Uno de los ciclos más largos y prósperos de la economÃa española ha
tocado su fin y lo ha hecho en el marco de la mayor crisis financiera
de la historia.
El efecto que ha tenido la caÃda del paradigma norteamericano de banca, que cubrÃa los agujeros prudenciales de medición del riesgo, la no regulación y la no supervisión con productos estructurados que cubrÃan/diseminaban hipotecas subprime, está generando un tsunami que amenaza con arrasar el sistema financiero mundial y nos sitúa a las puertas de una restructuración profunda y global.
Estos vientos han puesto al desnudo la fragilidad de los pilares sobre los que se apoyaba el crecimiento económico de nuestro paÃs, basado en exceso en la construcción y el consumo. Una debilidad estructural que, alimentada por tipos excepcionalmente bajos y una nula propensión al ahorro en los últimos años, se ha agudizado dramáticamente.
La avaricia y la especulación no han sido las únicas razones de este crecimiento con pies barro. En un entorno de tipos bajos, los márgenes de las entidades financieras se estrecharon y forzaron a la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos como aumento del cobro de los servicios, la toma de participaciones financieras relevantes en empresas cotizadas y el crecimiento del balance a través del volumen de créditos hipotecarios.
Ese modelo habrÃa quebrado aun sin crisis financiera internacional. Ya lo ha hecho y podrÃa representar, por él mismo, la destrucción de más de un 30% de la riqueza nacional.
La expansión del mercado hipotecario, sustentado, no lo olvidemos, en una demanda potentÃsima de los particulares, también como fórmula de ahorro-inversión, contribuyó a que, por ejemplo, el saldo de bonos hipotecarios se haya duplicado en los años 2004-2007 sobre el acumulado en los 10 años anteriores. Todo ello representa un tercio del total del déficit de la balanza de pagos española.
Y, súbitamente, cuando nos preparábamos para un aterrizaje suave nos encontramos al borde de una caÃda en barrena cuya profundidad y duración, al dÃa de hoy, desconocemos.
Pero una cosa sà está clara: el sistema financiero español, como el internacional, deberá adaptarse a una nueva realidad, a un entorno con un menor volumen de negocio, menores beneficios y unos mercados de capital restrictivos, cuando no cerrados.
Los primeros compases del nuevo sistema ya han comenzado a sonar con movimientos de concentración, despiece e intervenciones en el sistema financiero estadounidense y europeo. Con seguridad, continuarán.
ConvendrÃa dejar de llorar sobre la leche derramada y ponernos a definir un nuevo escenario en el que el sector financiero contribuya a construir unas más sólidas bases para la ulterior fase de crecimiento.
Para empezar, las fortalezas del sistema financiero español son importantes. La buena polÃtica anticÃclica del Banco de España ha significado que el sistema financiero español esté soportando el seÃsmo financiero con unas dotaciones medias superiores al 250%, frente al 60% de la banca europea. Nuestro crédito hipotecario, con sistemas de garantÃas reales y personales, goza de una excelente valoración del riesgo y con una financiación media inferior al 80% del valor de los activos.
Nuestros Fondos de GarantÃa de Depósitos son muy solventes y están externalizados y, salvo en muy contadas ocasiones en los años setenta y ochenta, han intervenido de manera eficaz y con garantÃas para los depositantes.
Hay que apoyar de manera decidida iniciativas como las del presidente de la Comisión de la UE para reforzar las garantÃas de los ahorros de los europeos, y crear un organismo supervisor financiero a nivel europeo. Una iniciativa a la que habremos de sumarnos elevando el mÃnimo garantizado del ahorro de los españoles por el Fondo de GarantÃa de Depósitos aumentando sustancialmente los 20.000 euros actuales.
El Banco Central Europeo tiene que restablecer la liquidez a las entidades cada vez a mayor plazo, de forma que, poco a poco, con transparencia y con prudencia, puedan restablecerse los mercados crediticios. Pero a ello han de colaborar también las autoridades europeas. De no ser asà los efectos sobre nuestra economÃa pueden ser devastadores.
En nuestro paÃs los supervisores deben garantizar la autonomÃa de los órganos de gobierno de las cajas de ahorros para que definan aquellos proyectos de colaboración y/o redimensionamiento de entidades, sin descartar las fusiones interterritoriales, que mejor garanticen la solvencia y la rentabilidad. La misma autonomÃa que deben de tener para definir los instrumentos para fortalecer sus recursos propios.
Mi prioridad y la de la organización que dirijo será la de garantizar que estos procesos de reordenación o redimensionamiento, que sin duda se producirán también en nuestro paÃs, se desarrollen preservando la naturaleza jurÃdica de las cajas de ahorros y, en banca, ahorro y cooperativas de crédito, manteniendo la estabilidad laboral de los proyectos resultantes. Y todo ello para garantizar en última instancia que el sector financiero en su conjunto cumpla con su principal función social: dotar de crédito a la economÃa.
