A lo largo de la historia muchos escritores has preferido, por diferentes motivos, utilizar un nombre falso en lugar del suyo. El seudónimo masculino, ha sido el más utilizado a la hora de ocultar que la autora era mujer. Se entendía que escribir no era actividad de mujeres. El deseo de estas escritoras era de que se leyeran sus obras sin ningún prejuicio. Hubo casos como el de Emilia Pardo Bazán, que se negó a escribir con seudónimo, sufriendo el menosprecio de escritores y académicos. Esta decisión tal vez estuviera motivada por la influencia de su padre, se dice que le dio el siguiente consejo “los hombres somos muy egoístas, y si te dicen alguna vez que hay cosas que puedan hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para dos sexos”.
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