En todos los paÃses del mundo la corrupción polÃtica y empresarial es una lacra que beneficia a ciertos sectores de la población a costa de perjudicar a otros. No obstante, lo que sà parece ser cierto es que en nuestro paÃs la corrupción ni está tan mal vista ni está tan castigada como en otros paÃses del centro y norte de Europa. Y en esto tiene mucho que ver la tradición democrática que existe en cada paÃs, pues en aquellas regiones donde más tiempo llevan rigiéndose por instituciones democráticas, mejores son los mecanismos de detección y penalización de prácticas corruptas; y al revés. Es por ello que no sorprende ver cómo paÃses que han sufrido dictaduras recientes como España, Portugal o Grecia presenten unos Ãndices de corrupción (según la organización Transparencia Internacional) más elevados que otros paÃses con mayor tradición democrática como lo pueden ser Francia, Reino Unido o los PaÃses Bajos. No es muy difÃcil de imaginar: si durante los regÃmenes dictatoriales las oligarquÃas dominantes podÃan hacer cualquier cosa que se les antojase sin apenas controles ni limitaciones, no nos deberÃa sorprender mucho que a pesar de las transiciones democráticas dichas élites hayan seguido considerando “normales” ciertas prácticas corruptas.
Pero no nos desviemos del tema. ¿En qué consiste exactamente la corrupción polÃtica? Muchas veces se utiliza este término sin entender muy bien a qué puede hacer referencia. En realidad, existen muchas formas de corrupción. Entre las más destacadas cabe mencionar el tráfico de influencias, el patrocinio, los sobornos, las extorsiones, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, la cooptación, el nepotismo y la impunidad. Todas ellas son formas muy diferentes de utilizar el poder público en aras de un beneficio propio.
Para que exista un gobernante sobornado debe existir también un agente que lo soborne. Y para que pueda sobornar de forma efectiva el agente en cuestión tiene que poseer y controlar muchÃsimo dinero. Y es aquà donde encontramos el denominador común de todos los paÃses del planeta que sufren este tipo de corrupción. No podemos olvidar que vivimos en sociedades capitalistas donde la riqueza y la renta están distribuidas de una forma muy asimétrica. En estas sociedades siempre hay súper-ricos, y súper-pobres. Y mientras existan los primeros seguirá existiendo el riesgo de que los gobernantes sean sobornados. No es casualidad que los paÃses donde existen niveles bajos de corrupción sean también los que gozan de una distribución de la renta más igualitaria (Dinamarca, Finlandia, Suecia, PaÃses BajosÂ…).
Mientras existan poderes económicos tan vigorosos, el poder polÃtico será más fácilmente sobornable. Esto es algo que no se le escapa a la mayorÃa de la población. Según una encuesta de la ONG Transparencia Internacional, un 66% de españoles cree que el gobierno actúa “en gran medida” o “totalmente” guiado por los intereses de grupos de presión y grandes empresas. Al mismo tiempo, según las últimas cifras del Centro de Investigaciones Sociológicas, la gran mayorÃa de la población indica que los bancos tienen más poder que los gobiernos, mientras que colocan a las grandes empresas casi en el mismo escalón.
Por eso ningún paÃs del planeta se libra de este tipo de corrupción, porque vivimos en un mundo capitalista en el cual 41 de las 100 mayores economÃas mundiales son empresas (el resto son paÃses). Frente a poderes económicos tan importantes y preponderantes, cualquier esfuerzo por combatir la corrupción se quedará corto. Si se quiere batallar con eficacia la corrupción no queda más remedio que atacar a la raÃz del problema, y ello pasa necesariamente por la reducción y debilitamiento de estos desmesurados poderes económicos.
Eduardo Garzón Licenciado en EconomÃa y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Málaga. En la actualidad cursa el Máster de EconomÃa Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid.
ArtÃculo publicado en andalucesdiario.es
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