José MarÃa MartÃnez. Secretario general de Comfia-CC OO
CINCODIAS.COM
El efecto que ha tenido la caÃda del paradigma norteamericano de banca, que cubrÃa los agujeros prudenciales de medición del riesgo, la no regulación y la no supervisión con productos estructurados que cubrÃan/diseminaban hipotecas subprime, está generando un tsunami que amenaza con arrasar el sistema financiero mundial y nos sitúa a las puertas de una restructuración profunda y global.
Estos vientos han puesto al desnudo la fragilidad de los pilares sobre los que se apoyaba el crecimiento económico de nuestro paÃs, basado en exceso en la construcción y el consumo. Una debilidad estructural que, alimentada por tipos excepcionalmente bajos y una nula propensión al ahorro en los últimos años, se ha agudizado dramáticamente.
La avaricia y la especulación no han sido las únicas razones de este crecimiento con pies barro. En un entorno de tipos bajos, los márgenes de las entidades financieras se estrecharon y forzaron a la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos como aumento del cobro de los servicios, la toma de participaciones financieras relevantes en empresas cotizadas y el crecimiento del balance a través del volumen de créditos hipotecarios.
Ese modelo habrÃa quebrado aun sin crisis financiera internacional. Ya lo ha hecho y podrÃa representar, por él mismo, la destrucción de más de un 30% de la riqueza nacional.
La expansión del mercado hipotecario, sustentado, no lo olvidemos, en una demanda potentÃsima de los particulares, también como fórmula de ahorro-inversión, contribuyó a que, por ejemplo, el saldo de bonos hipotecarios se haya duplicado en los años 2004-2007 sobre el acumulado en los 10 años anteriores. Todo ello representa un tercio del total del déficit de la balanza de pagos española.
Y, súbitamente, cuando nos preparábamos para un aterrizaje suave nos encontramos al borde de una caÃda en barrena cuya profundidad y duración, al dÃa de hoy, desconocemos.
Pero una cosa sà está clara: el sistema financiero español, como el internacional, deberá adaptarse a una nueva realidad, a un entorno con un menor volumen de negocio, menores beneficios y unos mercados de capital restrictivos, cuando no cerrados.
Los primeros compases del nuevo sistema ya han comenzado a sonar con movimientos de concentración, despiece e intervenciones en el sistema financiero estadounidense y europeo. Con seguridad, continuarán.
ConvendrÃa dejar de llorar sobre la leche derramada y ponernos a definir un nuevo escenario en el que el sector financiero contribuya a construir unas más sólidas bases para la ulterior fase de crecimiento.
Para empezar, las fortalezas del sistema financiero español son importantes. La buena polÃtica anticÃclica del Banco de España ha significado que el sistema financiero español esté soportando el seÃsmo financiero con unas dotaciones medias superiores al 250%, frente al 60% de la banca europea. Nuestro crédito hipotecario, con sistemas de garantÃas reales y personales, goza de una excelente valoración del riesgo y con una financiación media inferior al 80% del valor de los activos.
Nuestros Fondos de GarantÃa de Depósitos son muy solventes y están externalizados y, salvo en muy contadas ocasiones en los años setenta y ochenta, han intervenido de manera eficaz y con garantÃas para los depositantes.
Hay que apoyar de manera decidida iniciativas como las del presidente de la Comisión de la UE para reforzar las garantÃas de los ahorros de los europeos, y crear un organismo supervisor financiero a nivel europeo. Una iniciativa a la que habremos de sumarnos elevando el mÃnimo garantizado del ahorro de los españoles por el Fondo de GarantÃa de Depósitos aumentando sustancialmente los 20.000 euros actuales.
El Banco Central Europeo tiene que restablecer la liquidez a las entidades cada vez a mayor plazo, de forma que, poco a poco, con transparencia y con prudencia, puedan restablecerse los mercados crediticios. Pero a ello han de colaborar también las autoridades europeas. De no ser asà los efectos sobre nuestra economÃa pueden ser devastadores.
En nuestro paÃs los supervisores deben garantizar la autonomÃa de los órganos de gobierno de las cajas de ahorros para que definan aquellos proyectos de colaboración y/o redimensionamiento de entidades, sin descartar las fusiones interterritoriales, que mejor garanticen la solvencia y la rentabilidad. La misma autonomÃa que deben de tener para definir los instrumentos para fortalecer sus recursos propios.
Mi prioridad y la de la organización que dirijo será la de garantizar que estos procesos de reordenación o redimensionamiento, que sin duda se producirán también en nuestro paÃs, se desarrollen preservando la naturaleza jurÃdica de las cajas de ahorros y, en banca, ahorro y cooperativas de crédito, manteniendo la estabilidad laboral de los proyectos resultantes. Y todo ello para garantizar en última instancia que el sector financiero en su conjunto cumpla con su principal función social: dotar de crédito a la economÃa.
José MarÃa MartÃnez. Secretario general de Comfia-CC OO
CINCODIAS.COM







