Esto que en otras entidades ha comportado un protocolo pactado y firmado con los representantes de los trabajadores, en nuestra entidad se nos ha explicado y nada más. No se nos ha permitido ejercer nuestro papel de representantes vuestros. No hemos podido decir nada. Hemos hecho un papel completamente pasivo, el de oyentes.
Si bien es cierto que no se perderá ningún puesto de trabajo –asà lo ha asegurado la Dirección- no es menos cierto que la medida afectará los salarios de 44 compañeros. Y esto es justamente lo que pretendÃamos acordar con la Dirección: que ninguno de estos compañeros, que no decidieron abrir estas oficinas donde todo el mundo veÃa con claridad que nunca se harÃa negocio, saliera perdiendo. Ellos tendrán el castigo que no han merecido, pero los auténticos culpables, aquellos que decidieron abrir estas oficinas, no tan sólo no se verán perjudicados por tomar decisiones tan peregrinas, sino que son justamente los que ahora deciden que paguen el pato otros.
No toleraremos, ya lo avisamos hoy, este proceder dictatorial y caciquil. Porque asà es cómo se muestra, una vez más, nuestra Dirección: sorda y ciega a la realidad socio-cultural de nuestro mundo laboral. Los representantes de los trabajadores somos los legÃtimos representantes de los hombres y mujeres que formamos la plantilla para negociar en nombre suyo los cambios de las condiciones laborales que les afectan. Los Comités de Empresa y los que los componemos no somos una representación folclórica y pintoresca para que parezca que en la empresa hay un cierto grado de democracia. El talante democrático se demuestra compartiendo este tipo de decisiones, no simplemente anunciándolas. Por mucho que digan que esto es un tema de competencia de la Dirección, no lo es perjudicar a trabajadores y trabajadoras por ajustar una red de oficinas disparatada y mal estructurada por una polÃtica de expansión megalómana.
No permitiremos que aquellos a quienes no se les ha ocurrido ajustar su cartera, ni incluir ningún recorte en sus millonarios emolumentos, decidan ahora recortar los de trabajadores y trabajadoras que han luchado contra los elementos, o dicho de otra manera, se han afanado para levantar centros de negocios que estaban destinados a ser ruinosos y a morir ruinosos, no por la inoperà ncia de sus gestores, sino por la incompetencia de los diseñadores de la hoja de ruta de Caja Penedès. En unos momentos delicados, difÃciles, en que todo el mundo deberÃa velar por el futuro de la Caixa, quien menos lo hace, quien menos cuidado pone en sus movimientos, son justamente aquellos que dirigen la entidad. No sabemos qué pensar, la verdad. Pero, a veces, nos viene la tentación de creer que el único futuro que les interesa, que les preocupa, es el suyo, el de su bolsillo.
22 de junio de 2009 – com. 41/09
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