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Responsabilidades/Irresponsabilidades



La semana pasada se celebró, como cada año, la cena de homenaje a aquellos empleados y empleadas que se jubilan. La fiesta, sin embargo, nos proporcionó una sorpresa desagradable: nuestro Director General se quiso erigir en protagonista de la misma. Por eso, nos obsequió a los asistentes con un discurso que no tocaba.

Después de hacer una introducción corta (apenas cinco minutos) dedicada a aquellos que se jubilaban (únicos y verdaderos protagonistas), nuestro D.G. sacó con parsimonia un haz de papeles que traía en el bolsillo de su americana y, después de advertirnos que ahora hablaría de otro tema, empezó a sermonearnos. Más de cuarenta minutos nos tuvo nuestro D.G. diseccionándonos la realidad de crisis que vive el mercado y que afecta, y de qué manera, a nuestra Entidad, y nos amargó los postres. Gracias.

Uno por uno fue desgranando aspectos de nuestro trabajo para analizarlos detenidamente,  advirtiéndonos sobre los mismos. Así, repasó los préstamos (concesiones, morosidades, garantías), los descubiertos (la manera como se enfocaban, los informes que se hacían de ellos), el descuento, el pasivo, las tarjetas, etc.
Sin entrar a fondo en todos y cada uno de los aspectos antes señalados, lo que sí nos gustaría es detenernos en un par de cuestiones que sí que nos preocupan, y mucho.

En primer lugar, y como cuestión más importante, queremos hablar sobre las previsiones de final de año, los presupuestos y los objetivos. Nuestro D.G. reconoció que las previsiones que se habían hecho a principios de año para este 2007 no se cumplirían. Dijo que, sobre todo a partir del mes de septiembre, las cosas habían empeorado, y, a pesar de que la cuenta de resultados seguramente no se vería afectada, era obvio que no creceríamos lo que se pensaba. Cargó la culpa, en parte, al mercado inmobiliario, que según él, había entrado en crisis, pero también “acusó” a algunos delegados y delegadas y Jefes de Zona de no haber hecho las cosas del todo bien, y de pasada, muy sutilmente desautorizó a su propia Dirección. Pero de esto ya hablaremos más adelante.

Desde Comisiones Obreras entendemos que las previsiones, son eso, previsiones, y no verdades absolutas, y, por lo tanto, a veces se cumplen y a veces no, simple, pero real.

Pero sobre estas previsiones, sobre estos presupuestos, la Dirección marcó unos objetivos por los que todos y todas hemos estado luchando a lo largo del año. Ahora, por falta de materia prima (no hay dinero para hacer préstamos) muchos de nosotros no podremos continuar trabajando en las mismas condiciones, y por lo tanto, no podremos conseguir, en muchos casos, llegar hasta donde teníamos previsto. ¿Culpa nuestra?, no, por descontado. ¿Culpa del mercado, como dice nuestro D.G.?, seguramente, no del todo. Entonces, ¿qué haremos? ¿Qué hará la Caixa? ¿Cómo arreglará todo esto?

Porque lo que no es de recibo para Comisiones, es que ahora que las cosas pintan mal, los platos rotos los paguen los empleados y empleadas.

Porque Comisiones Obreras quiere que la Dirección sea justa, y nos trate con equidad. Por eso le hemos pedido a la Dirección que revise las previsiones, que ajuste los presupuestos al crecimiento real, y que por lo tanto revise los objetivos de las oficinas y departamentos, no sea que todo el esfuerzo se vaya al garete, y los empleados y empleadas de esta Institución se queden sin el premio a su esfuerzo.

Desde Comisiones le pedimos a la Dirección que aquellas operaciones aprobadas y congeladas (hasta no se sabe qué fecha) se tengan en cuenta de cara a la consecución de los objetivos.

Desde Comisiones le pedimos a la Dirección que tenga en cuenta, de cara al año próximo las previsiones de crecimiento que se esperan (y que según nuestro D.G. no serán muy buenas) y adecue los presupuestos del año 2008 a la realidad probable.

Desde Comisiones le pedimos a la Dirección que, en este momento en que pintan bastos, estimule a su personal de verdad, y no se dedique a presionar todavía más a los sufridos empleados y empleadas que ya padecen bastante las carencias de nuestra Entidad.

