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Pobres viudas


Espa帽a va bien, pero las viudas espa帽olas figuran entre las m谩s pobres de Europa. S贸lo las ganan en pobreza las de Grecia y Portugal.

脡sta es la conclusi贸n de un estudio realizado por Fedea: enviudar, para las mujeres espa帽olas, es sumar a la desgracia por la p茅rdida del marido el descubrir la estrechez econ贸mica y sufrir una p茅rdida muy significativa de su capacidad adquisitiva.

Se dice que se est谩n haciendo esfuerzos para mejorar esta situaci贸n. Deben de ser ciertos, pero en todo caso muy irrelevantes; la cuesti贸n sigue planteada en t茅rminos de injusticia evidente. Resulta un tanto c铆nico preocuparnos de la violencia dom茅stica que afecta a un colectivo minoritario de las mujeres y olvidarnos de aquella otra violencia, la econ贸mica, que es la que la propia sociedad impone a las viudas.

De aqu茅lla, de la violencia dom茅stica, puede llegarse a entender que, a pesar de los esfuerzos que se realizan, no pueda garantizarse una soluci贸n eficaz que evite un problema que ofende a nuestra condici贸n de sociedad civilizada. Pero que la violencia econ贸mica que se ejerce sobre las viudas desaparezca s贸lo depende de nosotros. En este tema, querer es poder. Terminar con la marginaci贸n econ贸mica de las viudas cuesta dinero. Es obvio.

Pero para esto est谩 la selecci贸n de prioridades; y 茅sta debe pasar por delante de otras muchas. Estamos hablando de un derecho que se ha ganado cotizando durante muchos a帽os a la Seguridad Social. No estamos hablando de beneficencia. Los maridos han cotizado para asegurar a su mujer una pensi贸n digna y el Estado ha aceptado su dinero para responsabilizarse de esta prestaci贸n. Y no es as铆. En el supuesto m谩s com煤n, el marido se convierte, en primer lugar, en jubilado y en esta situaci贸n nota una disminuci贸n sensible de su salario. Pero de fallecer, su viuda va a ver todav铆a m谩s reducida la pensi贸n que su marido ven铆a percibiendo. Es decir, se le niega a la mujer sustituirse en la condici贸n del marido, a pesar de que va a subrogarse en todas las obligaciones econ贸micas que 茅ste asum铆a en vida.

Mayor injusticia es, adem谩s, cuando a la viuda que ha cotizado toda su vida laboral para asegurarse su pensi贸n de jubilaci贸n se le negar谩 la pensi贸n de viudedad cotizada por su marido. Que elija entre una u otra, pero las dos a la vez no. Habr谩n -uno y otro- cotizado en balde y el Estado agradecido va a ahorrarse unos dineros que no le corresponden.

No todo puede hacerse, ni puede hacerse todo a la vez. Pero de esto hace ya demasiado tiempo que se habla. No vale argumentar que una mejor atenci贸n para las viudas reducir铆a otras prestaciones sociales. 驴Por qu茅 s贸lo se contempla la solidaridad entre los pasivos? 驴Por qu茅 no se contempla este problema desde una perspectiva m谩s justa de modelo de sociedad?

Mientras esto no se resuelva, no podr谩 decirse que vamos bien. Al menos, sin ruborizarnos.

La Vanguardia, 25 de Enero de 2005