Hemos visto que desde el comienzo de la crisis en 2007-2008, el BCE tuvo un papel vital en el rescate de los grandes bancos privados, de sus grandes accionistas y principales directivos, garantizando al mismo tiempo la continuación de sus privilegios. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, sin la acción del BCE, algunos grandes bancos habrían quebrado y que eso habría obligado a los gobiernos a tomar severas medidas coercitivas con sus directivos y sus grandes accionistas.
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