En realidad, el mayor problema de la democracia española es, precisamente, esta falta de diversidad tanto en los medios escritos como orales, y tanto en los medios públicos como en los privados.
El artÃculo surge a partir del conflicto laboral existente en el canal de televisión IntereconomÃa, junto con el cierre de Canal 9 y del resto de la radiotelevisión pública valenciana. Estos conflictos y cierres han movilizado a las izquierdas del paÃs en defensa de los profesionales y trabajadores de esos medios, afectados negativamente por tales medidas, pues ellas implican pérdidas de puestos de trabajo. Como bien señala Pascual Serrano, la defensa de puestos de trabajo ha movilizado siempre a las izquierdas (que, por regla general, lideran las reivindicaciones laborales), siendo estas las que se han movilizado para protestar y denunciar dicha destrucción de puestos de trabajo, independientemente del lugar e institución en los que ello tomara lugar.
Ahora bien –tal como indica Pascual Serrano–, esta polÃtica lleva a situaciones paradójicas e incoherentes, pues esta protesta puede ser antidemocrática cuando sus beneficiarios son profesionales o trabajadores de instrumentos antidemocráticos como lo han sido IntereconomÃa y Canal 9. Estos medios de información han carecido del mÃnimo de conciencia democrática que deberÃa exigÃrsele a un medio de información que use un bien público como son las ondas radiofónicas. En realidad, su comportamiento ha sido profundamente antidemocrático, marginando, cuando no insultando, a las izquierdas y a las fuerzas democráticas, con un servilismo a las ultraderechas gobernantes del paÃs que ha dañado a las clases populares de este paÃs. Su limitado profesionalismo, puesto al servicio de la propaganda polÃtica, se ha traducido en el descaro y desvergüenza que caracterizan a las derechas (en realidad ultraderechas) del paÃs. Canal 9 jugó un papel clave en ocultar las causas del enorme daño provocado a las vÃctimas del accidente de metro de Valencia y a sus familiares. E IntereconomÃa ha intoxicado la cultura democrática del paÃs, con una manipulación grosera que ha alcanzado un nivel de insulto y sectarismo que ha hecho imposible cualquier posibilidad de diálogo o enriquecimiento democrático. En realidad, dicho comportamiento ha corrompido cualquier atisbo de democracia que hubiera podido existir en la cultura polÃtica de la ultraderecha española.
Es un espectáculo que deberÃa ofender a cualquier demócrata en nuestro paÃs el ver a los profesionales de Canal 9 denunciar las enormes manipulaciones de esa televisión en el momento en el que son expulsados. ¿Por qué no lo denunciaron cuando ello estaba ocurriendo, que era cuando los mismos profesionales, que ahora se quejan, estaban transmitiendo aquellas mentiras que ocultaban hechos verÃdicos de los cuales ellos eran conscientes?
Se me dirá que si lo hubieran hecho, se les habrÃa penalizado. Pero esta explicación no justifica su comportamiento. ¿Se utilizarÃa la misma justificación si la persona que diera este argumento fuera un torturador en las celdas de la policÃa, que le despedÃan debido a los recortes del personal policial? Pues bien, el sistema actual, que esconde una dictadura mediática, se reproduce mediante represión, no solo fÃsica sino también intelectual. Y los medios están jugando un papel clave en la reproducción de esta represión intelectual.
También se me podrÃa decir (como se me ha dicho) que Canal 9 era público y las izquierdas deben apoyar a los medios públicos. Este argumento, para ser válido, tendrÃa que tener en cuenta la naturaleza democrática de dicho instrumento público, lo cual es fácil de mostrar su inexistencia mirando la limitadÃsima diversidad ideológica existente en el medio. Y ahÃ, muchos pecan de escasa vocación democrática. TV3, el primer canal de la televisión pública catalana, promueve en sus programas de economÃa una visión ultraliberal que sistemáticamente promociona el punto de vista del mundo del capital a costa del mundo del trabajo. En el programa Lecciones de EconomÃa, de casi una hora de duración, constantemente se presenta la visión empresarial de la vida económica, presentando por ejemplo a las compañÃas eléctricas como vÃctimas del gobierno (sÃ, ha leÃdo bien) en el rechazo de este último al crecimiento del precio de la electricidad (uno de los más altos de la UE-15).
PodrÃa justificarse este apoyo a TV3 (como yo hice recientemente) por también tener programas (muy pocos), en el canal secundario de Televisió de Catalunya, de gran interés polÃtico-social. Pero el problema mayor persiste: la utilización de un medio público por una ideologÃa concreta que aparece con abusiva claridad en los informativos. Esta falta de profesionalidad deberÃa ser denunciada por las izquierdas, que permanecen calladas por miedo (y existe mucho miedo y temor a criticar a los medios), por oportunismo y por confusión. Es sorprendente la falta de respuesta de las izquierdas hacia la falta de diversidad de los medios, siendo España el único paÃs de la UE-15 en el que no hay ningún mayor medio escrito u oral de izquierdas. Y las izquierdas tienen responsabilidad en ello.
Vicenç Navarro | Catedrático de PolÃticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
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