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Culpables, millonarios e impunes

Culpables, millonarios e impunes


REPORTAJE: Primer plano. El mal hacer de una casta intocable de directivos est谩 detr谩s de la crisis financiera.


13-10-2008 - "Cuando nace un brahm谩n, nace superior a la Tierra entera, es se帽or de todas las criaturas, y tiene que guardar el secreto del dharma. Todo lo que existe en el mundo es propiedad privada del brahm谩n. Por la alta excelencia de su nacimiento, 茅l tiene derecho a todo. Esto es, es 茅l quien goza, quien viste, quien da a otros, y es a trav茅s de su gracia que otros gozan", se dice en el Libro de Manu. Las leyes de Manu est谩n contenidas en un antiguo manuscrito hind煤 que estableci贸 el sistema de castas en la India hace m谩s de dos mil a帽os. El brahm谩n es la casta superior. S贸lo unos elegidos pueden pertenecer a la misma y, como dice la cita, gozan de todos los derechos y su 煤nica labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de castas (salvo a los parias o intocables, que no gozan de ning煤n derecho).

El capitalismo moderno ha emulado este sistema de castas. Sus brahmanes son los directivos y consejeros de las grandes corporaciones. Gozan de privilegios y prebendas por doquier: sueldos estratosf茅ricos, planes de incentivos, vacaciones, jet privados y club de campo a costa de la empresa... Y no tienen casi ninguna responsabilidad. Si las acciones suben, ellos son los que m谩s ganan gracias a los programas de opciones sobre acciones que premian la revalorizaci贸n burs谩til. Si la cotizaci贸n se derrumba o incluso si las firmas quiebran y los accionistas pierden todo lo invertido, ellos tambi茅n ganan. En caso de despido, cuentan con cl谩usulas que les aseguran indemnizaciones multimillonarias, conocidas como paraca铆das de oro (golden parachute), de las que no disfrutan los trabajadores, los parias de este orden econ贸mico.

El derrumbe del sistema financiero internacional ha sacado a la luz estas colosales prerrogativas de los directivos cuya gesti贸n ha abocado a la desaparici贸n a firmas hist贸ricas como

Lehman Brothers o Merrill Lynch. Sus arruinados accionistas y ahorradores o los trabajadores despedidos se preguntan por qu茅 en lugar de ser reclamados por los juzgados, los ejecutivos han salido sin hacer ruido por la puerta de atr谩s y con las carteras llenas. S贸lo las cinco mayores firmas financieras de Wall Street -Merrill Lynch, JP Morgan, Lehman Brothers, Bear Stearns y Citigroup- pagaron m谩s de tres mil millones de d贸lares en los 煤ltimos cinco a帽os a sus m谩ximos ejecutivos, justo en el periodo en el que 茅stos se dedicaron a inflar las cuentas, empaquetando en fondos y otros activos opacos, pr茅stamos incobrables que han derivado en la mayor crisis financiera de la historia.

Cuando el sistema se colaps贸, las firmas siguieron siendo generosas con los causantes de la debacle. Stanley O'Neall se llev贸 a casa 161 millones de d贸lares cuando dej贸 Merrill Lynch; Charles Prince obtuvo 40 millones al dejar Citigroup, cifra similar a la que que obtuvo Richard S. Fuld, de Lehman.

El c贸digo marinero tampoco va con los CEO (chief excutive officer, siglas en ingl茅s de consejero delegado). Si el barco se hunde, son los primeros en coger el salvavidas, un salvavidas de oro. La comisi贸n de investigaci贸n de la C谩mara de Representantes de Estados Unidos ha puesto al descubierto esta semana que la c煤pula directiva de Lehman Brothers aprob贸 bonus por millones de d贸lares para los ejecutivos que salieran de la empresa mientras negociaban con las autoridades federales el rescate de la quiebra. Su consejero delegado, Richard Fuld, cuya actuaci贸n ha llevado a la desaparici贸n del banco de inversi贸n m谩s veterano de Estados Unidos (fundado en 1850), ganaba 17.000 d贸lares a la hora.

Pese a ser reverenciados por diarios financieros como The Financial Times o The Wall Street Journal como prototipo de eficiencia y seriedad, su comportamiento caprichoso se asemeja m谩s bien al de los divos del pop o los artistas de Hollywood. James Cayne, el m谩ximo responsable de Bear Stearns, se march贸 a un torneo de bridge mientras colapsaban dos fondos de inversi贸n que provocaron finalmente la desaparici贸n de la quinta entidad financiera de Estados Unidos. 隆Ni siquiera encend铆a el m贸vil!

