No te quites del teléfono”, me dice a todas horas una voz en mi cerebro
que me resulta extraña y familiar a un tiempo. Y yo no me quito del
teléfono. Desde que en el enésimo capÃtulo del culebrón ‘Caja España y
Caja Duero: fusión de gavilanes’ me enteré de los enojos, amores y
desamores entre consejeros por encontrar un presidente para la nueva
caja, no hago otra cosa que ofrecerme.
No me quito del teléfono. En realidad llevo ya pendiente de una llamada desde que me postulé para el Banco de Pensadores creado por la Junta de Castilla y León. “Todo mi honor en torno a un tono que no sonó”, que rapea el gran Kase O. Incluso llegué a escribir mi discurso de ingreso, titulado ‘Grandes comilonas en tiempos de crisis y debates inútiles a los postres”.
Pero ahora no me quito delteléfono por si me nombran presidente de la nueva gran caja. Ya me he dejado ver por algunos actos de los que frecuentan los encargados de elegir a la persona indicada para el puesto, con la esperanza de que, al contemplar mi cabezón, a alguno se le ocurra: “Quizá este chaval...”. Soy agradecido con los canapés (incluso los de fuagrás revenido que ablanda el pan tostado), no he quedado mal para cenar en ningún pueblo, como con la boca cerrada en caso de que sea necesario, me tapo al estornudar,me cuesta pero me apaño si hay que hablar sin decir palabrotas, no soy demasiado alto ni demasiado bajo, suelo llevar pañuelo de tela y soy capaz de no parpadear cuando me van a hacer una foto.
No me quito del teléfono. Creo sinceramente que soy el candidato perfecto. Dicen que tenÃan ya a una persona para el cargo, pero que han tenido que descartarla porque actualmente gana un millón de euros al año y no le pueden pagar más de eso. Saben ellos bien que yo no tengo ese problema. Hay años que no llego al millón de euros de ingresos.
No me quito del teléfono. Valgo para el puesto. Sé firmar y mirar para otro lado. Incluso puedo frivolizar, aunque sea sin gracia, sobre cómo un grupo de polÃticos depredadores juega con el dinero de los contribuyentes.
David Rubio
La Crónica de León
No me quito del teléfono. En realidad llevo ya pendiente de una llamada desde que me postulé para el Banco de Pensadores creado por la Junta de Castilla y León. “Todo mi honor en torno a un tono que no sonó”, que rapea el gran Kase O. Incluso llegué a escribir mi discurso de ingreso, titulado ‘Grandes comilonas en tiempos de crisis y debates inútiles a los postres”.
Pero ahora no me quito delteléfono por si me nombran presidente de la nueva gran caja. Ya me he dejado ver por algunos actos de los que frecuentan los encargados de elegir a la persona indicada para el puesto, con la esperanza de que, al contemplar mi cabezón, a alguno se le ocurra: “Quizá este chaval...”. Soy agradecido con los canapés (incluso los de fuagrás revenido que ablanda el pan tostado), no he quedado mal para cenar en ningún pueblo, como con la boca cerrada en caso de que sea necesario, me tapo al estornudar,me cuesta pero me apaño si hay que hablar sin decir palabrotas, no soy demasiado alto ni demasiado bajo, suelo llevar pañuelo de tela y soy capaz de no parpadear cuando me van a hacer una foto.
No me quito del teléfono. Creo sinceramente que soy el candidato perfecto. Dicen que tenÃan ya a una persona para el cargo, pero que han tenido que descartarla porque actualmente gana un millón de euros al año y no le pueden pagar más de eso. Saben ellos bien que yo no tengo ese problema. Hay años que no llego al millón de euros de ingresos.
No me quito del teléfono. Valgo para el puesto. Sé firmar y mirar para otro lado. Incluso puedo frivolizar, aunque sea sin gracia, sobre cómo un grupo de polÃticos depredadores juega con el dinero de los contribuyentes.
David Rubio
La Crónica de León







