Si tenemos en cuenta que a 31 de diÂciembre de 2008, el sector empleaba a una plantilla de 270.855 personas, tras esta demoledora pérdida de puestos de trabajo, a 31 de diciembre de 2017 esta cifra se ha reducido hasta las 187.450 personas empleadas.
Pero el proceso de concentración y lo que los bancos denominan ?reducción de la capacidad instalada? aún no ha termiÂnado. De hecho está en marcha la ejecuÂción de diversos ERES (Santander-Popular, Bankia, Ibercaja, Liberbank y EVO Banco) que van a suponer la salida durante el año 2018 de, al menos, 3.000 personas más.
Y aunque, sobre todo por la desaparición de las cajas de ahorro, se ha reducido osÂtensiblemente el número de entidades, todavÃa algunas de ellas ?las que depenÂden principalmente del negocio tradicioÂnal- podrÃan ver en peligro su continuiÂdad en solitario por un entorno general de baja rentabilidad del negocio bancario motivado por la falta de capacidad para generar mayores ingresos que compensen los bajos tipos de interés -que están prácÂticamente al 0%-, y porque, además, ya se agotó el recorrido de la posible reducción de los costes financieros asà como de la enajenación de activos.
La digitalización: nuevo frente de preocupación para el empleo
Y cuando aún no ha concluido el ajuste en el sector, se abre un nuevo frente; lo que se ha denominado como ?digitalización?, que además de precisar de unas cuantiosas inversiones para su implantaÂción, supone un cambio sin precedentes que afecta a la relación con la clientela, la irrupción de una competencia que rompe los esquemas que hasta ahora regÃan en la banca y que va a tener ?lo está teniendo ya- importantes efectos en la organizaÂción del trabajo.
Y aunque pensemos que la digitalización lo que más va a cambiar es la manera de trabajar, no es descartable que pueda tener una incidencia negaÂtiva en el empleo. Para encarar todo esto, contamos con un modelo de negociación colectiva del secÂtor financiero, con el nudo troncal que son los convenios sectoriales de Banca, Ahorro y Cooperativas de Crédito, que nos ha servido de colchón para amortiguar en parte el golpe puesto que, de forma mayoritaria y sin obviar lo dolorosa que ha sido la reestructuración en el sector, hemos podido afrontarla de manera orÂdenada y negociada y, aunque no ha esÂtado exenta de fuertes tensiones, se han evitado en gran medida los aspectos más traumáticos para las plantillas.
Pero este proceso de ajuste drástico, tamÂbién ha ido acompañado en paralelo de una pérdida total de la reputación de la banca en general. Y aunque no todas las direcciones de las entidades hayan actuaÂdo de la misma manera ?con malas prácÂticas, en ocasiones delictivas-, el manto de desprestigio se ha cernido injustamenÂte sobre la profesión, sin distinguir a los verdaderos responsables.
Y es que las plantillas del sector financiero llevan años en el ojo del huracán, dando la cara ante una indignada clientela para responder por las decisiones tomadas por las direcciones de algunas entidades, y de las que las trabajadoras y los trabajadores no son en absoluto responsables.
Por ello, CCOO hemos propuesto el estaÂblecimiento de códigos deontológicos de la profesión ?incorporando artÃculos al respecto en el Convenio de Banca y en el de Cooperativas de Crédito? porque, aunque la conducta profesional de las plantillas ha sido y sigue siendo intachaÂble, éstas no disponen de mecanismos para denunciar las presiones por parte de determinados superiores sin que ello suÂponga poner en riesgo el propio puesto de trabajo.
Pero no se acaban aquà los efectos del ajuste bancario. También se producen consecuencias para la ciudadanÃa en todo este proceso, porque nos encaminamos hacÃa un oligopolio, es decir, unas pocas y grandes entidades que se reparten la maÂyor parte del mercado y del negocio, lo que conlleva un menor grado de compeÂtencia y también una creciente exclusión financiera de una parte de la población, sobre todo en zonas rurales, puesto que el proceso de reestructuración lleva apaÂrejado, además, un cierre masivo de oficiÂnas (18.342 en el periodo 2008-2017, un 40%).
Es por esto que CCOO, además de incidir mediante la negociación colectiva o la movilización, si es necesario, en los camÂbios organizativos que puedan derivarse de la digitalización y seguir defendiendo un empleo estable y de calidad para las plantillas del sector financiero, vamos a contribuir y a defender que sea realmente efectivo el derecho de cualquier ciudadaÂno o ciudadana al acceso a los servicios financieros