Entendemos que es un momento delicado (y quizás todavía lo será más) y que, por responsabilidad, le toca a la Dirección enderezar el rumbo de la nave, teniendo en cuenta que la tripulación empieza a estar agotada por tanta inoperancia, y que lo que menos necesita ahora son latigazos para remar a contracorriente, sin verse compensada por tanto esfuerzo.

Decíamos que en el discurso/sermón de nuestro D.G. dos cosas nos habían preocupado, y mucho. De la segunda, hablaremos a continuación.

Nos referimos al tema de las responsabilidades. Estupefactos nos quedamos, cuando, entre otras cosas, nuestro D.G. reconoció que algunas operaciones (crediticias) no se tenían que haber aprobado. O cuando, por ejemplo, afirmó que estaba cancelando tarjetas (¡ÉL!), o cuando dijo que estaba repasando informes de descubiertos, de morosidades, etc. No nos sorprendió, en cambio, cuando indicó que la bondad, en algunos casos, la inexperiencia en otros, o la simple dejadez, habían sido la causa de muchas operaciones fallidas, acusando, pues, a delegados y delegadas, Jefes de Zona y de Departamento, de ser los responsables. Todos ellos, más el mercado, eran, según nuestro D.G. la causa fundamental de la crisis que ya estaba llamando a las puertas de Caixa Laietana.

De manera implícita, no obstante, también dejó señalada a su Dirección (es decir, a la estructura de mando que él mismo ha montado), y es que, si ahora el D.G. reconoce que algunas operaciones no se tenían que haber aprobado (¿dónde estaba él?), si se ha arremangado y ha cogido el toro por los cuernos, si está haciendo cosas que no le corresponden (como cancelar tarjetas, repasar todos los expedientes, los descubiertos, etc.) es que desautoriza el trabajo llevado a cabo por sus Altos Directivos. ¿O no?

Ahora bien, de autocrítica, nada de nada. Y nosotros nos preguntamos, después de haberle escuchado aquella noche de infausto recuerdo Señor Director General, ¿qué hacía usted mientras sus Altos Directivos le desmontaban el pesebre? ¿Quizás había dejado de ejercer el estricto control que hasta ahora ejercía para dedicarse a otras cosillas? ¿O es que quizás ya estaba pensando en su jubilación?

Porque, Señor Director General, ¿usted tendrá alguna responsabilidad en esta situación, no? Porque, si bien es cierto, que la situación no pinta del todo bien para el conjunto del mercado financiero en general, no es menos cierto que a nosotros nos coge muy mal. La morosidad, de la que usted habló la noche de autos, es muy alta en C. Laietana, y se prevé que continúe subiendo, y a pesar de que tenemos buenas reservas para hacer frente y que podemos echar mano de recursos propios, la verdad es que comparándonos con nuestro entorno los números se disparan en contra nuestra. Y, como usted dijo, “no sé cuánto durará la cosa”

Hace tiempo que lo venimos denunciando todos los que nos miramos esto con cierta claridad de ideas: las cosas no se están haciendo bien en ésta, nuestra casa. Hace tiempo que se veía venir, pero nadie ha puesto remedio, y ahora nos vemos en una situación delicada. Y usted tiene la máxima responsabilidad, no lo olvide.

No entraremos en temas como las tasaciones, ni en el tipo de cliente con el que hemos acabado trabajando, ni en las condiciones precarias en las que trabajamos, sin medios adecuados, ni hablaremos de la desorganización reinante, ni en el desbarajuste de según qué departamentos, ni en la carencia de personal, ni en la incapacidad de según qué Jefes (Altos Jefes), ni de los presupuestos inflados, ni...... porque no acabaríamos nunca, pero lo que sí le queremos decir es que usted hace tiempo que no está, que usted se equivoca, como todo el mundo, que de sabios es rectificar (aunque a usted esto quizás le pille un pelín tarde), y que se tiene que enderezar el rumbo, por el bien de todos, y que, finalmente, se tienen que asumir responsabilidades en función del cargo que cada cual ocupa.

Ahora que llega la Navidad, ¡ojalá! que los reyes o Papá Noël, sean generosos con quienes nos mandan y les traigan un poco de cordura, racionalidad, buen criterio, ecuanimidad, capacidad, en fin, virtudes de las que van un poco mermados.