Angelo Mozilo, responsable de la quiebra del banco hipotecario Countrywide, consideraba una inexplicable afrenta personal que el consejo de administraci贸n le pidiera explicaciones acerca de los viajes de su esposa en el jet privado de la compa帽铆a, que le pag贸 360 millones de d贸lares en los 煤ltimos cinco a帽os.

La cultura del jet es consustancial a los CEO. Martin Sullivan, consejero delegado de AIG hasta que la aseguradora fue rescatada de la quiebra con fondos p煤blicos por la Administraci贸n de Bush, gast贸 el a帽o pasado 322.000 d贸lares en viajes privados o de vacaciones en el reactor de la empresa. Su colega Stanley O'Neal, presidente de Merrill Lynch, carg贸 gastos de avi贸n y coche para uso particular por 357.000 d贸lares en 2007. Abandon贸 la compa帽铆a, hoy en manos de Bank of America, tras sufrir las mayores p茅rdidas de su historia, en octubre del a帽o pasado, llev谩ndose 161 millones de d贸lares bajo el brazo.

La constituci贸n de ese modelo de direcci贸n de las grandes compa帽铆as que otorga plenos poderes y remuneraciones desmesuradas a un grupo limitado de ejecutivos, no sujetos a ning煤n control efectivo ni a responsabilidad por su gesti贸n, no es reciente.

Comenz贸 a fraguarse en los a帽os ochenta y noventa, pero se ha consolidado completamente en lo que llevamos de siglo. Los datos no dejan lugar a dudas sobre la desigualdad laboral en la que se mueven estos asalariados de oro: en 1976, la remuneraci贸n media de los m谩ximos ejecutivos de las corporaciones estadounidenses era 36 veces superior al sueldo medio de un trabajador de la empresa; en 1989, era 71 veces, y en 2007, cada directivo recibi贸 275 veces m谩s que la retribuci贸n que sus trabajadores, seg煤n las cifras de The Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy. Este mismo informe revela que entre 1996 y 2006 las retribuciones de los consejeros delegados crecieron un 45%, cuando el sueldo medio del trabajador estadounidense aument贸 s贸lo un 7%.

Lo m谩s sangrante de ese abismo salarial entre gestores y gestionados es que los emolumentos de los directivos poco o nada tienen que ver en muchos casos con los resultados de la empresa que dirigen, a diferencia de lo que ocurre con los trabajadores que, ante la menor dificultad, s贸lo les queda el camino de la moderaci贸n salarial, cuando no directamente del despido.

El consejo de administraci贸n de General Motors acord贸 en marzo pasado elevar el sueldo del presidente de la compa帽铆a automovil铆stica, Rick Wagoner, hasta 2,2 millones de d贸lares, la misma base salarial que ten铆a antes de 2006, cuando se le recort贸 el salario dentro del plan de ajuste de costes que puso en marcha la compa帽铆a. El consejo acord贸 tambi茅n otorgarle bonus y opciones sobre acciones por m谩s de 10 millones de d贸lares, pese a que la firma de Detroit present贸 en 2007 las mayores p茅rdidas de su historia que motivaron un plan de recorte laboral que afect贸 a 74.000 empleados, que se ir谩n a la calle sin bonus ni planes de opciones. A los accionistas no le van mejor las cosas. Los t铆tulos alcanzaron esta semana el nivel de 1950.

En materia de despidos, Wagoner ha superado de lejos a su antecesor en el cargo, Roger Smith, a quien el controvertido director de cine Michael Moore le dedic贸 su documental Roger & me en 1989, cuando cerr贸 la planta de GM de su localidad natal, Flint (Michigan), dejando en el paro a 30.000 trabajadores.

Moore, que a lo largo de toda la filmaci贸n intent贸 sin 茅xito hablar con Smith, tendr铆a a煤n m谩s dif铆cil charlar con Wagoner. La casta superior del neocapitalismo, como los brahmanes indios, no tiene que dar cuentas a nadie: ni periodistas, ni jueces, ni gobiernos, ni accionistas, ni impositores, ni contribuyentes. Para tapar los agujeros que ha causado su desastrosa gesti贸n, los Estados han anunciado planes de inyecci贸n de fondos p煤blicos por m谩s de un bill贸n y medio de euros que, en 煤ltimo t茅rmino, saldr谩n del bolsillo de los contribuyentes.

Pero si alguien piensa que, ante este derrumbe general de la econom铆a, los CEO han entonado el mea culpa y optado por la austeridad, est谩 muy equivocado. Los m谩ximos directivos de AIG se fueron a pasar un fin de semana a Monarch Beach, un exclusivo hotel de California en el que las habitaciones valen 800 euros por noche, para celebrar que el Tesoro estadounidense les hab铆a salvado de la quiebra inyectando 85.000 millones de euros de fondos p煤blicos. Seg煤n se puso de manifiesto esta semana en la Comisi贸n de la C谩mara de Representantes, los ejecutivos de la que fuera la mayor aseguradora estadounidense se gastaron m谩s de 440.000 d贸lares, incluyendo "manicura, tratamientos faciales, pedicuras y masajes", a costa de los contribuyentes. "Es tan b谩sico como el salario, ya que supone recompensar el trabajo", se justific贸 el portavoz de AIG, Nicholas Ashoo.

