ROSARIO FONTOVA
Yatu
Touray tiene 16 años, nació en Gambia y ahora vive en Manchester. Es una guapa
adolescente, que lleva sandalias de tacón fino y largos pendientes. Como
cualquier otra chica. Pero a los 4 años sufrió una circuncisión y le amputaron
el clÃtoris. "Fui muy bien atendida pero aún me acuerdo del dolor", explicó ayer
en una de las sesiones del Foro Mundial de las Mujeres. El Foro programó
diversas sesiones de trabajo donde se evidenció el abismo que separa a las
mujeres del Norte y a las del Sur en un mapamundi del bienestar y la pobreza que
acentúa sus efectos en las mujeres.
Yatu Turay fue portavoz de un problema ético que sufren al año alrededor de un
millón y medio de mujeres en 28 paÃses de Africa ya sean de religión musulmana,
cristiana copta, judÃa falasha o sin religión oficial. Habitualmente son
sometidas a la amputación por mujeres mayores, que mantienen de buena fe la
cadena de la tradición que impuso el patriarcado. "Ellas quieren lo mejor, pero
la nueva generación está mejor informada. Por eso debemos trabajar de forma
respetuosa para que nuestras comunidades lo entiendan", dijo Yatu. Igual mensaje
lanzó Berhane Ras-Work, presidenta del comité interafricano sobre prácticas
tradicionales. "No debemos criminalizar a la sociedad africana, sino solicitar
la colaboración internacional", dijo.
El dolor y la pesadilla
La ginecóloga somalà Faduma Hussein lleva muchos años tratando a mujeres
sometidas como ella a la infibulación, la peor de los cinco grados de ablación
que hay, puesto que amputa el clÃtoris, los labios mayores y menores y además
sutura la herida. Esta doctora ahora exiliada en Londres explica que "aunque no
haya infección, siempre hay dolor, siempre, y hemorragias y pesadillas". Cuando
las somalÃs se casan, Faouma las abre para que la penetración masculina
no las hiera todavÃa más. Y el parto, cuenta hasta poner los pelos de punta, es
tan complicado como doloroso.
Samsidine Aidara, lÃder religioso de Senegal e imán de Arbúcies, se llevó una
ovación cuando afirmó que "el Corán no habla de la ablación". "No hay un sólo
párrafo que hable de la mutilación femenina. La ablación serÃa arrojar a la
mujer del seno de la sociedad. El Islam condena la práctica de cortar una parte
del cuerpo de la mujer", añadió.
Información y prevención
La antropóloga de la UAB Adriana Kaplan, inspiradora del debate, aseguró que la
única fórmula para erradicar esta práctica es que los polÃticos doten "programas
de proyectos encaminados a la información y a la prevención". Catalunya, en su
opinión, dado el elevado Ãndice de inmigración, podrÃa ser pionera en la
erradicación de este tabú cultural.
El abismo que separa a las mujeres de paÃses pobres de los ricos se observa en
las prácticas sanitarias. MarÃa Amelia Vázquez es comadrona tradicional de San
MartÃn Quetzaltenango, en Guatemala. Ayuda a nacer a bebés en aldeas y lugares
marginales. No practica abortos ni siquiera fruto de la violación "porque es
contra la ley de Dios", pero predica con ahÃnco el control de la natalidad y la
ligadura de trompas. "En mi paÃs las mujeres pueden tener hasta 15 hijos pero
eso es la muerte para ellas". Como mucho, recomienda tener cuatro hijos. A sus
pacientes les receta hierba de San Juan, ruda y manzanilla y les administra
baños de vapor. Y sobre todo, les aconseja que dejen de parir.
Mientras esta comadrona actúa donde no hay hospitales, Encarna Talavera,
directiva de la asociación andaluza de MinusvalÃas, solicitaba en una sesión
sobre biotecnologÃa que la investigación sobre células madre aumente. Confinada
en una silla de ruedas, Talavera secundó las propuestas del cientÃfico Bernat
Soria. "Que prospere la investigación, no nos podemos detener en problemas
religiosos", señaló.
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