.000 millones en 2013 y 2014— bastarán para convencer en Fráncfort y Bruselas; o si el BCE y la Comisión exigirán nuevas ajustes para garantizar el cumplimiento de los objetivos de déficit. El equipo económico de Rajoy confía en que no haya nuevas condiciones y, sobre todo, en que la tijera no se aplique a la única parte del Estado del bienestar que no se ha tocado: las pensiones. “Sería la última partida que tocaría”, señaló el viernes el propio presidente.

Tras la rueda de prensa del jefe del Eurobanco, la prensa internacional fue unánime en su veredicto. La palabra más repetida fue decepción. Pero al margen de la reacción de los mercados —que se desplomaron poco después de la intervención de Draghi para recuperarse al día siguiente—, los expertos también detectan alguna señal de esperanza para España. “El BCE está claramente preparado para actuar, aunque no está claro de qué forma y hasta qué punto. Lo más positivo es la potencia que pueden alcanzar si se coordinan el fondo de rescate europeo (el FEEF o su sustituto, el MEDE) y el BCE”, señala un análisis de Barclays titulado, muy gráficamente, Esperar hasta septiembre.

“No tiene sentido apostar contra el euro. No tiene sentido porque el euro va a permanecer. Es irreversible”, dijo el presidente del BCE desafiando a los inversores. Draghi dio a España —y a Italia, que también puede necesitar la ayuda— una de cal y otra de arena: comprará su deuda pública si es necesario pero, a cambio, los países tendrán que pasar por la humillación de pedirlo oficialmente.

Draghi —bautizado por el periódico alemán Handelsblatt como “el dios del trueno”— dio además otros motivos de alivio. Son tecnicismos, pero muy importantes para España. Dejó la puerta abierta a no esterilizar las operaciones de compra de deuda. El BCE ha recurrido en el pasado a este mecanismo, que consiste en retirar liquidez del sistema mientras compra deuda para evitar que aumente la inflación. Si el Eurobanco despliega finalmente toda su potencia, y además lo hace sin recurrir a la esterilización, sería positivo para economías altamente endeudadas como la española, porque así se reduciría el valor real de la deuda.

Pero para dar este paso contará con la previsible oposición de Alemania, donde hablar de la inflación les retrotrae a los peores momentos de su historia. “Este tipo de acciones tendrá más sentido si, como se espera, Berlín entra en recesión y la preocupación por la inflación pasa a un segundo plano”, señala Santiago Carbó, catedrático de la Escuela de Negocios británica Bangor. Este no es el único aspecto que contó con la negativa alemana. La reunión del BCE terminó con un único voto en contra, el del presidente del Bundesbank, lo que despierta dudas sobre la capacidad de generar consensos en el futuro.

El italiano dijo además que abordaría las “preocupaciones de los inversores privados sobre la prelación en el pago o seniority”. Si finalmente es así, el BCE no tendría preferencia en el caso de impago de un país, lo que ahuyentaría los temores de los inversores para comprar deuda. El BCE no cuenta ahora con una preferencia explícita para cobrar las deudas, pero esta se dio por hecho durante la reestructuración de la deuda griega.

Fue en Atenas donde más personas respiraron tranquilas el pasado jueves. Porque, según publicó ayer el diario conservador alemán Die Welt, el BCE evitó la quiebra de Grecia al aumentar el límite de los préstamos de emergencia suministrados al Banco de Grecia. Gracias a esta decisión, el Gobierno podrá acceder a 4.000 millones de euros adicionales, lo que permitirá mantener la economía a flote hasta que la troika (el BCE, la Comisión Europea y el FMI) concedan en septiembre el siguiente tramo de la ayuda correspondiente al segundo rescate.