"S贸lo cuando la marea se retira, sabes qui茅n nadaba desnudo". Warren Buffet, el financiero estadounidense y el m谩s rico del planeta, suele repetir esta frase para describir la ceguera de accionistas y reguladores respecto a los directivos que gobiernan las empresas a su antojo y con total opacidad, de forma que nadie pueda conocer hasta su marcha la verdadera situaci贸n de las cuentas.

El consejo de Washington Mutual, la entidad bancaria que lleg贸 a liderar la concesi贸n de hipotecas en Estados Unidos, modific贸 en febrero los planes de bonos para sus m谩ximos directivos de forma que pudieran cobrar esos pluses sin tener en consideraci贸n el 铆ndice de impagados en el negocio hipotecario del banco cuando 茅ste ya se hab铆a disparado hasta extremos inadmisibles. Dos meses despu茅s, la compa帽铆a era adquirida a precio de saldo por un grupo de fondos de inversi贸n. Los directivos cobraron sus bonos al salir de la empresa, al tiempo que 3.000 empleados eran despedidos. El consejero delegado, Kerry Killinger, aleg贸 que de 2006 a 2007 se hab铆a bajado el sueldo un 21% hasta los 14,4 millones de d贸lares.

Un consuelo escaso para los accionistas que hab铆an visto esfumarse m谩s de un 90% de su inversi贸n y que, pese a sus p茅rdidas, tuvieron que abonar 20 millones de d贸lares al gran Killinger, causante de su ruina, cuando finalmente decidieron echarle en septiembre pasado. Jean-Paul Votron, consejero delegado de Fortis, cobr贸 un 15% m谩s en 2007. Se le premiaba as铆 por la compra de ABN Amro por 72.000 millones de euros. El banco holand茅s result贸 estar infectado por los activos basados en las hipotecas subprime y llev贸 a la quiebra a Fortis, que ha tenido que ser rescatado por los Estados de B茅lgica, Luxemburgo y Holanda.

La comisi贸n de investigaci贸n del Congreso tambi茅n destap贸 que Fuld autoriz贸 pagos de 20 millones de d贸lares a dos directivos de Lehman cuatro d铆as antes de que la firma se declarara en bancarrota.

El experto Graef Cristal, que dirige una revista online dedicada a analizar las compensaciones de los ejecutivos, considera que el fen贸meno de la crisis de las hipotecas subprime o basura se explica en gran parte por el sistema de remuneraciones instaurado por los bancos de inversi贸n estadounidenses a sus ejecutivos, a quienes reparten el 50% de sus beneficios, m谩s que ning煤n otro sector.

Los empleados de los mayores cinco bancos de inversi贸n percibieron 66.000 millones de d贸lares en 2007, de ellos, 39.000 millones en bonus. Esta cifra arroja una retribuci贸n media de 353.089 d贸lares por empleado, seg煤n Bloomberg. Como su sueldo depend铆a directamente de lo que ganara la empresa, hincharon artificialmente las cuentas, comercializando piramidalmente fondos u otros instrumentos financieros respaldados por los ahora llamados activos t贸xicos.

"En Wall Street como en Hollywood, los beneficios tienden a venir en grandes paquetes y todos quieren un trozo. Da igual que se trate de la pel铆cula Caballero Oscuro (la 煤ltima de Batman) o de una gran fusi贸n, quien tiene el poder de llevar a la gente al cine o de cerrar un acuerdo puede ganar lo que quiera", dice Cristal.

Contra esta insultante impunidad se han alzado voces desde el 谩mbito ciudadano y sindical. Curiosamente, la reacci贸n de los dirigentes pol铆ticos ha sido m谩s bien tibia. El presidente George W. Bush, empujado por los congresistas del Partido Republicano que ve铆an peligrar su esca帽o por el clamor popular, se vio forzado a aceptar que los directivos de las firmas rescatadas por su plan de 700.000 millones de euros renunciaran a recibir las indemnizaciones pactadas, propuesta que se incluy贸 en la reforma del plan tras ser rechazado por la C谩mara de Representantes. As铆 ha sucedido en el caso de AIG, o las financieras inmobiliarias Fannie Mae y Freddie Mac, cuyos presidentes cesados no hicieron valer sus cl谩usulas de indemnizaci贸n.

La Oficina Federal de Investigaci贸n (FBI) ha abierto una investigaci贸n en 26 empresas en busca de posibles irregularidades contables. Y en la C谩mara de Representantes se ha constituido una comisi贸n de investigaci贸n por la que est谩n pasando los principales responsables del derrumbe.

En Europa, por el momento, s贸lo meras declaraciones. La canciller alemana Angela Merkel conmin贸 a los directivos de Hypo Real Estate, rescatado de la bancarrota por un grupo de bancos y el Estado, a que respondan con su patrimonio personal. El Gobierno franc茅s oblig贸 a Axel Miller, consejero delegado del banco franco-belga Dexia, a renunciar a la indemnizaci贸n de m谩s de tres millones de euros que le correspond铆an seg煤n su contrato por dejar ese cargo. El presidente franc茅s, Nicolas Sarkozy, puso como primera condici贸n para participar en el rescate de la entidad financiera que ninguno de los directivos recibiera indemnizaciones extraordinarias.

Fuera de declaraciones admonitorias y la moralina para electores, ning煤n pa铆s ha anunciado cambios en la legislaci贸n para limitar los sueldos de los directivos o definir mejor sus responsabilidades en caso de quiebra.

Todos los intentos por limitar los emolumentos de los ejecutivos han resultado en vano. A mediados de los ochenta, hubo una fiebre de fusiones. Los reguladores advirtieron que muchas de esas operaciones no respond铆an a ninguna estrategia empresarial sino a las indemnizaciones que recib铆an los directivos que cerraban los acuerdos. Por eso, impusieron en Estados Unidos un impuesto sobre todas las indemnizaciones que excedieran tres veces el salario anual de los directivos. La 煤nica consecuencia fue que los ejecutivos cerraron cl谩usulas para que las compa帽铆as se hicieran cargo de esa tasa. En 1992, la Securities Exchange Commission (SEC), que vigila los mercados burs谩tiles en Estados Unidos, oblig贸 a las empresas a informar de los emolumentos de sus directivos. No s贸lo no se avergonzaron de revelar sus ganancias anuales, sino que las han multiplicado por cuatro.

Un a帽o despu茅s se intent贸 poner coto a los sueldos estratosf茅ricos, limitando las deducciones fiscales a un mill贸n de d贸lares. Se hizo una excepci贸n para las recompensas no dinerarias. Como consecuencia se dispararon las remuneraciones en opciones sobre acciones. Y ya se ha convertido en una moda entre los presidentes de las corporaciones ganar un d贸lar al a帽o. Los presidentes de

Yahoo!, Apple y Google est谩n en ese club. En 2006, ganaron s贸lo un d贸lar como salario base. 隆Y millones de d贸lares en opciones y bonos!

Los gobiernos piden sacrificios a ahorradores, accionistas y trabajadores para salir al rescate de bancos y aseguradoras a costa de miles de millones de las arcas p煤blicas. Y los culpables de este saqueo no s贸lo no son reclamados por la justicia, sino generosamente recompensados. Es como si a los asaltantes del tren de Glasgow les estuviera esperando el jefe de Scotland Yard en la estaci贸n de Londres para colgarles una medalla. Su bot铆n fue de 60 millones de euros (al cambio actual) y se le llam贸 el robo del siglo. 驴C贸mo llamaremos a las haza帽as de los villanos de Wall Street?

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Paulson, uno de los nuestros

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, es, hoy por hoy, lo m谩s parecido a un mes铆as. Le han encomendado salvar el sistema capitalista mediante un plan de inyecci贸n de fondos por 700.000 millones de d贸lares, medio bill贸n de euros, es decir, la mitad del producto interior espa帽ol. Debe limpiar unas entidades que conoce a la perfecci贸n puesto que en 2006, cuando fue fichado por George W. Bush para dirigir el Tesoro, era presidente de Goldman Sachs, el banco de inversi贸n donde desarroll贸 su carrera durante 40 a帽os.

Cuando dej贸 la firma, Paulson atesoraba una fortuna de alrededor de 500 millones de d贸lares, fundamentalmente en acciones, que vendi贸 con fuertes plusval铆as. Como secretario del Tesoro, ha tenido que adoptar medidas como el rescate de AIG o Fannie, pero no quiso intervenir en favor de sus antiguos competidores como Bear Stearns o Lehman Brothers, comprados por otras entidades bancarias.

Ahora no le va a quedar m谩s remedio que administrar las firmas donde trabajan sus colegas. De hecho, el equipo encargado de gestionar esos fondos estar谩 integrado sobre todo por ejecutivos de Wall Street, incluyendo los de Goldman. Y es que, Paulson, aunque quiera salvar los ahorros del norteamericano medio, no deja de ser uno de los suyos. -

EL PAIS

 

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